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El amigo Tàpies, «gure adiskidea»

EL LEGADO DE TÀPIES. SU HUELLA GUIPUZCOANA

El amigo Tàpies, «gure adiskidea»

Compañero de Chillida, su muestra en San Telmo marcó un hito en la cultura de Donostia. La huella guipuzcoana del pintor catalán: nula presencia en los centros públicos y destacadas obras en colecciones privadas. El 'mito' de una pieza en Miraconcha

08.02.12 - 03:35 -
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«Te ofrezco la amistad entre tu trabajo y el arte de mi tierra», escribió a Antoni Tàpies el escultor Eduardo Chillida. Los dos artistas fueron amigos «y se respetaban profundamente», en palabras de Ignacio Chillida, hijo del artista guipuzcoano. La huella guipuzcoana de Antoni, «gure adiskidea», es profunda, pero más en los hechos que en las obras.
Porque ningún trabajo de Tàpies está ahora mismo a disposición del público en los centros públicos de Gipuzkoa. A cambio, varios coleccionistas privados cuentan con obras suyas. Es el secreto mejor guardado: fuentes del mercado del arte apuntan que algunas significativas obras de Tàpies forman parte de colecciones radicadas en suelo guipuzcoano, pero sus propietarios rehuyen cualquier publicidad sobre sus fondos. Y hasta existe un 'mito': la existencia de una «obra fundamental» de Tàpies en un domicilio de Miraconcha, pero es «un tema demasiado delicado por razones de seguridad».
«Hace sólo un mes un cliente estuvo a punto de comprar una obra de Tàpies, pero el alto precio le hizo desistir en el último minuto. Ahora se estará tirando de los pelos porque la cotización del pintor se dispara con su muerte», manifiesta un destacado galerista donostiarra.
La vinculación de Tàpies con la cultura guipuzcoana tiene un hito: marzo de 1984, cuando el museo de San Telmo acogió una gran exposición del artista catalán, ya consagrado entonces. Era una muestra itinerante que llegaba desde París y en la que colaboró como mediadora la galería Altxerri. «Fue todo un acontecimiento en San Sebastián», recuerda Juan Ignacio García Velilla, gerente de la galería. El iconoclasta Tàpies realizó diversos comentarios jocosos sobre los lienzos de Sert del museo, y presentó su última producción, que suponía un nuevo salto en su carrera, alejado de las piezas ya clásicas de los 60.
El saludo de Chillida
En San Telmo recuerdan hoy aquella exposición como un momento fundamental en la historia del centro, al tiempo que se lamenta que el museo no acoja obra alguna del pintor. Tampoco la colección artística de Kutxa incluye obras de Tàpies.
El director de San Telmo era en aquel tiempo Julián Martínez. El catálogo de la exposicion, que incluía un prólogo de Alexandre Cirizi, se abría con un texto de Eduardo Chillida. «Desde la gravedad insistente / te saludo Tàpies / en tu asombro/ certidumbre / duda / en tu lucidez rebelde / simétrica heterodoxa. / Antoniri / bihotz bihotzez», decía esa texto poético.
Y es que Chillida y Tàpies mantuvieron una larga y fecunda relación. «Coincidieron en numerosos actos y se admiraban profundamente», desvelaba ayer Ignacio Chillida, hijo del escultor. Los textos manuscritos de Chillida que acompañan esta página son muestra del respeto del artista guipuzcoano por el creador catalán.
Pero Ignacio Chillida tiene una anécdota propia. «Poco después de casarme, en 1979, mi mujer Mónica y yo nos fuimos un año a trabajar en el taller de grabado de la galería Maeght en París. Allí coincidimos con Tàpies, que también realizaba trabajos en el taller. Era una persona de buen talante, con quien aprendías muchísimo, y muy trabajador», dice Ignacio Chillida. «Hemos mantenido una larga relación con Antoni y con su hijo, galerista, por razones profesionales».
Dimensión social
La galería Altxerri acogió otra exposición de Tàpies en los últimos días de 1999 y primeros del 2000. «Quisimos hacer algo especial para despedir el milenio y montamos esa muestra con obras en materiales 'pobres' o menos nobles, que en mi opinión representan los mejores momentos de su obra», argumenta García Velilla. «El propio Tàpies seleccionó las obras que expusimos en Altxerri, que iban acompañadas de un texto de Martínez Gorriarán», añade Velilla.
Parte de aquellas obras encontró comprador, «pero fueron más coleccionistas de fuera de Gipuzkoa los que adquirieron las piezas», añade García Velilla, atareado estos días en los preparativos para la feria Arco, a la que Altxerri volverá este año, esta vez con obra de Elena Asins, «la artista del momento por su trabajo, premios y presencia mediática».
Tàpies fue un artista con vocación social, y eso también quedó patente en su vinculación con el País Vasco. En el año 2005 una obra del catalán, acompañada de un texto de José Saramago, fueron cedidas a la agrupación Elkarri como una aportación «al diálogo y la paz».
«Era un hombre extremadamente amable, muy receptivo, de una calidez que yo definiría como poética», rememoraba ayer Jonan Fernandez, coordinador de Elkarri en aquel 2005. «Acabábamos de realizar una conferencia de paz y quisimos darle continuidad con la implicación de destacadas personalidades de la cultura», añade.
«Tanto Tàpies como Saramago aceptaron la invitación rápidamente y se involucraron a fondo. Recuerdo el acto de presentación en Barcelona, en el Convent desde Angels, frente al Macba. Fue un acto mágico, con una intervención de Tàpies, representantes de todos los partidos catalanes excepto el PP y presencia del lehendakari Ibarretxe». Una tirada limitada de la obra de Tàpies se puso a la venta para financiar a Elkarri y los periódicos vascos publicaron una reproducción de la misma, con una tirada total de medio millón de ejemplares.
El legado de Tàpies queda en su obra y en su fundación en el corazón de Barcelona, una fundación que desde el principio se abrió a los jóvenes y por la que han pasado creadores vascos como Ibon Aranberri o Asier Mendizabal. Ellos también pueden decir, como Chillida, «amigo Tàpies, Antoni adiskidea».
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Cartel para San Telmo en 1984.

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2005. Fernández y Miquel Tàpies. :: USOZ

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