Entre la temperatura de la casa de Cristina Forcada y la de la calle hay cinco grados de diferencia. Un problema considerable cuando una ola de frío siberiano ha desplomado los termómetros. Así que estos días Cristina come, ve la televisión y lee a solo 9 grados. Como ella, los inquilinos de los 125 apartamentos de alquiler social de la calle Baratzategi 10 en Intxaurrondo llevan seis días sin calefacción ni agua caliente.
De este último problema con el agua supieron por una pequeña nota escrita a mano en el tablón de anuncios de la comunidad. El cartel decía que el corte se debía a labores de mantenimiento que debía terminar el viernes a primera hora de la mañana. Sin embargo, aún continúan en la misma situación sin recibir ningún aviso ni información. Así que se han visto obligados a ducharse en casas de familiares, acudir a polideportivos o a calentar agua caliente en cazos y asearse como pueden. Cristina hasta se ha llevado una estufa del trabajo para poder soportar el frío.
No se trata de una avería que, desafortunadamente, ha coincidido con las gélidas temperaturas. Es la gota, o la estalactita, que ha colmado la paciencia de estos vecinos de Intxaurrondo. Por eso, hartos de las molestias que llevan sufriendo desde que viven en estos apartamentos, han exigido al Gobierno Vasco, responsable de estos apartamentos, que arregle esta situación. «Y si no nos hacen caso, nos veremos obligados a acudir al Ararteko», dice Cristina.
La única explicación que les han dado del continuo mal funcionamiento de la calefacción y el agua caliente ha sido la de un técnico que les informó de que «la calefacción funciona con un sistema nuevo. Tiene un mismo conducto para la calefacción y el agua caliente y, ante la demanda de calefacción generalizada, el sistema se colapsa».
Cuando estos vecinos de Intxaurrondo llegan a casa no se quitan el abrigo sino que piensan en abrigarse más para pasar la noche a los nueve grados que marca el termostato. Muchos inquilinos no saben cómo remediar el frío que sienten en sus casas: «Con dos hijos en casa,no puedo permitirme comprarme un buen aparato para calentarme estos días», se queja Aizpea González. La pelea de esta madre a la hora de bañar a sus hijos ahora es mayor, «tengo que calentar en cazos el agua y a los niños no les gusta y se escapan». Además, cuenta esta madre que «la vitrocerámica es muy pequeña, así que tampoco puedo calentar un recipiente muy grande de agua porque no cabe», cuenta indignada.
Los apartamentos de la primera planta son los que más están sufriendo la carencia de calefacción. Para poder estar en el apartamento, que consiste en espacio abierto sin puertas, cuenta Cristina que «me lleno de mantas y estoy con el abrigo puesto porque si no, no hay quien aguante. De hecho, este fin de semana la mayoría de los vecinos hemos intentado pasar el mínimo tiempo posible en casa». Además, reflexiona Cristina, «tampoco hay mucha diferencia entre estar en la calle y estar en mi casa en estos momentos».
El enfado de esta comunidad viene de lejos. Aunque los vecinos aseguran que desde el inicio han tenido problemas con el agua caliente y la calefacción, los problemas más reseñables comenzaron en octubre. Entonces, Alokabide les informó de que la calefacción solo se podía poner en marcha desde el 1 de noviembre, pese a que los vecinos necesitaban encenderla antes.
«No se preocupan»
Aizpea González, que vive en uno de estos apartamentos con sus dos hijos, llamó a Alokabide para quejarse: «Me respondieron que me pusiera más mantas y no encendiera la calefacción por la noche».
Ni Alokabide ni la administradora del edificio responden a las quejas de los inquilinos: «Cuando llamamos tenemos que hacerlo a Bilbao porque lo gestionan desde allí y, algunas veces, nos contestan que es la constructora la que se tiene que poner en contacto con nosotros para los problemas».
«Llevamos seis días sin agua caliente ni calefacción y no se han preocupado por nosotros. No nos dan una solución y hacen oídos sordos a nuestras quejas», se queja Itziar Alkorta. Todos los vecinos se han unido para que escuchen sus reivindicaciones, aunque esto no resulta suficiente, pues «se esconden ante nuestras demandas», apunta Aizpea González.
Las molestias de estos vecinos no se quedan en las temperaturas de once, trece o catorce grados que soportan en sus casas. El primer problema de esta comunidad con Alokabide fue en mayo del pasado año, cuando una factura del agua con una cifra desmesurada llamó su atención; les cobraron 7 euros por metro cúbico y el precio ordinario ronda los 43 céntimos por metro cúbico. «Todavía no han reconocido su error con la factura del agua. Al final nos cobraron una cantidad más razonable, pero tras varias reuniones con ellos y amenazas», cuenta la inquilina Itziar Alkorta. «Muchas veces se confunden en el cobro de los recibos», critica Itziar Alkorta. En una ocasión, a una de las inquilinas le cobraron el alquiler del mes bajo el concepto de la escuela de música de Musikene. Y para estos vecinos es necesario que conste el pago del alquiler social para que puedan desgravar en impuestos.
Una escena habitual en la comunidad de Baratzategi 10 es que los pasillos del edificio estén llenos de tenderetes. Es lo que se ven obligados a hacer porque no tienen ningún sitio habilitado para colgar la ropa, algo que les prometieron hace un año.
Lo que los vecinos de Bartzategi 10 reclaman es que les ofrezcan una persona de contacto directo de Alokabide en San Sebastián para poder trasladar su quejas. Asimismo, exigen que el edificio se encuentre en buenas condiciones, es decir, que cuente con una buena calefacción y que les instalen todo lo que en su día les prometieron. Y, por supuesto, quieren que Alokabide dé la cara en la gestión del edificio y que «nos resarza de alguna manera», concluye Cristina.