Cristina Iglesias (San Sebastián, 1956) reconoce que se encuentra en uno de los mejores momentos de su carrera artística. Los proyectos se le amontonan llevándola de una a otra del planeta. Disfruta tanto ideando como instalando sus esculturas para las que busca que el espectador tenga un contacto casi físico con ellas.
-Ahora mismo tiene proyectos en Brasil, Sidney, Toledo, Madrid
-Tengo la suerte de hacer proyectos al mismo tiempo en bastantes casos a largo plazo. Algunos están en marcha desde hace tiempo, incluso varios años, como es el caso de Toledo que van a ser cuatro intervenciones en la ciudad que forman una nueva ruta y una gira que estoy haciendo con la Fundación Art Angel y la Fundación El Greco 2014. Llevo cuatro años desarrollándolo. La primera, la que ahora estoy haciendo comienza en la Torre de Aguas. Me gusta trabajar así porque tienes cosas en diferentes estadios. En mayo voy a montar una pieza en Brasil, para la colección de Bernardo Paz en Inhotim (Belo Horizonte). Al mismo tiempo preparo una exposición en Río de Janeiro para otoño del año que viene. Antes, en febrero inauguramos una exposición en el Reina Sofía. Este año también participo en la Bienal de Sidney que es en junio. Ahí llevo tres piezas nuevas que están la línea de lo que presenté el año pasado en la galería de Marian Goodman de Nueva York y París.
-En el Reina Sofía va a presentar obras antiguas como las de la Bienal de Venecia de 1993.
-Quiero que sea una exposición viva, que tenga que ver con mis preocupaciones actuales, con una mirada a la memoria. Habrá piezas de Venecia e incluso anteriores, pero todo ello compuesto de una manera diferente porque en mi obra es muy importante que cada nueva exposición se construya, con el vocabulario que he desarrollado a lo largo de todos estos años, en una pieza nueva. Me apasiona transformar. Por ejemplo, 'Tres corredores suspendidos' que expuse hace seis años en el Museo Ludwig de Colonia los voy a instalar de otra manera para que la experiencia de estar en ellos sea distinta.
-En la instalación de Toledo el agua es un elemento fundamental. 'Estancias sumergidas' son unas 'habitaciones' que ha instalado en el fondo del Mar de Cortés de la Baja California en México. ¿El ecosistema es una de las preocupaciones de las que habla?
-Hay una conciencia política del ecosistema. El proyecto del Mar de Cortés tiene que ver con la creación de un refugio para la pesca. Es parte de un trabajo que están haciendo los pescadores, biólogos marinos. que quieren proteger la zona. Mi pieza, que está sumergida y se puede mover por ella buceando y en los días claros se ve desde el aire, se ha convertido en símbolo de ese trabajo y a la vez es un laboratorio, una experiencia nueva de cómo una obra va a crecer en el tiempo. La idea es que la vida se adhiera a las celosías y creen un arrecife de coral. Las piezas de Toledo tienen que ver más con lo que hice en Amberes, 'La fuente profunda', donde el agua es transmisor de energía, conocimiento y diálogo. Además Toledo es un lugar donde podía trabajar muy bien. Es una montaña rodeada por un río. Las cuatro intervenciones van desde la parte más baja de la ciudad , que es un río, hasta la parte más alta, un convento, pasando por la plaza de la catedral y el ayuntamiento donde están todos los poderes. Además durante siglos fue el ejemplo claro de la convivencia al coexistir ahí tres religiones: judía, islámica y cristiana
-La primera parte de la intervención, la torre, la está fundiendo en Alfa Arte en Eibar.
-Sí. Estoy produciendo gran parte de mi trabajo ahí. Tienen una técnica que está al nivel de los mejores. Estoy muy contenta con los resultados. Además hago serigrafías con Durero en Bilbao... Parece que estoy volviendo a casa.
-Al hablar del proyecto de Toledo ha utilizado palabras como convivencia, religión... ¿Cree que el artista debe tener un compromiso con la sociedad? ¿Que su papel es hacer reflexionar o cuestionar distintos aspectos sociales?
