Las labores de demolición del edificio de la calle San Francisco destruido por un incendio en marzo de 2010 han sacado a la luz una pequeña parte de la historia de Elgoibar, al dejar a la vista un pilar de piedra de sillería de lo que antiguamente fue la torre de Andonaegi, en la fachada que da a la calle Pedro Miguel Urruzuno. Desgraciadamente, la presencia de estos vestigios arquitectónicos entre nosotros ha sido muy fugaz y, ayer por la mañana, una máquina retroexcavadora derribó el pilar, eliminando cualquier resto de esta construcción, edificada en lo que entonces era conocido como el arrabal de Elgoibar, casi con toda seguridad, a lo largo del siglo XVI.
El historiador local Peio Arrieta se lamentó de la pérdida, así como de la falta de protección de este tipo de restos por legislación vigente. «Hacemos cosas pero, a la vez deshacemos otras. Es lo que ha sucedido con lo que quedaba de la torre de Andonaegi. Los restos arquitectónicos del subsuelo de Elgoibar que cuentan con medidas especiales de protección son aquellos que aparecen en las obras que tienen lugar en las calles San Bartolomé y Rosario. En estos casos es necesario llamar a Arkeolan para que lleven a cabo una prospección rápida del lugar; el resto del casco urbano de Elgoibar, incluida la calle San Francisco, en la que se levantaba la torre de Andonaegi, queda fuera de esa salvaguarda por lo que, desgraciadamente, no hay nada que proteja a estos restos de actuaciones de este tipo».
Comerciantes y ricos
Según los datos incluidos en el libro 'Elgoibar: iragana eta oraina', una obra sobre la arquitectura civil y religiosa de Elgoibar escrita por Peio Arrieta e ilustrada por Yulen Zabaleta, las referencias más antiguas a esta edificación nos trasladan al siglo XVI. Se sabe que la torre formaba parte del patrimonio de la familia Andonaegi, una de las más poderosas de la localidad en aquel tiempo. La riqueza de esta familia llegó por su gran visión comercial, que le permitió sacar el máximo provecho al carácter de puerto fluvial que en aquella época tenía Altzola, barrio en el que contaban con una torre situada en las mismas orillas del río Deba. Este edificio, demolido el año 1953, se levantaba en la margen derecha del río, en los terrenos que el aparcamiento de vehículos situado junto al puente que lleva hacia el balneario que ocupa hoy en día.
A lo largo del siglo XVI y mediados del siglo XVII, los Andonaegi convirtieron su lonja en parada y fonda de todo tipo de mercaderías, tanto de las tierras de Castilla y del interior de la Península hacia al exterior como a la inversa (hierro, lana, trigo, armas, aceite de ballena, aperos de labranza...) «La participación en muchos negocios mercantiles, la acumulación de varios mayorazgos y alguna herencia americana de importancia hicieron que esta familia atesorara una considerable fortuna», señala Peio Arrieta en su trabajo.
La época de auge de esta familia estuvo vinculada al nombre de Martín Andonaegi. De hecho, hasta en tres generaciones distintas (abuelo, padre y nieto) aparece este nombre vinculado al del propietario de la lonja y la torre de Altzola en el periodo de mayor pujanza económica de esta familia. Así, a mediados del siglo XVII podemos encontrar entre las propiedades que llegó a atesorar la familia Andonaegi una capilla dedicada a Santa Ana en el convento de San Francisco, la torre de Andonaegi situada en Altzola, el molino de Jauregieta, la torre del Arrabal, varios caseríos, montes, huertas y una bodega para la elaboración de sidra, además de ingentes cantidades de dinero en forma de maravedíes.
Esta riqueza se vio acompañada también por una gran relevancia en la administración local de Elgoibar, ocupando varios miembros de esta familia la alcaldía de la localidad por un periodo total de doce años entre 1605 y 1736.