La solución, casi siempre, está en Tolosa. Incluso cuando entra en juego el concierto en el Kursaal de ese mito con voz rara llamado Antony, esta vez sin los Johnsons.
Veamos: Antony, la voz que raspa las películas de Isabel Coixet, acaba de ofrecer en el Moma de Nueva York un espectáculo que ha deslumbrado a toda la 'modernité' de Manhattan. A partir de esa idea prepara una gira con una docena de conciertos por Europa, apoyados siempre en una orquesta. El Jazzaldia acogerá una de sus citas y en lugar de apostar por una sinfónica propuso a Antony cantar con Et Incarnatus, la formación vasca con base central en Tolosa.
Antony pidió grabaciones y se ha entusiasmado con el proyecto, dicen en el festival donostiarra. Y vendrá a Donostia tres días antes del concierto para ensayar con Et Incarnatus en el teatro Principal, en unas sesiones que prometen ser pura dinamita artística. ¡Y con Antony encerrado en la calle Mayor!
La invasión del teatro
Es una muestra de cómo se diseña un festival a muchos meses vista. ¿Más ejemplos? El día exacto del centenario del Victoria Eugenia se cumple el 20 de julio, en pleno Jazzaldia. Y el festival prepara un «cumpleaños feliz» original: invadir de jazz hasta la última esquina del teatro.
La idea es hacer «una noche blanca» pero de jazz. Y que el visitante que entre al Victoria Eugenia ese día pueda recorrer todas las dependencias, desde el cuarto de plancha hasta la sala de ensayos, pasando por los camerinos o las bambalinas del escenario. Y que en cualquiera de esos espacios podrá haber un saxo, un cuarteto o una cantante.
Hay que imaginar siempre novedades. Bobby McFerrin vendrá por tercera vez al Jazzaldia y tras su paso por la Plaza de la Trinidad o el Escenario Verde venía bien revestirlo de novedad. Y habrá novedad: viene con Yellowjackets, una banda que dará un aire nuevo a la música del cantante. Pero la contratación se ha hecho a ciegas: nadie ha visto aún cómo funciona esa fusión porque aún no han actuado juntos. En verano se despejará la duda.
Medio programa de esta 47 edición del Heineken Jazzaldia está atado y medio queda por firmar. De aquí a julio pueden pasar muchas cosas. Y quedan algunas incógnitas: ¿Habrá un gran concierto inaugural en la Zurriola, al estilo de lo que pasó el año pasado con B.B. King y hace dos con Patty Smith?
«La apuesta es este año hacer muchas noches potentes en la Zurriola», responde con diplomacia Miguel Martín, director del festival. «No será sólo una gran noche inaugural, sino cuatro noches de gran impacto», añade. Pero en voz baja confiesa: «Si de aquí a julio se cruza en el camino la posibilidad de abrir con una figura de impacto, no la desecharemos».
Y es que un festival de jazz se monta con las luces largas (cerrando con muchos meses de antelación las citas fundamentales) pero con las luces cortas siempre encendidas: tal como está el negocio de la música, surgen las oportunidades.