¿Qué tenía un feo como Lucien Ginsburg (alias Serge Gainsbourg) para quedarse con las guapas? Mucho arte, que diría un flamenco. De su brazo colgó hasta Brigitte Bardot, a quien dedicó 'Initials BB'. La rubia declinó protagonizar la tórrida 'Je t'aime... moi non plus', retomada por la más descarada británica Jane Birkin. La canción ofendió al Vaticano, fue prohibida en España y llegó al número uno en sitios más normales.
Jane y Serge tuvieron una hija: Charlotte. Papá era artista de choque, no se cortaba un pelo y hasta protagonizó una película incestuosa con su propio retoño. Después, Charlotte se labró una personal vida como actriz y cantante.
Años más tarde, 'Gainsbarre' tuvo otra relación: la modelo oriental Bambou (Caroline Paulus), nieta del notable militar nazi Friedrich Paulus. De aquel amor nació un hijo a quien pusieron el nombre de su progenitor, Lucien, y que es conocido por Lulu. El pequeño disfrutó poco de su papá porque murió cuando era un niño. Le quedaron como bagaje afectivo unos intensos años en los que su padre le paseó por escenarios y platós televisivos (eran otros tiempos, no se ocultaba tanto a los hijos de famosos). E incluso una canción para él y con su nombre.
Se sabía de su existencia, pero más como hijo del desaparecido genio y de la guapa modelo que por si mismo. Dice que se instaló en USA para que nadie le tratara con el apellido Gainsbourg grabado en la frente. A sus 23 años, ha regresado de aquel anonimato por todo lo alto.
Con un físico que recuerda mucho a un Johnny Depp que, vaya casualidad, acaba de romper su relación con Francia (la pareja de Vanessa Paradis ha dicho «querían un trozo de mí, que me convirtiera en residente permanente, querían... la pasta. No estoy dispuesto a abandonar mi ciudadanía americana»), Lulu vuelve de las Américas con un proyecto ad hoc: 'From Gainsbourg to Lulu', disco colectivo en homenaje a su padre.
Pianista desde crío, dice haberse sacudido los miedos a ser siempre comparado con su padre y ha rejuntado en el disco de versiones a apellidos de altura como los citados Depp-Paradis, Marianne Faithfull, Rufus Wainwright o Iggy Pop. Y si papá compartió las sensualidades de la canción 'Bonnie and Clyde' con la Bardot, el hijo no iba a ser menos y ha invitado a coprotagonizar esa composición a la insinuante Scarlett Johansson. Parece seguro que, sea en el cielo o en el infierno, el viejo Serge estará mitad orgulloso mitad envidioso de cómo se lo monta su vástago.