Cuando la nave del Gipuzkoa Basket echó a andar en 2001, el timón estaba en manos de Aitor Uriondo (Donostia, 39 años). El técnico lo recuerda con cariño y se declara ilusionado con el crecimiento del proyecto. Sigue al Lagun Aro de cerca, destaca el trabajo colectivo y de Sito Alonso y señala la claridad de roles como una de las claves de la dinámica del equipo.
-Para el que le haya perdido la pista, ¿a qué se dedica?
-Sigo vinculado al baloncesto haciendo diferentes actividades. Una de ellas, organizar un campus anual con el nombre de Pablo Prigioni, que este verano va a estar concentrado con la selección argentina para los Juegos de Londres y por lo tanto pasará a llamarse Javi Salgado. También hago seguimiento de todas las Ligas, desde categorías formativas hasta profesionales. Y colaboro puntualmente con algunos clubes que me piden informes o datos de jugadores. Laboralmente, me dedico a la enseñanza en la Ikastola Axular.
- Acude a Illumbe regularmente. ¿Qué sensaciones tenía con el 2-8 con el que arrancó el equipo?
- Que el equipo estaba en la primera etapa de un cambio radical y que evidentemente transmitía dudas. Pero su evolución ha demostrado que Sito Alonso sabía claramente lo que estaba haciendo y que el equipo tenía claro cuál era la línea a seguir.
- Línea que le ha llevado a una racha histórica. ¿Dónde cree que reside la clave de la reacción?
- El equipo está siendo fiel a su identidad, a la idea del entrenador. Está claro que Sito Alonso se ha ganado a los jugadores en cuanto a su filosofía. Creen en lo que están haciendo y eso es fundamental en un colectivo. Y los roles están muy bien definidos. Actualmente, y más en equipos que manejan presupuestos bajos, es clave.
- Continúe.
- Todos saben que Panko es el líder, que Vidal es el pulmón, la importancia que tiene la dirección de Salgado. Y luego digamos que hay unos actores secundarios que han asumido muy bien su papel y que desde ahí están haciendo crecer al grupo. Gente como Doblas, por ejemplo, que está dando un nivel constante. No voy a decir que el mejor desde que está aquí, pero sí el más regular. Da una estabilidad importante al equipo.
- Panko parece imparable.
- Está a un nivel sublime. Tomando responsabilidad, seleccionando fenomenal todo lo que hace y demostrando que es un líder. Y además mantiene un nivel de acierto inmenso. Es mérito de él, por supuesto, pero también de sus compañeros. Están siendo inteligentes para buscarle en los momentos en los que es necesario. Su entrenador está sabiendo seleccionar para mí de manera magistral dónde es capaz de hacer daño, en qué situaciones tácticas sale beneficiado y eso a él le está aportando una seguridad que le está haciendo ser uno de los mejores cuatros de la ACB.
- Que sus compañeros sean capaces de aceptar ese protagonismo que él asume es, por tanto, clave.
- Ahí entra la importancia de fichar no sólo nombres, sino unas características y una personalidad concretas. Vidal es el mejor ejemplo. Está sabiendo adaptarse a cada situación y cada momento anteponiendo clarísimamente el interés del grupo al suyo propio. Y jugadores como Salgado, que creo que defensivamente ha dado un paso adelante. O Papamakarios. Es una suma de cualidades del grupo que Sito está sabiendo gestionar. Y el ochenta por ciento de este trabajo se hace en pretemporada y en la selección de jugadores.
- ¿Conoce personalmente a Sito?
- Tuve la suerte de que me eliminó en la fase de ascenso de EBA (sonríe). Yo entrenaba al Atlético San Sebastián y él al Prat. Me pareció una persona afable, aunque no tenemos relación directa. Su equipo estaba muy trabajado y con buenos jugadores. Es un entrenador joven, con ganas y que evidentemente se está ganando a la gente a base de victorias y también con su carácter.
- Parece que responde a una filosofía sólida.
- Eso es. A mí hay algo que siempre me gusta en un entrenador y es que marque una línea y no engañe a nadie. Desde el primer minuto ha transmitido qué es lo que busca. Además, ha encontrado el camino y está demostrando que sabe gestionar a la perfección el equipo y el entorno. Es un entrenador para muchos años en el GBC.
- ¿Cómo recuerda aquel 2001?
- Con mucha ilusión. En dos días locos cambié de estado civil, de trabajo y de coche (risas). Fue bonito. Y duro, muy duro. Tuvimos que arrancar desde menos diez y hacer un equipo deprisa y corriendo. Para mí fue un máster en baloncesto. Éramos inexpertos pero teníamos mucha ilusión. Estoy agradecido, y también ilusionado con ver que el proyecto ha crecido. Ver ocho mil personas en Illumbe es lo que todos los que estamos en el baloncesto guipuzcoano hemos soñado.
- Porfi Fisac dice que cuando llegó había una mesa y una silla. Usted no tendría ni silla.
- Creo que no teníamos ni balones (risas). Para el primer entrenamiento llegó la ropa justo, de víspera. Pero también tiene su parte bonita. La de ver nacer un bebé y el verlo crecer, aunque ahora sea desde la distancia.
- Y el bebé está en la Copa.
- Es un logro y un premio. Aunque para los jugadores y el entrenador eso debe quedar al margen. Una vez que estás en una competición tienes que intentar ganar cada partido. Pero está claro que es algo que quedaba muy lejos cuando se inició el proyecto. En nuestras conversaciones estaba, pero era un sueño. Un sueño que se está haciendo realidad y con el que tenemos que salir beneficiados todos los guipuzcoanos que vivimos el baloncesto y queremos que siga creciendo.