-Uno no puede dejar de ser político porque siempre tienes una opinión sobre lo que pasa. En la obra de un artista siempre hay una parte de reflexión. Otra cosa es cómo se manifiesta esa reflexión. Sin duda creo que como artista soy alguien que se relaciona con el mundo, reflexiona y devuelve una experiencia, un lugar para tener esa experiencia o un modelo. Un artista no puede vivir alejado de lo que pasa en la sociedad. Y si se toma la elección de alejarse, ya es otra manera de posicionarse frente a lo que ocurre.
-No se le ha relacionado directamente con una corriente. ¿Ha sido una opción meditada?
-No ha sido una intención a priori. Es una consecuencia de mi manera de hacer. Sin duda, siendo independiente se me puede relacionar con reflexiones que existen y han existido en el mundo del arte y en su historia. También soy una artista de mi tiempo.
--Una tesis sobre su obra lleva por título 'Dar cuerpo a lo imaginado'. ¿Podría considerarse como una forma de resumir su trabajo?
-La escultura tiene esa dimensión, que no tienen otras disciplinas artísticas, de ser capaz de provocar ciertas sensaciones gracias a una presencia determinada que te obliga a moverte de una manera concreta en el espacio, de mirar a través de ella o en ella.
-¿Le gusta que el espectador participe de la obra, que la toque, entre físicamente en la pieza?
-Sí. Es uno de los propósitos. Para ello los materiales son fundamentales. Construyes con ellos. Si quiero que el paisaje se refleje en el exterior de la construcción obviamente tengo que utilizar algo reflectante, si quiero que la luz atraviese la estructura tendrá que ser algo traslúcido. Siempre me ha interesado tratar la capacidad del arte, en concreto de la escultura y la pintura, de crear ilusiones. Algo que parezca liviano en realidad sea pesado o al revés. Me gusta jugar con la identidad de los materiales, que parezca una cosa y sea otra. Por ejemplo que se piense que es bronce y solo es madera con una patina de polvo de bronce. Muchas de mis piezas son para ser atravesadas. El caso más evidente es el de las puertas del Museo del Prado, pero por ejemplo la del Parlamento Vasco está hecha para cruzarla, para entrar por un lado y salir por otro, aunque muchas veces solo se suele ver por una pared.
-Cada vez hay más artistas que utilizan nuevas tecnologías para realizar su trabajo. Hasta alguien tan reputado con David Hockney ahora emplea el IPad para pintar. ¿Es partidaria de emplear nuevas técnicas?
-No llego a ese extremo porque me aburriría mucho, pero sí me gusta. Empleo la fotografía no solo para utilizarla como documentación, sino en el montaje, para crear formas nuevas. Además hago documentales de mi trabajo, una especie de visitas guiadas. Ahora mismo estoy haciendo la pieza en Alfa Arte para Toledo donde la fundición es microfusión muy refinada y sofisticada en acero inoxidable. La tecnología me beneficia y exploro con ella, me ayuda a acercarme más a lo que había ideado.
-Comenzó a estudiar Química, pero se decantó por el arte. ¿Cuando decidió que iba a ser artista? ¿Cuándo les dijo a sus padres que ése iba a ser su trabajo?
-A mis padres no me atreví a decírselo hasta que no viesen que podía vivir de esto. Todos tenemos una mochila en la espalda que vas llenando a medida que te formas y caminas y de pronto te ves que con esa experiencia, sin darte casi cuenta, has tomado un camino. Todo fue tomando forma. Soy una persona más bien tímida y no me atrevía a decir que iba a ser artista. Creo que más bien fue el trabajo el que se atrevió. Esta ahí, tenía una presencia y no podía negarme. Me sigue interesando mucho la ciencia. Me fascinan cosas como la astronomía y las leyes físicas que me hacen reflexionar sobre posibles piezas.
-Fue entonces, en 1986, cuando la revista 'Time' le nombró artista revelación. ¿Fue complicado hacer frente a las expectativas que se habían creado a su alrededor?
