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El Hospital Donostia consigue su récord de cirugías de obesidad mórbida

SALUD

El Hospital Donostia consigue su récord de cirugías de obesidad mórbida

El uso de laparoscopia aumenta un 50% las operaciones hasta las 54 del año pasado. La mitad de los 8.000 jóvenes y adultos que padecen obesidad grave o mórbida en Gipuzkoa tendrían indicación quirúrgica

12.02.12 - 02:05 -
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Es un problema sanitario de primera magnitud. Y va en aumento. Los hábitos de vida actuales, más sedentarios y menos saludables, hacen que cada vez más personas sufran problemas de obesidad. En los casos más graves, estos enfermos viven auténticos dramas. No en vano, vivir con un cuerpo que soporta 150 kilos conlleva infinidad de limitaciones físicas. Por no hablar de los problemas de tipo psicosocial asociados, que van desde la dificultad de encontrar un empleo hasta apenas relacionarse con otras personas.
La principal salida para los enfermos de obesidad mórbida es la cirugía. Todo lo que no sea pasar por el quirófano fracasa en el 95% de los pacientes con este tipo de sobrepeso. En Gipuzkoa, el Hospital Universitario Donostia, único centro público que practica estas intervenciones, llevó a cabo el año pasado 54 operaciones de este tipo -la mayoría 'by-pass' gástrico- . «Se trata de una cifra récord en la historia del hospital», afirman José Ignacio Asensio y Santiago Larburu, cirujanos del hospital y principales culpables de estas .
El uso de técnicas de cirugía laparoscópica -menos invasiva y que agiliza la intervención- desde hace dos años, ha permitido pasar de las 35 intervenciones de media que se llevaban a cabo en los últimos tres años a las 54 de 2011. La intervención es exitosa en más del 90% de los pacientes. Además de perder más del 50% del exceso de peso, mejora su calidad de vida.
Pero la lista de espera es larga y queda mucho por hacer. «Si calculamos que hay más de 8.000 guipuzcoanos de entre 20 y 64 años con obesidad grave y mórbida, habría más de 4.000 con indicación quirúrgica, lo que es del todo inabarcable y desborda cualquier sistema sanitario», asegura José María Enríquez-Navascués, jefe del Servicio de Cirugía General y Digestiva del Hospital Universitario Donostia.
Enfermedad progresiva
Un persona padece obesidad grave cuando su índice de masa corporal (IMC) es mayor de 35 y mórbida cuando es igual o superior a 40. En el último supuesto, se trataría de pacientes con un exceso de peso de 45 kilogramos o con un sobrepeso del 100%, respecto del peso ideal.
Pero el de la obesidad grave y mórbida «no es solo un problema estético». Se trata de una «enfermedad progresiva, costosa, que acorta la vida de estos pacientes respecto a ciudadanos de la misma edad y peso adecuado», asegura el jefe de Cirugía. No en vano, este tipo de pacientes tienen un elevado riesgo de desarrollar el llamado síndrome metabólico (diabetes tipo II, hiperlipemia, hipertensión y arteroesclerosis) y causar otras múltiples patologías, como enfermedades cardiovasculares, apnea del sueño, insuficiencia respiratoria...
Se calcula que en Gipuzkoa el 40% de la población adulta tiene sobrepeso, el 15% obesidad leve, el 1,5% grave y el 0,5% mórbida. Y lo que es más grave. «En los últimos 20 años, la incidencia de obesidad infantil se ha triplicado», añade Enríquez-Navascués. En la actualidad, un tercio de los niños vascos tiene sobrepeso o están obesos. «Y esto es grave, ya que un niño gordo se convertirá, con toda probabilidad, en un adulto enfermo de obesidad, por mero efecto de celularidad», asegura el experto.
Desgraciadamente, cuando se llega al extremo de la obesidad mórbida, el tratamiento más indicado es la cirugía. «Las opciones no quirúrgicas fracasan en el 95% de los pacientes que han llegado al estado de obesidad mórbilidad», explica el cirujano.
