Internet forma ya parte incuestionable de la vida cotidiana de la inmensa mayoría de los chavales europeos y hoy, Día Internacional de la Seguridad en Internet, volverán a proliferar las alertas acerca de los incontables peligros que acechan a los menores en la red, acompañados por consejos que, por lo general, conjugan verbos como prohibir, restringir o vigilar.
Frente a esas periódicas voces de alarma, el tercer informe del estudio 'EU Kids Online', una iniciativa liderada por el Departamento de Medios y Comunicación de la London School of Economics en la que participa desde hace siete años un equipo de la UPV-EHU, relativiza el daño real que causa internet, constata los cambios que están introduciendo los dispositivos móviles y las redes sociales y, sobre todo, sugiere a los padres que, a la hora de reducir daños, participar activamente en las actividades de sus hijos en internet es más efectivo que restringir o prohibir.
Porque, como reconoce Maialen Garmendia, directora del equipo del que también forman parte Miguel Ángel Casado, Estefanía Jiménez y Carmelo Garitaonaindia, «ya que los riesgos son inevitables, nuestra filosofía es promover que sean autónomos, que desde pequeños vayan adquiriendo habilidades que les permitan afrontar los peligros y lograr que, con la ayuda de sus padres, los riesgos no se conviertan en daños».
Conocer qué hacen
El estudio, que se basa en un extensísimo trabajo de campo que se realizó entre 25.000 chicos y chicas de 25 países, constata lo evidente -internet es inevitable- y desmonta algunos miedos. Como reconoce Maialen Garmendia, «se ha generado cierto pánico social con respecto a internet y se ha sobreestimado la incidencia de los riesgos. En general, en lo que respecta a los menores, se difunden más informaciones negativas que positivas», pero los datos demuestran que sólo una pequeña parte de los usuarios más jóvenes ha sufrido daños graves derivados de sus actividades en internet.
Los riesgos, como en todo, están ahí, y los que por parte de los adultos se perciben como más peligrosos son los relacionados con la pornografía y los contenidos sexuales explícitos, el bullying o ciberacoso y las posibilidad de entrar en contacto con desconocidos poco recomendables. La diferencia entre el riesgo y el daño, sin embargo, es notable. «La pornografía a la que tienen acceso a través de internet, por ejemplo -señala Garmendia- causa muy poco daño. De hecho, los chavales están más expuestos a la pornografía a través de películas o revistas que en sus actividades en la red». El dato que aporta el estudio a este respecto es significativo: sólo el 14% reconoce haberse topado con imágenes de sexo explícito en internet, pero un escaso 4% se ha sentido ofendido; la mayoría lo ha ignorado sin más consecuencias y sin considerarlo un problema. No ocurre lo mismo con el acoso. «El bullying es percibido por los chavales como el riesgo que más daño les causa, pero también en este caso es mucho más frecuente cara a cara que a través de la red.
En cuanto a la 'cibervulneración' de la norma sagrada «no hables con extraños», es algo que hacen con frecuencia y naturalidad y, en muchos casos, sin tomar demasiadas precauciones. En torno al 15% reconocen que se inventan identidades; que contactan con desconocidos; que envían datos y fotos a personas que no conocen; que acuerdan con desconocidos encuentros presenciales... Pero, pese a ser ese el mayor temor de los padres, la mayoría de esos encuentros se desarrollan sin ningún problema.
«Nosotros usamos el símil de la bicicleta. Cuando un niño aprende a andar en bici empieza a correr ciertos riesgos, pero es una actividad muy valiosa para él, y se la enseña a adquirir habilidades para reducir los riesgos», compara Garmendia.
Lo que ella recomendaría, como madre y como especialista, es «hablar con los hijos; al igual que les preguntamos qué han hecho en la escuela, preguntarles qué han hecho en internet. Conocer qué hacen, con quien hablan, concienciarles de que no pueden colgar determinadas fotos... Participar en sus actividades en internet con naturalidad, perder el miedo a través de la conversación y enseñarles a gestionar los riesgos». Con especial atención a los más pequeños, «que son los más vulnerables».
Además, la estrategia de la prohibición o la restricción no solo se ha revelado poco eficaz en países «donde se usa mucho, como Turquía o Austria, donde lo que han conseguido es tener niños con pocas habilidades». Los cambios tecnológicos y los nuevos hábitos lo convierten en misión casi imposible.
Más móvil, más social
Los consejos tradicionales -tener el ordenador en un espacio común, instalar filtros...- siguen siendo válidos, pero la velocidad a la que están cambiando las cosas los está convirtiendo en obsoletos. Porque, ¿cómo se aplica la teoría del salón a un móvil?. Casi la mitad de los chavales encuestados reconocían en 2010, fecha en la que se hizo el trabajo de campo, que accedían a internet a través del móvil. La cifra, previsiblemente, ya habrá crecido, y cruzada con otros datos dará como resultado el retrato de niños y preadolescentes permanentemente conectados a través de dispositivos muy diversos. Conectados, sobre todo, a redes sociales.
Nuevos medios, nuevos dispositivos y nuevos contenidos requieren, por lo tanto, nuevas estrategias y la participación de más actores que los niños, sus familias y la escuela. En el tema de las redes sociales que pueden presentar, por novedosas, algunas aristas inquietantes, Maialen Garmendia cree que «la industria también tiene que asumir sus responsabilidades y establecer, por ejemplo, mecanismos de verificación de la edad. Y los padres también tienen que estar al corriente de lo que hacen sus hijos e hijas». Hablando con ellos, que son sus mejores guardianes.