Crece cada año, con mesura y buen tino y se ha convertido en uno de los actos propios más agradables del Carnaval irundarra. La comparsa de iñudes y artzaias, organizada por Eraiki Dantza Tadea, pueda enumerar muchas virtudes. Entre ellas, precisamente, que la organiza un grupo de dantza que congrega más de un centenar de dantzaris vestidos de pastores y nodrizas, que no sólo bailan durante el recorrido, sino que en cada una de las paradas programadas, dan un diminuto recital. Ellos llevan los preceptivos palos y ellas se acompañan de bebés, y las hay tan jovencitas que si no fuera porque todo esto es una parodia, estarían más cerca de ir en brazos de la nodriza que de serlo.
Otra de las ventajas del espectáculo es el día y la hora ya que el domingo a mediodía se aprovecha como momento de esparcimiento general en el que la gente sale a tomar el aperitivo y a compartir unos minutos con familia y amigos. Es un público agradecido al paso de esta comparsa, que recorre, además, las zonas propias del alterne mañanero de fin de semana en el centro de Irun.
Y también hay que tener presente el buen gusto y el ánimo por el detalle. Alguaciles para abrir la comitiva y todo el elenco de personajes que ambientan el encuentro anual de pastores y nodrizas. Al párroco del pueblo, que bendice a distro y siniestro en su caminar por las calles, le acompañan otros dos sacerdotes, una escolta de ángeles y unos cuantos monaguillos que, pese a intetar esconderlo, seguro que pasaban de los 40... Les siguen las monjas y los doctores, atentos a la buena salud del grupo. Hay panadero, barquillero y vendedores de golosinas. Hasta el cartero, en bici, participa junto al resto de sus vecinos. Porque a la convocatoria de Eraiki se apunta 'todo el pueblo'.
Están los señores y las señoras de la 'high class' de la época, con sus antiguos y preciosos carros de niños. Y no por estar de luto se pierde el evento la señora del difunto Gelbenzu, charlatana como siempre en el corro de amigas, mientras los maridos, tocados con sombrero de copa, caminan por detrás consumiendo algún puro de pega y hablando, qué se yo, quizá de la crisis o la reforma laboral, tan serios ellos. Aparece una cuadrilla de jugadores de cestapunta y por supuesto que no falta el alcalde ni una representación profusa de su Corporación. Un carrito en el que se lee Ayuntamiento de Behobia hace dudar sobre el origen de toda esta gente.
Para el acompañamiento musical dos txarangas elegantes. Jostailu, que luce imponente con sus huestes en rojo y con txapela negra calada; Gauerdi, con esa finura musical que le caracteriza en cualquier evento, ya sea éste o una comida de cuadrillas.
Y por si fuera poco, el jueves, zanpantzar. Don carnal ya está aquí.