diariovasco.com
Martes, 29 mayo 2012
sol
Hoy14 / 19||Mañana15 / 18|
más información sobre el tiempo

EN SU CASA DE BARCELONA

Humilde calcetín

07.02.12 - 03:43 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
Recuerdo de la casa de Tàpies en Barcelona su aspecto silencioso y recogido, sólo quebrado por la estética moderna de una arquitectura industrial reconvertida en loft. El atrezzo era formidable, a base de cuadros de coetáneos y compañeros de profesión del maestro, como Picasso, Miró, Penck o el mismo Chillida. Me sentó de inmediato en la penumbra del salón sin protocolos o falsas maneras para responder a mis preguntas. En aquellos tiempos le caía una lluvia de críticas e insultos por el simple hecho de haber creado un calcetín más figurativo que abstracto o, lo que es lo mismo, un calcetín mucho más escultura de forma precisa en gran formato que una humilde prenda sin sentido plástico. «Es que nada es mezquino», se defendía en catalán parafraseando a Salvador Papasseit. «Todo tiene su alma, hasta el objeto más sensible, hasta los pucheros y las cacerolas en las que Santa Teresa encontraba a Dios».
Pero la incultura no le entendía, no le perdonaba su voluntad de trascender la polémica superficial. Y el caso es que Tàpies no se sentía dolido, sino más bien incomprendido. Además, lo importante era su mundo, su fundación y su obra, una creación siempre de elaboración sosegada, reflexiva y de una indagación profunda y espiritual. Teresa, su mujer, silenciosa y discreta, entraba de vez cuando en el salón más para ver si el maestro estaba bien, que para ofrecer las coca-colas que interrumpían la conversación. «Hay gente que no entiende el signo de la cruz en mis cuadros. Claro, es que no es una cruz, sino la 't' de Teresa, mi mujer», decía con una pizca de sorna.
Tàpies no empleaba en la defensa de sus tesis la maldad irascible del meridional, sino la racionalidad de un hombre bueno y culto. Un hombre que conocía la historia, que había sido surrealista y que entró a tiempo en la abstracción, que se inspiró en la preocupación de la Guerra Fría por la física, que se interesó en la mística española, en el budismo y en todo signo de cultura y civilización. «Es que nada es mezquino, nada es despreciable», me repitió como despedida mientras me hacía un pequeño dibujo de un calcetín, como regalo tierno y delicado para mi hija. Para él mi sentido recuerdo.
TAGS RELACIONADOS
En Tuenti
Videos de Cultura
más videos [+]
Cultura
Diario Vasco

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.