El secreto, quizás, esté en las mandarinas. En los 35 kilos que se meten en el cuerpo los 40 empleados de la firma eyeOS a la semana. La fundó un chaval de 17 años, harto de subir una cuesta empinada cada vez que se olvidaba algún archivo en casa y lo necesitaba para computar en el piso de un amigo que vivía en la otra punta de la pendiente. Pau García-Milá se inventó un sistema operativo que se aloja en internet, de manera que la información puede almacenarse en un sitio al que se accede desde cualquier ordenador. Lo han comprado empresas como Telefónica o IBM y está presente en 71 países. Ya es el mayor proyecto de software libre creado en España.
Pau ha cumplido los 24, está a punto de publicar su segundo libro y ha impulsado la red social Bananity, con el apoyo de Buenafuente, donde la gente escribe lo que ama y odia. Una carrera fulminante, rebosante de entusiasmo, autoconfianza y pasión. El 98,98% de su tiempo lo dedica a eyeOS; el resto, a decir cosas como estas: «Si algo he aprendido es que el éxito es efímero y acaba justo cuando te lo empiezas a creer. Si tengo que mencionar un valor eterno es la perseverancia. Hay que tenerla para mantener las ganas de comerte el mundo, porque superar la mediocridad y buscar la excelencia es cosa de cada uno».
Habla rápido, pero se le entiende bien cuando filosofa de la crisis y del pesimismo que nos invade hasta el último poro. «A los políticos no les tiene que dejar dormir la recesión y a los emprendedores les tiene que motivar hasta la muerte. Dado que a mí me gusta crear estoy motivadísimo porque esto es una oportunidad gigante para cambiarlo todo, la manera de funcionar de siempre».
Para el que lea esto y tenga un pie o los dos en la fila del Inem ofrece una receta en tres dosis: «Empezar algo, creer que pese a ser españoles podemos hacer cosas y perseverancia». Su empresa facturará este año cerca de 3 millones de euros. «Tampoco me parece tanto, comparado con el resto de la gente que aparece en este suplemento con ideas increíbles. Al final, todo esto se puede resumir en que es fácil convertir una idea en un proyecto. Mientras no haya una guerra y nos maten a todos, siempre habrá espacio para innovar». Sin olvidar las mandarinas: «La mejor manera de motivar es no desmotivar, y con pequeños gestos todos trabajamos mejor».