El intenso abrazo entre Alfredo y Patxi camino al escenario donde Pérez Rubalcaba pronunció su primer discurso como líder del PSOE lo dejó claro. La apuesta sin apenas resquicios de los socialistas vascos por el candidato que ha compartido con ellos la recta final de ETA deja al PSE en una inmejorable posición dentro del partido. Pese a que el nuevo secretario general aseguró, por la mañana, en la defensa de su proyecto que en la ejecutiva federal que se conocerá hoy no primará a unos territorios sobre otros, el apoyo incondicional que Rubalcaba ha encontrado en el lehendakari y los suyos tendrá recompensa en forma de algún puesto preferente en la nueva dirección nacional.
Fuentes extraoficiales apuntaban anoche la más que probable posibilidad de que la conexión Alfredo-Patxi se visualice, más allá del abrazo, con un cargo para el lehendakari dentro de la nueva ejecutiva del PSOE, aunque su función orgánica tuviera un carácter más simbólico que operativo. Desde luego, nadie, ni el propio López, veía ayer por la noche descabellada una opción que Rubalcaba avanzó ya hace unos días: «Por mí (Patxi López) lo será todo», dijo en uno de sus últimos actos de campaña.
Pero el lehendakari, cuyo «emotivo» discurso del viernes inclinó para algunos la balanza final, tiene en este momento otro cometido. Y ante las críticas que arrecian por parte de sus oponentes vascos sobre que ya mira más hacia Madrid que a Euskadi, el PSE se defiende y asegura que López, «como ha hecho Ares hasta ahora», mantendrá la «misma intensidad» en su trabajo al frente del Gobierno Vasco y «no desviará ni un ápice su atención». Los socialistas vascos recuerdan que López es su mejor activo y que, aunque saben que su figura es codiciada por el partido en toda España, el lehendakari seguirá dedicado en cuerpo y alma a la política vasca y se presentará a la reelección en los comicios vascos del próximo año.
Por contra, una de las sorpresas que podría alumbrar la nueva ejecutiva de Rubalcaba sería la ausencia de Rodolfo Ares en esa lista de elegidos. Al parecer, el consejero de Interior, que ocupaba un puesto de vocal en la anterior dirección, habría pedido al recién elegido secretario general su relevo para dedicarse de forma exclusiva a la política vasca. Ares, no obstante, permanecería en el comité federal.
Asimismo, fuentes del PSE daban anoche por hecho que el vizcaíno Eduardo Madina, tercero de Zapatero en el Congreso durante la última legislatura, mantendría su puesto en la ejecutiva federal, donde ha sido vocal, así como su cargo como portavoz adjunto en el Congreso de los Diputados.
Los dirigentes vascos han tenido un papel influyente con el nuevo líder del PSOE en las negociaciones de para la confección de la nueva ejecutiva. No hay que olvidar que Rubalcaba se ha mimetizado durante las múltiples ocasiones que ha viajado a Euskadi, bien en campaña electoral bien en estas primarias, a lo largo del último año. «Soy uno de los vuestros», ha dicho en más de una ocasión. Y así se ha ganado no solo la confianza de los militantes de Euskadi en lo personal sino también en el trabajo que como ministro del Interior estaba haciendo, junto a Rodríguez Zapatero, para poner el broche definitivo a la violencia terrorista. Este asunto o casi «obsesión» -reconoce algún dirigente- ha centrado los pensamientos del PSE en los últimos tiempos, y también los de Rubalcaba, a quienes los socialistas vascos reconocen «compromiso» y cercanía. «Conoce como nadie la realidad de Euskadi», aseguraba ayer desde Sevilla José Antonio Pastor, el portavoz parlamentario del PSE.
«Contento» por ver triunfar la «línea» por la «que habíamos apostado», Pastor confiaba en que «más allá» del premio que reciban los vascos en forma de puestos en la ejecutiva federal -que «no es lo relevante», aseveraba- Rubalcaba comience a «coser» un partido que, en su opinión.
Los 22 delegados vascos que, en mayoría aunque no en bloque, confiaron la suerte del partido en manos de «la experiencia», son casualmente los votos que despertaron a Carme Chacón de su sueño por liderar el PSOE.