Xala y Laskurain lograron anoche en el Ederrena de Urretxu su cuarta victoria en el Campeonato de Parejas a costa de Aritz Lasa y Zubieta, quienes tras esta derrota están prácticamente sin opciones de clasificarse para la liguilla de semifinales. Necesitan casi un milagro. Mucho tienen que cambiar las cosas. En cambio, Xala y Laskurain ganan enteros y se meten de lleno en el grupo intermedio a la espera de lo que suceda en las próximas jornadas.
El partido no fue bueno, ni mucho menos, pero sí tuvo sus dosis de emoción. Hubo bastantes errores porque había mucho en juego. Ninguna de las dos parejas de Aspe quería quedarse descolgada en la clasificación. El problema era que sólo había un punto en disputa y no podían repartírselo como buenos amigos que son.
No fue un camino de rosas para Xala y Laskurain, sobre todo por la agresividad que en todo momento mostró Aritz Lasa en la cancha. El delantero urretxuarra jugaba en casa, ante los suyos, y no quería defraudarles. Fue él quien llevó las riendas de la pareja una vez que a Zubieta le entró una pelota en la mano izquierda en el 13-10. Era lo que le faltaba tras haber causado baja la última jornada por mal de manos en la derecha. El zaguero de Etxarri se fue a vestuarios a retocarse los tacos y tardó casi nueve minutos en volver a la cancha.
Antes de ese contratiempo, tampoco fue el Zubieta mandón al que nos tenía acostumbrados en 2011. Trató de proteger su derecha todo lo que pudo en los compases iniciales y se le vio sin punch. Cometió demasiados errores y no dio sensación de seguridad. Laskurain, su rival en los cuadros largos, también tuvo problemas, pero los solventó a base de oficio.
De eso tiró Xala para frenar el ímpetu de Aritz Lasa. El campeón manomanista tuvo la frialdad y precisión de un cirujano. Apuntilló en el momento adecuado, justo cuando más daño se hace al contrario. Y el urretxuarra lo acusó, aunque tiró de casta en un intento desesperado de hacerse con la victoria. Con el 20-18 todo era posible, pero le atropelló una pelota en la pared izquierda y su dejada al txoko fue a parar por debajo del colchón. Si llega a ser buena igual podríamos estar escribiendo otra historia...