La temporada arraunlari sigue su curso sin dejar de mirar de reojo a una eterna e irritante posibilidad de intrusiones llamada Caso Urdaibai. Espera ver finalizada la fase de diligencias previas este mismo mes, dieciséis después de que la Fiscalía de Bilbao iniciara, tras la denuncia de José Luis Korta, su investigación. Sin embargo, hace tiempo que el incipiente interés tornó en escepticismo, que la sed de justicia derivó en puro morbo.
En los próximos días la jueza tomará declaración a las dos personas que faltan por testificar y cerrará la fase de instrucción, punto de inflexión a partir del cual se retomarán los expedientes disciplinarios abiertos y suspendidos, tanto en el seno de la ACT como en el de la Federación Española de Remo.
La corriente que consideraba que la información que emanaba de la investigación era suficiente como para tomar medidas sancionadoras y la que abogaba por esperar a que finalizara el proceso penal abierto llegaron en julio a un acuerdo con el Juez Árbitro de la ACT, Andreu Camps, para suspender el procedimiento disciplinario hasta que finalizaran las diligencias previas, lo que se preveía que ocurriera antes del 30 de septiembre.
Una vez más, la elasticidad de la justicia ha demorado los tiempos hasta el punto de que las respectivas asambleas de comienzo de año de la ACT y la ARC hayan ratificado ya las altas y bajas de sus asociados quedando las diferentes competiciones estructuradas en cuanto a su participación.
La jueza instructora debe ahora dictar un auto solicitando la apertura de un juicio oral o archivando la causa, valorando el proceso siempre desde el punto de vista penal y respecto a la decena de personas (ninguna deportista del club bermeano) ya imputadas por su posible relación con un delito contra la salud pública. La magistrada no se pronunciará en ningún caso sobre la legitimidad de los resultados deportivos de la plantilla de Urdaibai.
Vía penal y vía disciplinaria
En este sentido, el asesor jurídico de la ACT, Borja Osés, aclara que «la vía disciplinaria que se retomará una vez finalizada la fase de instrucción examinará la posible infracción deportiva mientras que la vía penal, que seguirá su curso, investigará la existencia o no de un delito».
Será el Juez Único de la ACT, Miguel Juane, quien deba resolver el entuerto estrictamente disciplinario del caso: pronunciarse sobre la aplicación o no de una sanción y sobre el tipo de sanción. Borja Osés explica que «el Juez Único ha tenido acceso a la información de la investigación dado que la ACT ha estado en el proceso como acusación particular para defender los intereses de la asociación en caso de verse afectada».
El propio Miguel Juane desestimó en agosto la medida de suspensión cautelar solicitada por la propia asociación a instancias de su Junta Directiva y con el apoyo de siete de sus doce miembros. Apuntó entonces a «los daños irreparables» que conllevaría una exclusión o suspensión para el club afectado si éste resulta luego absuelto en el ámbito judicial.
Se encuentra ahora ante la temible disyuntiva de respetar o no la máxima legal de no sancionar hasta que exista una resolución penal. Una futura absolución de los imputados por esta vía penal -la sentencia del posible juicio podría retrasarse años- deslegitimaría cualquier sanción tomada de antemano.
La lista de incógnitas a despejar en la compleja ecuación en la que se ha convertido con el tiempo el Caso Urdaibai, lejos de terminar, se amplía en caso de una sanción disciplinaria a Urdaibai por parte del Juez Único. La entidad txo podría recurrir al Árbitro, quien debería sopesar todos los dilemas de su colega de instancia inferior.
Orio recurre al Árbitro
En caso de que la contundencia de la sanción implicase la pérdida de categoría de Urdaibai, aún se desconocen las consecuencias colaterales que pudieran padecer otros clubes. Orio y Camargo han recurrido recientemente al Árbitro la última asamblea de la ACT en la que fueron dados de baja como asociados mientras se ratificaron las altas de Portugalete y Zierbena.
El presidente oriotarra, Ibon Huegun, sostiene que «en ningún momento ha habido una votación para eliminar la medida cautelar que impulsó el Comité de Competición y que derivó en nuestra participación en el play off. Lo que se hizo en la asamblea fue votar en bloque las altas y bajas sin tener en cuenta esa situación de cautelaridad».
