En Euskadi están matriculados este curso en Formación Profesional alrededor de 40.000 alumnos, un 10% más que en el anterior. Seis de cada diez cursan Grado Superior, al que se accede tras el Bachillerato, y el resto se reparten entre quienes hacen el Grado Medio, al que llegan después de cursar la ESO.
A ellos habría que añadir otro elevado porcentaje, en torno a 7.000 alumnos, que lo hacen a través de la FP dual que permite compatibilizar el aprendizaje reglado con prácticas o trabajos en empresas a través de la oferta modular parcial o semipresencial.
Por estudios cursados, los titulados de FP suponen en Euskadi el 13,7% del total, porcentaje que permanece estable en los últimos cinco años. Es casi el doble de los titulados en el conjunto del Estado, donde la FP aporta el 7% del total.
Entre la población ocupada el peso de la FP de grado superior aumenta de forma progresiva y la diferencia con la media española se agranda. En cualquier caso, el peso de la FP entre los ocupados, 19,5% en Euskadi, y 10,6% en España, es inferior al del entorno europeo donde la proporción de ocupados con FP se mueve entre el 35% y el 50%.
Iñigo Celada, de 30 años, y Nuria Madruga, de 22, simbolizan dos de las caras de esta realidad respecto a la FP. Ella ha logrado un contrato en la imprenta donde realizó las prácticas tras concluir Artes Gráficas. Él estudió un módulo de sistemas eléctricos, hizo las prácticas en la Corporación Tecnalia pero «no ha habido suerte» y ahora está en paro. Celada hizo FP porque pensaba que «tenía una salida directa al mercado laboral». Hizo con 21 años otro modulo superior de desarrollo de proyectos mecánicos y a los 28 «me metí en éste pero tampoco sonó la flauta en las prácticas». Ha ido tirando con trabajos a través de ETT. Volvería a estudiar pero algún curso complementario. «Ahora mismo no quiero hacer otro módulo, igual algún ciclo o cursos de Hobetuz o Lanbide. Nunca se sabe donde puede estar la oportunidad».
Esa oportunidad a Nuria le ha llegado en una imprenta de cinco empleados donde ha logrado un contrato a tiempo parcial tras la reducción de jornada de otra empleada. Compatibiliza el trabajo con los estudios y piensa seguir formándose. Logró a través de Lanbide su primer trabajo con solo 16 años. «No quería hacer bachillerato y opté por grados medios. Hice preimpresión, me gustó, he seguido y hasta ahora. Las prácticas ayudan a formarse: aprendes cosas que no salen en las clases».
Estudiaron en el Instituto de FP Emilio Campuzano de Atxuri de Bilbao, centro histórico que imparte los tres subsistemas (Reglada, Ocupacional y Continua) en siete familias profesionales: Artes Gráficas, Automoción, Electricidad, Electrónica, Fabricación Mecánica, Mantenimiento y Servicios a la Producción y Edificación y Obra Civil.
El centro colabora con cerca de 500 empresas de toda Euskadi y tiene matriculados alumnos procedentes tanto del resto del País Vasco como de Cantabria.
Su subidrector, Pascual Bikandi, sabe lo complicado que está el mercado. Imparten formación a 1.000 alumnos y este curso las matriculaciones crecieron un 19%. Reconoce que cada vez cuesta más dar salida a los alumnos. «Antes nos los quitaban de las manos; ahora las empresas son las mismas pero demandan menos mano de obra». Considera clave adaptar la capacidad y el perfil de los alumnos a las necesidades de las empresas, pero también que las características del tejido empresarial vasco, con un 90% de pymes no ayudan. «La empresa pequeña no tiene tan interiorizada la cultura de colaborar con los centros en busca de empleados y hay que hacer el trabajo desde aquí para llegar a ellas».