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«Me confieso más realista que muchos que dicen serlo»

CULTURA

«Me confieso más realista que muchos que dicen serlo»

07.02.12 - 03:43 -
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De formación autodidacta, Antoni Tàpies no se sentía un pintor antiguo ni siendo un octogenario. «Me han dicho que hago pintura visionaria. Tal vez. Una visión interior, estimulada por el conocimiento, las lecturas, los afectos. Aunque vea mal, la edad me ha proporcionado una especie de seguridad en el gesto: siento que ahora pinto con más desparpajo, sé que no daré una pincelada de más». Enfermo desde joven, el artista siempre reflejó en sus cuadros el paso del tiempo, las heridas y cicatrices en los objetos y la carne. «Cuando miro el catálogo de mi obra y veo que he hecho en todos estos años, me doy cuenta de que siempre, desde que afirmé mi propio lenguaje, han reflejado una visión del mundo variable, según el momento social y político en que fueron hechas. Significa que me ha influido la vida».
Siempre tuvo claro a qué época pertenecía, pero renegó de escuelas y tendencias. Rompió con el movimiento 'Dau al set' por considerar que se le daba una importancia desmedida y protagonizó una enconada polémica con los representantes del hiperrealismo: «Estoy atento a los individuos y no a las tendencias. A mí me interesan los creadores que se salen del pelotón». Su interés por la pintura y la mística oriental viene de los años 40: Tàpies compartía la idea de que nunca se ha de despreciar nada, de que todo resurge y retorna. «He llegado a pensar como un pintor chino, que con una sola pincelada consigue expresar lo esencial del universo. Busco la trascendencia, como muchos, pero de lo real, por eso me confieso más realista que muchos pintores que dicen serlo».
Un escéptico
«Jo pinto i prou! (Yo pinto y basta)», era el grito de rebeldía de un ensayista que comenzó a pintar y a escribir como réplica a los postulados del dictador. «Llegué al antifranquismo cuando vi tanta desgracia e injusticia. No callar me ocasionó muchos problemas por parte de comisarios políticos». En democracia, tampoco se censuró ante «tantos artistas que escalaron y quisieron hacer carrera en el Ayuntamiento o la Generalitat». Sin exiliarse, el ganador del Premio Velázquez 2003 llegó a ser un extraño en su propio país.
«He sido un escéptico toda la vida», proclamaba. «El escéptico no es el que no cree en nada, sino el que duda de todo lo que pasa en el mundo». Su forma de ser, mística y profunda, no impidió que buscara algo tan terrenal como gustar con su obra. «Si hago algo que alguien hizo antes, lo dejo. Yo soy el primer espectador de mi propia obra. Y cuando una cosa me ha salido bien, lo noto en el estómago».
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