Eso sí, la cirugía de la obesidad mórbida tiene sus riesgos por el tipo de paciente que se trata. De forma general, los candidatos a someterse a una de estas intervenciones tienen entre 16 y 60 años, un IMC superior a 40 o un exceso de peso de más de 45 kilos o del 100% del peso ideal, mantenido durante más de 5 años. Asimismo, también puede ser candidato un paciente con un IMC superior a 35, si tiene enfermedades asociadas. En todos los casos, se requiere un estado psicológico adecuado, ausencia de adicciones y de enfermedades endocrinas que justifiquen la obesidad. Por este motivo, antes de la intervención, el paciente se evalúa por un equipo multidisciplinar (psiquiatras, nutricionista, endocrinólogos...)
En el Hospital Universitario Donostia, es la sección de Cirugía Esofagástrica la encargada de realizar estas intervenciones. Allí se llevan acabo principalmente dos tipos de intervención por laparoscopia: la llamada 'sleeve gastrectomy', anglicismo que significa la extirpación de la curvadura mayor del estómago; y el 'bypass gástrico', la más practicada en el mundo, aunque con mayor riesgo que el 'sleeve'. Consiste en crear un pequeño reservorio con el estómago y un cortocircuito que provoca que el contenido de la comida no pase por los primeros centímetros del intestino delgado, lo que hace que se absorba menos grasa.
A pesar de que ambas técnicas buscan la reducción de peso con mecanismos puramente anatómicos -restringiendo la cantidad de ingesta al disminuir el tamaño del estómago o evitando al absorción de grasa en el intestino, la realidad ha demostrado que los mecanismos son mucho más complejos. Existe una interrelación entre la parte endocrina del tubo digestivo y el encéfalo. «Con el 'sleeve', por ejemplo, se elimina una parte encargada de liberar una hormona orexigénica, la ghrelina, con una importante función hipotalámica asociada al hambre», explica Enríquez-Navascués.
Cambio de vida
Tras la operación, la pérdida de peso es muy acusada los doce primeros meses. Posteriormente, hay un ganancia de peso «que conviene conocer y seguir». El porcentaje medio de pérdida de peso oscila entre el 50 y el 70% del exceso de peso.
Pero la finalidad de este tipo de cirugías no es solo la reducción de peso. «Se ha puesto de manifiesto que los beneficios de la cirugía sobre la diabetes, la hipertensión o la hiperlipemia ocurren antes que la pérdida de peso de los pacientes. De hecho se denomina hoy a esta cirugía como metabólica en vez de cirugía de la obesidad», señala el experto.
Tras la operación, la vida cambia para el paciente. Mejora su calidad de vida, sus relaciones sociales y laborales, disminuyen los cuadros de ansiedad, depresión y rechazo a la imagen corporal... «En conjunto, estas mejorías alcanzan al 90% de los pacientes», asegura Enríquez-Navascués.
La nueva vida del paciente sigue con revisiones periódicas. Eso sí, ninguna técnica asegura de forma definitiva la pérdida de peso. «A veces es el paciente que aprende a boicotear la intervención, otras es la adaptación o compensación funcional del intestino lo que hace volver a recuperar peso, por lo que es importante controlar los cambios de hábitos nutricionales de los pacientes tras la intervención y el seguimiento a largo plazo por un nutricionista competente».
A pesar de que en 2011 se logró un récord de intervenciones de este tipo en el Hospital Donostia, la lista de espera sigue siendo muy larga. «En Gipuzkoa se intervienen al año menos de un 2% de los pacientes con obesidad grave o mórbida pero, por baja que parezca, esta cifra está dentro de los ratios europeos y americanos», asegura el cirujano.
Además del Hospital Donostia, en Gipuzkoa existen clínicas privadas, como Policlínica Gipuzkoa, que llevan a cabo cirugías de obesidad.
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