Huegun explica que «en la reunión algunos clubes valoramos la posibilidad de poner una fecha límite a partir de la cual, en caso de no haber finalizado la fase de diligencias previas, quedara sin efecto la cautelar. Pero otros clubes quisieron ratificar el mismo día altas y bajas sin atender a lo que pasara con esa cautelar. Por eso hemos recurrido al Árbitro».
Despeja suspicacias afirmando que «no hay duda de que deportivamente hemos quedado los últimos y nos hemos dirigido a todos los integrantes de la plantilla en clave de que nos toca competir en la ARC, pero hay una situación que no hemos provocado nosotros y vamos a defender los intereses del club. Si una cautelar nos manda al play off, lo preparamos con mimo y obtenemos un resultado, no queremos echar por tierra ese trabajo. ¿Que una mayoría vota eliminar la cautelar? De acuerdo. Pero no se ha hecho así y entendemos que todavía estamos en esa situación de cautelaridad».
Si el Árbitro rechaza el recurso, ya no se podrá privar a Portugalete y Zierbena de su condición de socios. De aceptarlo, la situación de los entrenados por Patxi Francés volverá a ser indeterminada. La expulsión de Urdaibai y la aplicación de la cautelar devolvería a Orio y Camargo a la ACT en detrimento de Zierbena.
Tranquilidad en Bermeo
En el caso, remoto a día de hoy, de que una medida disciplinaria dejara a Urdaibai fuera de la ACT durante esta misma temporada, con la medida cautelar adoptada para el play off ya sin efecto, se abriría un escenario incierto que ni siquiera quiere sopesar la nueva Junta de la ACT, constituida en la reciente asamblea del 21 de enero .
Este supuesto derivaría en una asociación de once clubes, con la nueva patata caliente de decidir la incorporación o no de uno u otro socio.
Los efectos de la apertura del caso se han difuminado con el tiempo y ni siquiera los potenciales afectados perciben la amenaza de una sanción a corto plazo. El entrenador de Urdaibai, Juan Mari Etxabe, reconoce que «el asunto está olvidado y lo que nos perjudica ahora es la tensión del año pasado, más que la preocupación por lo que pueda venir. Los remeros terminaron muy quemados y todavía quedan secuelas».
El oiartzuarra fichó con el club bermeano en pleno apogeo del Caso Urdaibai y confiesa que «intenté informarme bien y estuve con abogados. La conclusión que me trasladaron fue que no hay por dónde agarrar una acusación. La actitud del club también ha sido la de planificar todo con total normalidad, sin contemplar ninguna sanción. Además, últimamente se perciben más apoyos que nunca por parte de otros clubes. El entorno está cada vez más con nosotros».
El paso del tiempo, elemento atenuante para aquellos sobre los que se vierten las acusaciones, ha ejercido de factor agravante para los acusadores. José Luis Korta, entrenador de Kaiku que inició la denuncia, sostiene que «no se debía haber esperado hasta este punto del proceso para tomar medidas disciplinarias. Las federaciones y la ACT han mirado hacia otro lado y espero que actúen ahora, aunque no me fío de nadie».
El de Ortzaika está convencido de que hay suficientes indicios como para sancionar a Urdaibai. «El Juez Único tiene un informe de miles de páginas, ¿no va a ser suficiente?», expresa irritado. Argumenta que «el reglamento dice claro cuáles son las faltas graves. Una es dar positivo, otra es no ir a un control y hay otra que se refiere a estar en posesión de sustancias dopantes. ¿Qué más hace falta para sancionar con todo lo que se les ha pillado?», se pregunta impotente ante la dejadez que, a su juicio, han demostrado hasta ahora los órganos disciplinarios.
Dinero y abogados por medio
Korta lamenta que «los pobres tengan que pagar sanciones de dos años mientras que los que tienen dinero y abogados salen de rositas» y advierte de que su reivindicación no responde a una pataleta. «Dije en septiembre de 2010 que ésta sería la regata más importante de mi vida y también la más dura, pero se lo debo al remo».
Sea por la amenaza de un riesgo inminente o el temor de que algo indeseado sobrevenga, sea por la imagen de un proceso muerto por el paso del tiempo, el Caso Urdaibai sobrevuela el mundillo arraunlari como un fantasma que, lo quieran o no unos y otros, sigue vivo.