Escribe sobre el Ayuntamiento: «No han transcurrido demasiados días desde que la alcaldesa de Lezo, Ainhoa Zabalo, anunciara que se iba a quitar el turno de noche de la Guardia Municipal de Lezo para saber a qué van a destinar una parte de los 120.000 euros que supuestamente se iban a ahorrar con el recorte del turno de noche.
Y no es precisamente para compensar el recorte de salarios a los trabajadores del Conservatorio, ni para fines benéficos, son para poner un sueldo a su concejal Mikel Arruti.
Si a muchos lezoarras nos parecía injustificable que en esos tiempos de recortes generalizados el Ayuntamiento no diese ejemplo y rescatase de Lanbide al anterior alcalde, Haritz Salaberria, para que ejerza de alcalde en la sombra, ahora ponen en nómina a otro de sus amigos. Y sin olvidarnos de Ainhoa Intxaurrandieta, otra concejala de Bildu a la que su partido le ha enchufado como presidenta de la Mancomunidad de San Marcos, con una buena nómina, cuando hasta este momento era un cargo no remunerado. Éste parece ser que es el método de Bildu para luchar contra el paro, enchufar a los amigos que no tienen otra ocupación. ¡Ay de aquel dirigente de la izquierda abertzale que dijo que la política se estaba convirtiendo en la ocupación de los que no tenían dónde caerse muertos! ¿Qué diría si supiera que eso mismo es lo que están haciendo sus correligionarios en Lezo, en Pasaia, en el Ayuntamiento de Donostia, en realidad en todas aquellas instituciones en la que mandan, así como en la Diputación de Gipuzkoa?
En el caso de la liberación del concejal de Cultura incurren, creo yo, en una flagrante contradicción: por un lado, han recortado los sueldos de trabajadores de la cultura, los profesores del Conservatorio, de todos menos del director (sus méritos habrá hecho para que no se lo recorten); y por otro lado, gastan lo que se ahorran para liberar a un concejal.¡Viva la cultura!
Yo no sé si el pueblo, que es el que les ha otorgado su confianza, está de acuerdo con su gestión, pero francamente, esta política del Ayuntamiento de meter a sus amigos desempleados a cuenta de los recortes de los servicios municipales, desde un punto de vista puramente ético, me parece muy reprobable».