Hijo de José, que le inoculó el delicioso veneno del Cine, la Literatura y el Arte, y de Sorkunde, que se empleó a fondo para que pudiera licenciarse en Barcelona, en el Instituto Superior de Diseño como técnico y director de imagen de síntesis, Beñat es igualmente uno (el otro es Joxe Portela) de los orgullosos productores de ‘Papá, soy una zombie’, película ganadora en Gijón por aclamación de sus espectadores más jóvenes, estrenada el viernes en nuestras salas y presente en el Mercado del Film de Berlín, donde también fue deseada por su festival juvenil, Generation que no ha podido programarla por haber triunfado en 2011 en Asturias. Por cierto, Beñat, que comentó tarde tras tarde la peli con su público en el teatro Jovellanos manda un recuerdo al director de FicXixón, Cienfuegos, destituido por el Ayuntamiento gijonés.
– Espera, explica eso del terror que uno experimenta si su película se estrena en el Velódromo.
– Me pasó, nos pasó, con la primera película que producimos en Digital Dreams Films, aunque el peso lo asumiera realmente Acció. Se titulaba ‘Cher ami’. La dirigió un grande, tan grande que ha trabajo en Disney dibujando al Pato Donald: Miquel Pujol. Se estrenó en el Zinemaldi en la que, lo sabes pero no tienes ni idea de lo que eso significa, es la mayor pantalla del mundo: 400 metros cuadrados. Y tienes delante al que es el público más auténtico y más directo: los niños. Los adultos hemos pasado por miles de mutaciones sentimentales y educacionales pero ellos no: si no les gusta te la arman. Y nosotros, de esos espectadores teníamos exactamente 3.000, es decir, 6.000 ojos. La sensación era de un franco terror. La emoción nos sobrepasaba pero el miedo era brutal. Sobre todo porque llevábamos meses viendo solo ‘retakes’.
– No creo saber lo que es ‘retake’.
– Las tomas que han salido mal en una producción animada. Te pasas días, meses retocándolas, cambiándolas. Al final, de tu trabajo solo recuerdas lo que ha salido mal y con el pavor del estreno piensas que es eso lo que va a ver la gente.
– No pasó en 2009 en el Velódromo ni con la niña zombie en Gijón pero qué dos aventuras ¿eh, vagabundo? Por cierto, ¿a qué viene esa auto definición tuya de vagabundo digital?
– Me gusta. Quizás porque anduve mucho tiempo buscando migajas digitales de imágenes de síntesis. Porque devorábamos cualquier pedazo de animación en 3D. Por lo que significa ‘vagabundo’: no es un pordiosero sino alguien que anda por los mundos. ‘Vagabundo’ resulta diametral y vitalmente opuesto a ‘funcionario digital’, algo que nunca he sido ni seré jamás.
– Antes de entrar en las tres dimensiones más la cuarta y la quinta, dime: ¿por qué elegiste Barcelona para crear y vivir la aventura de Digital Dreams Films?
– Acaso podría haber sido también Madrid. Pero no, yo no sabría ni podría vivir lejos del mar. Además, Barcelona era y aún es la ciudad del diseño. ¿Más motivos? También estoy aquí por Gaudí. Y por el Modernismo. Me apasionan.
– Explícame ahora lo que significa realmente 3D.
– Algo que tiene poco que ver con el cine esteroscópico que vemos en salas; lo único que éste hace es mandar imágenes distintas a cada uno de nuestros ojos para que tengamos conciencia de un plano de profundidad. Y eso se logra jugando con la distancia que separa nuestros ojos en nuestro rostro. Se parece de alguna manera a lo que se ha conseguido con el sonido: hoy los filmes se oyen en todos los planos y dimensiones de sus sonidos.
– Ummm. ¿Qué tienen que ver en lo que nos cuentas las letras, XYZ?
– Muchísimo. Representan las tres dimensiones: altura, anchura, profundidad. Pero no olvides que hay una cuarta. Y una quinta.
– Que serían...
– Dos realidades verdaderamente cruciales para que te sientas atrapado por un filme: el paso del tiempo (si no existiera, todo se quedaría reducido a una foto fija) y el sonido, que en una obra de animación se ha de crear de la nada porque, claro, un dibujo no produce ningún ruido y los diseñadores han de crear hasta el del roce de los tejidos.
– Fantástico, misterioso.
– Mundos más que tridimensionales por los que vagas fascinado.