La entente entre los jeltzales sólo ha durado desde mayo hasta diciembre. Es decir, desde las elecciones forales y municipales hasta la aprobación del presupuesto de la Diputación. De todas formas, la sangre no llegará al río. Los jeltzales han hecho oídos sordos a las propuestas del PSE y del PP de presentar una moción de censura en la Diputación. Esta posibilidad, salvo bronca mayúscula, está descartada hasta que se celebren las elecciones autonómicas.
De momento, dos han sido los motivos de fricción más relevantes: la incineradora y Bidegi.
La coalición descolocó al PNV, después de lograr que los jeltzales propiciaran con su abstención la aprobación del presupuesto foral.
El PNV se avino a dar luz verde a la cuentas tras firmar un acuerdo con Bildu por el que, según interpretaron los jeltzales, el futuro de la incineradora se decidirá en las Juntas, donde la coalición se encuentra en minoría y, por tanto, tendría que acatar la postura de PNV, PSE y PP, favorable a la planta de Zubieta. La izquierda abertzale, sin embargo, asegura que la decisión se tomará en el Consorcio de Residuos, donde dispone de mayoría.
El PNV aceptó un plazo de seis meses para decidir definitivamente si se construye o no la planta. Si en junio la izquierda abertzale mantiene su criterio de llevar el tema al Consorcio y, por tanto, descarta la planta, el enfado del PNV puede ser cósmico.
Cada vez parece más claro que la incineradora no contará con el apoyo de Bildu, ni siquiera en tamaño reducido. El diputado general se encargó de decirlo ayer en el Pleno y la izquierda abertzale se ratificó en esta postura con su participación el sábado en la manifestación contra las grandes infraestructuras, que incluía la planta de Zubieta.
«Agujero» de 246 millones
El segundo encontronazo lo propició la portavoz foral, Larraitz Ugarte. La chispa saltó cuando denunció que los jeltzales provocaron en la legislatura pasada un «agujero» de 246 millones de euros, sima originada por sobrecostes en las obras del Segundo Cinturón y de la autopista Eibar-Vitoria. «¿A dónde ha ido a parar ese dinero?», preguntó la portavoz foral, Larraitz Ugarte.
Al PNV le faltó tiempo para exigir al diputado general el «cese inmediato» de la portavoz y también diputada de Infraestructuras Viarias, por entender que podía estar acusándoles de «malversación».
Bildu aclaró el 26 de enero en las Juntas Generales que no había querido acusar al PNV de «malversar» fondos en Bidegi, pero contraatacó atribuyendo a los jeltzales una «muy mala gestión» en la entidad. Markel Olano le respondió acusando a la coalición de «mentir, manipular y socavar las instituciones».
Ayer quedó claro en el Pleno que este fuego todavía no se ha apagado.