Presidencia del Gobierno anunció el jueves que el próximo martes habrá en Moncloa un 'desayuno urgente' entre Mariano Rajoy y Rafael Nadal para tratar sobre la campaña orquestada contra la honorabilidad del deporte patrio. Desde la originalidad de convocar un 'desayuno urgente' con cinco días de antelación, hasta la movilización de las más altas instancias del Estado a cuenta de unos muñecotes, todo cae en la caricatura de la caricatura: los franceses pican con el 'guignol', que es invento suyo, y desde aquí se les responde en clave de astracán, género típicamente castizo. Y encima con la que está cayendo...
Ciertamente el tema habría que tomarlo en serio si España fuese diana de un «ataque xenófobo», como ha asegurado el ministro Wert. La duda razonable es si su excelentísimo conoce el significado de tal palabra. Sospecho que no, pues en tal caso no la hubiera empleado. «Xenofobia: odio, repugnancia u hostilidad hacia los extranjeros». La torpeza del ministro es indicio de cómo andamos en el reino de Educación y Cultura.
Rajoy va a desayunar con Nadal sin croissants ni tortilla francesa, pero al alba y con tiempo duro de Levante como corresponde a una operación a lo isla Perejil, aquel aprisco de cabras que Aznar convirtió en la nueva Covadonga caldeando el ambiente para la guerra de Irak. Vemos en marcha otro Perejil, este de tipo mediático, para la cohesión nacional frente al látex gabacho. Porque sin 'perejil' no se entiende el desayuno urgente del gallego cuando aún no ha tenido tiempo para verse con el nuevo líder de la oposición y analizar la reforma laboral, los millones de parados, la pavorosa emigración de titulados, los últimos azotes judiciales o la lacra de la corrupción sin penitencia ni castigo.
En un país donde el deporte es religión y hasta la Virgen del Pilar dice que no quiere ser francesa sino que quiere ser capitana de la 'Armada Invencible' o de 'La Roja', urge un o muchos desayunos para deshacer la madeja de sospechas. ¿Es casualidad que el solomillo diabólico que ingirió Contador apareciera precisamente en Irun, a dos pasos de la frontera? ¿No habrá sido Iñaki Urdangarin, Gran Cruz de la Real Orden del Mérito Deportivo, víctima de un montaje para desprestigio de 'la Marca España', que es como decir la España del Marca?
¿Y es por azar que esto coincida en el tiempo con las dramáticas revelaciones de Arantxa Sánchez Vicario, nuestra Teresa Cabarrús de la revolución de 1989 sobre la arena de Roland Garros? Hay quien se pregunta si sus padres no serán conversos camuflados: 'Sanschaise Vicaire'. Porque solo unos franceses pueden ser tan roñas.
Demasiadas sombras, demasiadas envidias. Desayunemos fuerte y con urgencia. Desayunemos olímpicamente.