Los bocinazos son frecuentes en Egia. En horas punta no hay quien aguante. Basta que un autobús de línea se detenga en cualquiera de las paradas de la calles Ametzagaña y Virgen del Carmen para que el lío esté ya montado. Los vecinos y comerciantes de este barrio no entienden qué llevó al Ayuntamiento a reducir de dos a un carril la circulación en las dos arterias principales de Egia. Esta medida permitió que las aceras crecieran en anchura, pero trajo otros problemas.
Nos detenemos en Virgen del Carmen, a la altura del centro cultural de Lugaritz. Son las diez de la mañana de un día laboral cualquiera. La circulación es fluida. Se puede decir que Egia es un balneario. Pero la cosa cambia cuando se detiene el autobús de línea en la parada que queda ubicada en este tramo de Virgen del Carmen. Abre sus puertas, coge y deja viajeros, cierra sus puertas y emprende la marcha. Dos minutos menos cuatro segundos. Lo suficiente para que haya formado un tapón de siete coches.
Iñaki, un trabajador de un comercio desde el que vigila lo que se cuece en esta zona, asegura que «éste panorama se repite una y otra vez a lo largo del día», con el agravante de que estamos en una calle por la que circulan un alto número de ambulancias y en la que «todos los días» sobre las 10.30 horas se detiene en esta parada un autobús que recoge a un numeroso grupo de ancianos con movilidad reducida. «El atasco entonces es monumental porque entre que el conductor despliega la rampa, suben los ancianos, coloca las sillas de ruedas bien sus sujetas en el interior del autobús y vuelve a recoger la rampa no tarda menos de cinco minutos», cuenta Iñaki.
«Un infierno»
Arantza, una vecina de Egia que se suma a la conversación, corrobora este hecho y apunta a que los atascos no se daban hace un año con tanta asiduidad como ahora. Explica que antes los autobuses tenían su propia zona de parada «sin molestar al resto de vehículos». La cosa cambió cuando el Ayuntamiento, como en otros puntos de la ciudad, optó por fijar una gran loseta de cemento en la calzada en la zona destinada al estacionamiento del autobús. «Supongo que es una solución para los conductores de autobús que podían tener problemas al incorporarse desde la zona de estacionamiento al carril de circulación, pero el Ayuntamiento ha conseguido que Virgen del Carmen se convierta en un infierno a determinadas horas del día en lugar de dar una solución», cuenta Arantza.
Iñaki apunta que la solución primera pasa por retirar la loseta de cemento y que los autobuses puedan parar el tiempo que lo deseen sin interferir en la circulación. Y es que, según dice, hace mucho tiempo se quitó de la cabeza la posibilidad de recuperar los dos carriles de circulación que existían en esta vía de Egia. «Los camiones de reparto paraban en una fila y por la otra se circulaba. De acuerdo que se daba validez a la doble fila, pero también se circulaba mejor», asegura.
Dejamos a Iñaki y Arantza para dirigirnos a la calle Ametzagaña. En nuestro paseo por Egia comprobamos que agentes de la Guardia Municipal, libreta en mano, no pasan una a los camiones de carga y descarga. También vemos cómo un camión derriba una motocicleta estacionada en un lugar correcto al tocar con su rueda el morro de la moto. «El carril de circulación de Virgen del Carmen es tan estrecho que a nada que una motocicleta quede saliente, los autobuses y camiones deben hacer auténticas filigranas para no tirarlas», dice Josean, un vecino que apura un cigarro en la puerta de un bar. «Da gusto pasear por Egia. Se han ganado aceras pero también dolores de cabeza», concluye.