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Panko, un tipo de costumbres

VICTORIA EN ILLUMBE

Panko, un tipo de costumbres

El de Harrisburg impone su ley en un partido espeso y el Lagun Aro se coloca sexto

06.02.12 - 01:58 -
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«Soy un tío aburrido, lo siento». Así se describe a sí mismo Andy Panko. Cuando se le pregunta por sus hobbies habla de estar en casa con su familia, descansar -como en la foto de la publicidad de la parte baja de su página-, leer... Poco más. Es un tipo de rutinas.
Perdón, me dejaba una. Durante la semana la va ensayando y, cada siete días, la pone en práctica con una regularidad aplastante. Se enfunda la camiseta del Lagun Aro, siete a la espalda, y pone en marcha la calculadora.
Cada partido, unos veinte. No falla a su cita porque Panko es un tío serio, de ideas fijas, de los que no deja los deberes sin hacer. Empieza a sumar, a sumar, a sumar, y cuando suena la bocina, se vuelve a casa con su familia, a descansar. Costumbres.
Ayer volvía a tocar. Se puso las botas por dos veces. Primero, en el vestuario. Después, en la cancha. Impuso su rutina, su ley, para solventar un partido espeso, duro, sin brillo.
Panko necesitó menos de 25 minutos para meter 22 puntos, ocho de ellos en el último cuarto, con los que el Lagun Aro se apuntó su tercera victoria consecutiva, la octava en nueve partidos, y se colocó sexto. Ojo, eso después de diecinueve jornadas. Nada menos.
El conjunto guipuzcoano tuvo que sufrir para superar al Valladolid, que llegaba a Illumbe con piel de cordero. Colista, en mala racha, con entrenador nuevo y su base, Dumas, lesionado. Pero el Lagun Aro no fue capaz de encontrarse cómodo en ningún momento, no pudo romper el partido.
Estuvo frío. Le faltó actividad en ataque. Al Lagun Aro le costaba iniciar las transiciones, meter una marcha más. Y además, tampoco vio aro en el tiro exterior.
Firmó un cinco de veinte en triples. Dos llevaron la firma de Baron, que tras un desliz, volvió a su cita con el 6,75. En quince minutos, el Búho metió trece puntos.
Sin acierto exterior
El bajo porcentaje impedía al Lagun Aro arrancar. El balón no fluía como en otras ocasiones. El equipo estuvo contemplativo, sobre todo hasta el descanso, sin soltura. El contexto era distinto al de victorias anteriores.
Y aun y todo, se ganó. El Lagun Aro volvió a demostrar que es capaz de sacar situaciones difíciles adelante en cualquier contexto. un síntoma inequívoco de solidez, de solvencia.
Los guipuzcoanos sólo entraron en calor en tres momentos puntuales. Al final del primer acto, un triplazo de Baron se unió a una gran canasta en contraataque de Neto abrían un parcial favorable al GBC.
Parecía que el Lagun Aro pedía pista para despegue, con 19-12. No fue así. El Valladolid respondió con dos triples y volvió a pegarse.
El partido mantuvo sus derroteros. El Valladolid se encontraba cómodo en un ritmo más lento. Uriz e Isaac López ponían los puntos, y los interiores impedían al GBC rebotear con soltura. Mientras, Panko, con algún problema de faltas, y acciones de todo tipo de Vidal daban la alternativa por parte local.
Destacó un costa a costa que optará a canasta de la jornada. Con 28-27, Vidal cogió un rebote defensivo. Sin mirar atrás, puso la directa. En décimas de segundo ya estaba en el otro aro. Dio dos pasos, se levantó, y la dejó con la izquierda por encima de los pívots rivales. Canastón.
Hubo que esperar hasta l final del tercer cuarto para que el Lagun Aro volviese a despojarse de cadenas. Con 35-37 en el marcador, el conjunto de Sito Alonso combinó defensas intensas y una buena circulación de balón para entrar en el último cuarto con ventaja.
El 14-2 en menos de cuatro minutos estuvo certificado por un triple de Salgado. Era un parcial que tenía pinta de definitivo. Pero, de nuevo, no resultó definitivo. Porque el Lagun Aro salió grogui al último cuarto y el Valladolid volvió a ponerse a rueda. En tres minutos, encajó un 1-9 que obligó a parar el partido con un tiempo muerto. La tarde era fría, espesa, y tocaba volver a empezar.
Y ahí esta Panko. Con sus rutinas. Salió a pista a falta de siete minutos y cinco segundos, con catorce puntos. Veinte segundos después, ya estaba en dieciséis.
Imparable
Anotó desde el poste bajo, tras media vuelta, penetrando. Herve Touré sólo pudo verle la matrícula. Metió el 52-48 que rompía el parcial. También el 56-50.
Un triple de Robinson volvió a poner al Valladolid a dos puntos, 58-56. Balón a Panko. Ganó la posición en el poste bajo, se levantó, y la clavó. Tarea fácil para él.
Y después, dos tiros libres. 62-56. Un labor pulcra, aseada, que supuso el impulso definitivo. Ésta vez sí, a la tercera, el Lagun Aro iba a cerrar el partido. Salgado activó su reloj para, rozando la bocina de posesión, poner el 64-56 con una bomba. Valladolid seguía sin sumar y el Lagun Aro, cerrando el rebote.
La intensidad de Vidal y un enorme mate de Doblas pusieron el broche a la victoria. Un triunfo valioso porque cuando un equipo es capaz de ganar en un día espeso significa que las cosas marchan bien.
El Lagun Aro se va asentando en la zona noble. Ya es sexto, con el descenso lejos. Las razones para el optimismo, para soñar, siguen agolpándose. Y mientras, Panko, en casa. Descansando.
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