La página web de Euskalmet, la Agencia Vasca de Meteorología, es una mina de información para quien sepa desentrañarla. El apartado 'profesionales' -accesible a todos los usuarios, aunque el profano tomará rápidamente conciencia de su ignorancia y sus limitaciones-, refleja la actividad continua de la tupida red de estaciones meteorológicas de la Dirección de Atención de Emergencias y Meteorología que, como su propia denominación sugiere, tiene un campo de acción más amplio que el estrictamente meteorológico.
Si sirve el paralelismo, las estaciones de Euskalmet, todas ellas automáticas, más que notarios del clima son vigilantes del tiempo, especialmente atentos a todo lo que se salga de la norma y pueda inducir a pensar que se avecinan problemas relacionados con la lluvia, la nieve, el viento, el calor... Más de cien estaciones constituyen, en palabras del director de Euskalmet, José Antonio Aranda, «una red de observación que consta de estaciones meteorológicas con sensores, ordenadores que recogen y envían los datos, receptores...». Una red con muchas funciones -«aprender; ayudar a la predicción; vigilar; validar la información y ponerla a disposición de quien la necesite; hacer climatología a largo plazo...»- que tiene como prioritarias la segunda y la tercera. «Gracias a esa red -aclara Aranda-, sabemos en cada momento lo que está pasando, y esa es una función clave para la vigilancia. Esas estaciones aportan también la información que los meteorólogos necesitan para correr a nuestra escala los modelos de predicción».
Aranda reconoce que la función para la que estas estaciones automáticas resultan menos indicadas es, precisamente, la climatología. «Al fin y al cabo, por muy buen mantenimiento que tengan, son aparatos electrónicos, tienen tendencias, se estropean con los rayos...». Optimizar esa red y los gastos que conlleva «instalar los aparatos, mantenerlos, comunicar constantemente con ellos» es ahora el objetivo principal, y hacerlo en colaboración con todas las instituciones que, por una parte, pueden aportar sus propias instalaciones y, por otra, pueden beneficiarse de la información que, en tiempo real, aporta una red «que es muy tupida, pero puede mejorarse».