-Uf... Era algo de lo que no me acordaba. De verdad, no pienso sobre ello. Esas cosas se me olvidan cuando entro en el estudio. Fue un punto de inflexión porque te crea una tensión, que para bien o para mal, influye en tu trabajo. Sabes que lo que haces va a ser mirado y eso te cambia. Cuando comienzas haces cosas que no sabes si te las va a mirar alguien.
-¿Es una artista disciplinada, de ir todos los días al estudio o es más de arrebatos?
-Tengo tantos proyectos que no me puedo permitir no ser disciplinada. Incluso cuando viajo trabajo, pero de otra manera. Todos los días voy al estudio a trabajar con mi equipo. También me encanta escaparme, pero hasta entonces siempre llevo libros y cuadernos de dibujo para pensar cosas nuevas.
-Arco comienza el miércoles. ¿Le gusta el mundo de las ferias?
-No voy nunca. No me gusta. Este año, como cosa un poco excepcional, voy a participar en una mesa redonda sobre el significado de la permanencia, pero porque me ha invitado James Lingwood que es con quien estoy haciendo el proyecto de Toledo. También iré a alguna cena. Arco no es solo la feria, a su alrededor se organizan muchas cosas como conferencias, reuniones en las que te encuentras con gente que conoces y con la que tienes cosas en común. Esos encuentros sí me gustan.
-Evidentemente la crisis económica va a afectar al arte. ¿Cree que de forma positiva o para negativa?
-Yo creo que puede ser positivo. Como para todos, el artista también sufre la crisis y es un problema importante y grave. Falta trabajo para todo el mundo y hay compañeros que tienen que buscarse la vida de otra forma. Pero por otro lado es un momento para inventarse cosas nuevas, para investigar, buscar salidas, para que la Universidad se haga más fuerte y se convierta en un lugar en el que se impulse la creatividad. Yo creo que los momentos de crisis también pueden ser muy ricos, un poco catárticos.
-En sus comienzos vivió fuera y ahora sus proyectos le obligan a viajar constantemente. ¿Es difícil llevar una vida que podríamos llamar normal?
-La vida de uno está donde están los que quieres y siempre estoy deseando estar con ellos. Tengo hijos y una familia con la que quiero estar siempre. Cuando eres joven lo que necesitas es salir, pero con el tiempo te hartas, por lo menos en mi caso, de dar vueltas por ahí. Yo vivo obsesionada con los proyectos. La parte de la instalación, de colocación es tan importante como la del estudio porque mi obra depende mucho de la ubicación. Así que cuando voy, como por ejemplo dentro de poco a Sidney a instalar tres piezas, estoy emocionada, pero en cuanto acabo me cojo a todo correr un avión y vuelvo.
-Habla de la familia. Uno de sus hermanos es el músico Alberto Iglesias que está nominado por tercera vez al Oscar...
-También es candidato a
los Goya y a los Bafta británicos. Estamos muy orgullosos,
-... pero es que otro de sus hermanos es escritor y su hermana guionista. ¿Cómo son las reuniones familiares? ¿De qué hablan?
-Muy normales. Como en cualquier familia se habla de lo que te interesa y en nuestro caso todo lo relacionado con la cultura siempre está muy presente. Somos una familia unida, con una relación casi contagiosa, donde todos estamos muy contentos de los logros de los otros. Pero es verdad que estar nominado por tercera vez a un
Oscar es... impresionante.
-¿No echa en falta que en San Sebastián, su ciudad, no tenga una obra suya?
-No tengo esa sensación de tener que estar. No pienso así. Tengo ideas que creo que un día podrían existir, pero todo tiene un ritmo natural y su momento que no sé si llegara.
-Esta semana ha muerto Antonio Tàpies con quien expuso en la Bienal de Venecia.
-Sí. El ocupaba la habitación central de pabellón y yo las cinco que la rodeaban. Es un artista al que admiro muchísimo. Ha tenido un papel importantísimo en la historia del arte. Era muy consecuente con sus ideas y fue un pionero en muchas cosas, incluso en crear una fundación con su obra en los años 70.