Hace 65 años, el parque automovilístico donostiarra no era demasiado extenso. Sin embargo, la falta de ordenación hacía que arreciasen las quejas sobre el tráfico. Tal día como hoy, el 8 de febrero de 1947, nuestro predecesor Alfredo R. Antigüedad dedicó uno de sus largos artículos en la última página a 'El problema de la circulación en San Sebastián': «Si aquí en los meses no de verano la circulación es poco tumultuosa, en la temporada estival se llena materialmente de vehículos, y más cada año, que pone de manifiesto la necesidad de una organización racional de la circulación viaria».
No den por sentado que las direcciones y sus sentidos estuviesen tan claros como ahora, ni en la misma Avenida. «¿Es que está bien -se preguntaba Antigüedad- actualmente la circulación en la Avenida de España, con sus farolas, sus coches en el centro, que la convierten en cochera, su pavimento deficiente y esa libertad de que cada usuario de coches dé la vuelta donde quiera?».
En febrero de 1947 era aún reciente la decisión municipal de que parte de la calle Miracruz fuese de un sólo sentido. «Se aduce que ello puede ocasionar perjuicios al comercio de la citada vía. ¿Es que prefiere el comercio que haya taponamientos, atascos y choques que no se permita parar en el centro y que tengan que ir con las mercancías a la espalda un buen trecho, como ocurre en la Plaza del Buen Pastor? Creemos que siempre será mejor para los comerciantes que se pueda parar frente a su tienda, con dirección única, que no poder parar en toda la calle con doble vía. Y ya está demostrado que con doble dirección, con las consiguientes paradas de tranvía, no era posible el estacionamiento».
En 1947, cuando parece que se podía aparcar por todas partes, el periodista de DV tenía claro que ante el aumento en el número de coches «no hay más solución -ya que no se pueden ensanchar las calles- que la dirección única».
Comentaba un caso concreto en la actual calle Arrasate. «Ayer presenciamos en la calle de Hermanos Iturrino (...) un atasco que duró largo rato, por tener dos direcciones y poder, por lo tanto, estacionarse los coches y camiones a ambos lados. Yo estaba allí parado. Se paró frente a mí, en uso de su perfecto derecho, un camión enorme. Y tuvo que venir un guardia a decirme que marchara de allí porque estorbaba. 'Muy bien -le contesté respetuosamente- pero ¿por qué yo y no esos otros'?».