Nunca le quisieron. Ni siquiera les gustaba pero le votaron en defensa propia. Zapatero fue elegido secretario general en el 35 Congreso del PSOE porque el 'poder' no quiso que fuera Bono quien sucediera a Felipe González. De hecho, puede considerarse que todo su liderazgo ha sido un mero accidente. El 'poder' fáctico del PSOE no tuvo más remedio que elegir al diputado leonés, que tanta ilusión despertaba entre los más jóvenes, para salvar la situación, tras dos intentos fallidos de cerrar la sucesión de 'dios'. Como casi nadie, felipistas y guerristas no contaban con el ascenso fulgurante del joven político y la 'baraka' que le permitió llegar al poder en una sola legislatura. En realidad, Zapatero se convirtió en presidente también por casualidad.
En el Gobierno, el socialista del 'talante' resultó ser tan genial como peligroso. Se atrevió a abrir nuevos cauces a la política y allanar caminos hasta entonces intransitables. Pero, igualmente, mostró un coraje cercano a la irresponsabilidad y solo comparable a su torpeza. Felipe González jamás hubiera retirado las tropas de Irak de forma tan intempestiva y, mucho menos, habría hecho proselitismo ante los líderes del mundo. Como ZP hizo en Argelia. Los atlantistas del 'poder' se escandalizaron por ello, pero tuvieron que asumir que corrían nuevos tiempos e intentaron quitar hierro al asunto ante sus amigos americanos. La ruptura de otros consensos constitucionales causaron mucha incomodidad a los guardianes de las esencias del PSOE. Nada que objetar al cabreo porque, en los 70, ellos hicieron el sacrificio de despojarse de su marxismo para asumir el protagonismo de una Transición, que ahora resultaba denostada por el zapaterismo. A cada paso que daba el líder del PSOE, mermaba su prestigio a los ojos de sus mayores. Algunos políticos socialistas de larga trayectoria perdieron el pudor y optaron por mostrar en público sus discrepancias. Pero fue la reforma del 'estatut' lo que colmó la paciencia del 'poder', que sentenció el relevo del liderazgo experimental del principiante. El tsunami de la crisis económica fue la ocasión propicia. Consiguieron su retirada pacífica y su sustitución por uno de los del club. Chacón se cruzó en su camino, y les duró un suspiro. Las elecciones les dieron un revolcón histórico con la fuga de millones de votantes, y le echaron la culpa a Zapatero. «Había convertido al PSOE en un partido radical, como los italianos, y nosotros somos socialdemócratas europeos, pactistas y moderados», argumentaron. La exministra catalana se resistió más de lo previsto y tuvieron que emplearse a fondo. Hasta Felipe González salió a campo abierto en defensa de su candidato. Han vuelto a tomar las riendas pero aún no han dicho para qué. Por el momento, sigue sin haber ni oposición ni discurso y mucho menos, alternativa.