No parece que la historia vaya a dar la razón a Huntington y la guerra de civilizaciones. Al-Qaida no representa hoy más allá de un accidente en los conflictos internacionales. Hemos vuelto a la vieja tensión de los bloques. A la 'Guerra Fría' que dimos por enterrada. Es lo que esconde el veto de Rusia y China a la condena de El-Asad en Naciones Unidas y la objeción de Occidente a cualquier práctica asesina. Como ya sucedió en Libia, no se puede permanecer ausente ante quien basa su fuerza en la exhibición de cuerpos mutilados, niños sacrificados y familias completas pasadas por las armas. Son las razones que nos llevaron a intervenir en los Balcanes y cuyo aplazamiento de dos décadas nos enseñó que favorecen al represor.
El-Asad utiliza las técnicas de amedrentamiento de su padre. Juega al hecho de que Siria no es Bosnia, ni tampoco Libia, y existen factores de riesgo que convierten la empresa en mucho más delicada y peligrosa. Las grandes potencias se alinean en campos contrarios y disputan espurias oportunidades, incluido el negocio de armas. Una Rusia en horas bajas y una China emergente, que no se pierden de vista como adversarios, defienden sus posiciones tradicionales contra EE UU y Europa. Pues bien, ambas fuerzas han tomado parte por uno de los bandos en conflicto. El bloque Oriental que comprende a Irán, acude en auxilio del dictador y le proporciona la munición. Mientras, EE UU, Europa y la Liga Árabe apuestan por su derrocamiento. La única coincidencia del caso libio y sirio es la sangrienta represión contra ciudadanos indefensos y la reacción de enemistad hacia sus dictadores. Con la agravante de que, si el Ejercito de Liberación Libio representaba una sólida oposición, el sirio no llega siquiera a ejército y es una suma de intereses variopintos. Si el régimen perdiera el control, el país se hundiría en un sectarismo vengativo. Hay miedo a que una intervención obligue a compartir los riesgos de lo que venga después. Entre los que se vislumbra el agravamiento de las relaciones entre bloques. Aunque cualquier cosa parece mejor que el futuro sangriento que promete El-Asad y que ha llevado a Naciones Unidas a exigir de la comunidad internacional que proteja a la población asediada. Ahí es donde cobra vigor la nueva alianza liderada por la Liga Árabe y que patrocinan EE UU, Francia y Reino Unido. Aunque dadas las circunstancias, no se tome una decisión reactiva, sino calculada.
El voluntarismo de 'boy scout' enmascara por lo demás otras ambiciones: ¿quién arma a Oriente Próximo? A Rusia y China le fallan antiguos amigos, la carrera de las armas es paralela a la de las fuerzas que compiten en Siria y está el temor a un Irán nuclear. Turquía, Francia, Gran Bretaña y EE UU acabarán por dar a la oposición el músculo que necesita y Moscú se apresura a mandar a Damasco aviones y portahelicópteros. Y en medio de una guerra de todos otra población asustada a la que se le pide que ponga los muertos.