Mientras en las sedes de CC OO y UGT empiezan a sonar tambores de huelga, en las de las centrales nacionalistas las críticas son furibundas por una reforma que de forma coloquial califican de «pura dinamita».
Las sedes confederales de CC OO y UGT enmudecieron ayer tras conocerse la profundidad de una reforma que ha hecho honor al preludio del ministro de Economía de que sería «extremadamente agresiva». Las direcciones de CC OO y UGT, que se reunirán hoy, prefirieron retrasar su respuesta para tener tiempo de analizarlo en profundidad. «Estamos muy indignados», señalaron las fuentes consultadas.
El enfado sindical no sólo obedece al contenido. También es fruto de la forma en que el Gobierno ha conducido la reforma. Aseguran estas fuentes que el diálogo social no ha existido y que el Ejecutivo se ha limitado a aprobar un decreto a su medida, sin avanzarles el texto. Sólo hubo por la mañana dos llamadas telefónicas de la ministra de Empleo, Fátima Báñez, para explicar la reforma.
En una valoración de urgencia, ELA señaló que es «muy dura y muy agresiva contra los derechos de los trabajadores ya que supone un ataque impresionante a la negociación colectiva, al eliminar la ultraactividad, dado que si a los 24 meses no se ha renovado un convenio, éste desaparece».
El responsable del Área Social, Mikel Noval, destacó que la reforma plantea una abaratamiento y mayor facilidad para el despido por distintas vías, incluye más flexibilidad laboral y también una contratación «más precaria». «Toca todos los elementos del mundo del trabajo y la ultraderecha de la patronal española jamás habría soñado que el Gobierno jugase un papel tan desequilibrador contra los intereses de los trabajadores», indicó, para advertir de que habrá «respuesta» a estas medidas.
Para LAB, la reforma es «nefasta», ya que considera que «da continuidad a la progresiva degradación de las condiciones laborales impuestas por anteriores reformas». En su opinión, «incrementa aún más el poder de la patronal aprovechando la crisis» y su principal objetivo no es la creación de empleo, «sino el abaratamiento del coste del despido». Además, cree que ataca «frontalmente a la negociación colectiva dando todo tipo de facilidades a las empresas para desvincularse de lo pactado en convenio tanto en salarios como en condiciones laborales».
Quienes acogieron con satisfacción la reforma fueron las patronales CEOE, Cepyme y el Círculo de Empresarios Vascos, que la definieron como «un paso adelante» para mejorar la «eficiencia y flexibilidad» del mercado laboral y salir de la crisis.
La implantación de la reforma no será, por tanto, pacífica. Ayer varios cientos de personas se concentraron en la Puerta del Sol de Madrid. Tras la manifestación, un grupo intentó desplazarse hasta el Congreso y se topó con un cordón policial, originándose un enfrentamiento en el que hubo nueve detenidos y otros tantos heridos leves, ocho de ellos agentes.