Debajo del Irán sombrío y atormentado que se adivina en las crónicas cada vez más alarmantes de los telediarios late un Irán bullicioso, alegre y vocinglero, un Irán con una vitalidad contagiosa, que apura cada día como si fuese el último y que se sobrepone una y otra vez a la adversidad aplicando el muy sabio precepto de 'al mal tiempo buena cara'. Los iraníes tienen razones para estar preocupados: la amenaza de un ataque israelí para frenar su programa de armamento nuclear cobra cada día mayor verosimilitud y su economía está a punto de quedarse sin pulso debido a las sanciones impuestas por el bloque occidental. Puede que una situación así paralizase a los habitantes de cualquier otro país, pero los iraníes, herederos al fin y al cabo de los antiguos aqueménidas, tienen muy presente lo del 'carpe diem' y hacen lo que pueden para ponerlo en práctica.
Acostumbrados a los fogonazos que nos muestran una república islámica poblada de arrogantes clérigos barbudos, ejecuciones públicas, pozos de petróleo en medio de la nada y mujeres obligadas a mantener cubierta su cabeza, sorprende averiguar que Irán, por ejemplo, tiene sus propias islas Canarias. En realidad se trata de una sola isla, la de Kish, en el sur del país, pero desempeña un papel muy parecido al de nuestro archipiélago. En Kish, que es donde está tomada la foto que preside esta doble página, disfrutan de una temperatura semitropical que atrae en invierno a miles de iraníes que huyen de los rigores de una climatología que mantiene la parte norte del país literalmente congelada. Pero no es solo el clima el que hace que la isla se llene de visitantes; Kish es territorio libre de impuestos, 'duty free' en lenguaje internacional (igual que las Canarias desde hace ya unos cuantos años), y los turistas aprovechan la visita para surtirse de productos que en el continente resultan bastante más caros.
Trapicheo de dólares
Que la palabra bazar sea de origen persa dice mucho de la habilidad para el comercio de los iraníes. En las calles de Teherán se puede comprar de todo, aunque últimamente lo que más se demanda son dólares. La población busca la seguridad de la moneda americana ante una inflación que somete al rial a una cura de adelgazamiento intensiva: por un dólar, que antes se cambiaba a 70 riales, se pagan hoy 17.000. La picaresca manda y el negocio consiste en comprar dólares en los bancos y venderlos al cabo de un tiempo a la cotización de la calle. Dado que la devaluación ronda el 50% anual -el 20% según fuentes oficiales-, cada vez son más los que se dedican al trapicheo pese a la prohibición de las autoridades.
Irán es joven: dos terceras partes de su población -unos 78 millones de habitantes- tienen menos de 25 años. Internet arrasa y la prueba de ello es que es el cuarto país con más blogueros del mundo. El régimen se siente cada vez más amenazado y se plantea poner en marcha una red paralela que alejaría a los jóvenes de la 'contaminación' occidental. De momento es solo una idea, aunque las cosas podrían cambiar en función del resultado de las próximas elecciones.
Pero agobiarse por el futuro es una actitud más propia de los occidentales. Los iraníes viven al día y en Teherán interesan más las últimas noticias sobre las estrellas del Persépolis, el principal equipo de fútbol de la capital, que los rumores sobre los asesinatos de científicos del programa nuclear atribuidos al Mossad, el servicio secreto israelí. Y los que pueden cogen los esquís y se van a Tochal, una enorme estación de invierno -la quinta del mundo- a la que se accede desde un telecabina que se toma directamente al norte de Teherán.