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Un voluntario en las cámaras de gas

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Un voluntario en las cámaras de gas

El militar polaco Witold Pilecki se dejó prender por los nazis para entrar en Auschwitz y organizar la resistencia desde dentro

07.02.12 - 03:49 -
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El viernes 27 de enero, el mundo conmemoró el Holocausto y el 67º aniversario de la liberación de Auschwitz, el «epicentro» -asegura Samuel Pisar, superviviente de ese centro de exterminio y de Majdanek y Dachau- «de la mayor catástrofe jamás perpetrada por el hombre contra el hombre». Pese al tiempo transcurrido, no cesan de aparecer nuevos detalles espeluznantes sobre aquellos años: como la serie de 200 retratos realizados en los campos por una veintena de artistas judíos que se exponen estos días en el museo Yad Vashem de Jerusalén o la conmovedora historia de Peter Ginz, el niño prodigio judío que escribió un diario y cinco libros durante su encierro en Theresienstadt y que moriría en Auschwitz.
Como recuerdan los supervivientes del Holocausto, cada hombre es una historia. Una de las más terribles y desconocidas tiene por protagonista al militar polaco Witold Pilecki, un tipo atractivo, al que los retratos muestran rubio y de ojos claros, que decidió dejarse prender para poder entrar en el campo, organizar la resistencia desde dentro y enviar informes sobre lo que ocurría en Auschwitz. Pilecki fue un voluntario en las cámaras de gas.
Lo peor de su caso es que sus superiores no creyeron los horrores que contaba. «Todos suspiran aquí por morir a manos del carnicero Palitsch, un guapo joven que desnuda a los prisioneros, los coloca ante una pared negra y les dispara en la nuca. Eso es mucho mejor que pasar hambre esperando entrar en las cámaras», escribía el voluntario polaco desde el otro lado de las alambradas.
Witold Pilecki (1901-1948) fue una persona marcada por el siglo XX: Nieto de deportados polacos, nació en Karelia. En la I Guerra Mundial, siendo todavía un crío, se sumó a las unidades polacas de autodefensa, luchó contra los soviéticos: primero en el Ejército regular y como partisano, más tarde. Tras la desmovilización se hizo granjero, tuvo dos hijos y en agosto de 1939 fue llamado a filas de nuevo. Ingresó en el ejército como jefe de un pelotón de Caballería poco antes de la invasión alemana de Polonia, el famoso 'blitzkrieg' o guerra relámpago.
Derrotado el ejército polaco y disuelta su división, Pilecki volvió a Varsovia donde ayudó a fundar el llamado Ejército Secreto Polaco. Con un puñado de ametralladoras y rifles antitanque se dedicó a hostigar a las tropas alemanas... hasta que, en 1940, Pilecki presentó un plan para infiltrarse en el campo de Auschwitz, recoger información y organizar la resistencia. El combatiente polaco (ni nadie entonces) sabía que sucedía en aquellos barracones.
Interrogado y torturado
Pilecki se hizo con un documento falso a nombre de Tomasz Serafinski y, el 19 de septiembre de 1940, se dejó prender durante una redada alemana en Varsovia, junto a otros 2.000 civiles. Fue interrogado y torturado durante dos días y conducido al campo de exterminio donde le tatuaron el número 4859 en el antebrazo.
Sobrevivió a las vejaciones, al hambre y a una pulmonía y, entre tanto, fue capaz de poner en marcha la llamada unión clandestina de organizaciones militares. Algunos de sus miembros lograron infiltrarse en las oficinas y almacenes y hasta en el crematorio donde los nazis se deshacían de los cadáveres.
La tarea de los resistentes era tratar de mantener la moral alta en mitad del horror, entregar ropa y alimentos suplementarios a los más necesitados del grupo y recabar información. Con el apoyo de los civiles que vivían cerca del campo pudieron establecer una red de colaboración, recibían medicinas y enviaban información sobre las atrocidades al exterior. Hay historiadores que sostienen que sus superiores no le creyeron. Otros, que tomó la decisión de escapar para informarles de viva voz del exterminio.
Lo cierto es que en la noche del 26 de abril de 1943, Pilecki y dos compañeros más que trabajaban en el turno de noche de una panadería situada en el exterior del perímetro de máxima seguridad lograron desarmar a un guarda, cortar el alambre y escapar. El militar polaco portaba bajo el uniforme de rayas algunas pruebas del Holocausto. Había pasado 945 días en Auschwitz.
Pilecki escribió un informe sobre lo que había visto. Se conoce como Raport Witolda y fue enviado a Londres. Los aliados descartaron intentar liberar el campo; algunos dijeron que los informes eran «exagerados».
Los avatares del bravo polaco continuaron. Nombrado capitán, su militancia anticomunista le llevó a crear una organización contracomunista secreta en la Resistencia polaca. Siguió combatiendo a los alemanes como partisano y, al final de la guerra, se dedicó a preparar una monografía sobre lo que había visto en Auschwitz y, en abril de 1947, inició la tarea de documentar las atrocidades soviéticas cometidas en Polonia. Una tarea que chocó con el poder. Arrestado en mayo de 1947, fue torturado, procesado y condenado a muerte el 15 de mayo de 1948. Lo ejecutaron diez días después.
No hubo otro como él, fue el único que entró voluntario en Auschwitz.
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