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Y con el coche, ¿qué hacemos?

ARRASATE

Y con el coche, ¿qué hacemos?

La progresiva peatonalización del centro suscita esta pregunta entre los automovilistas. Residentes en las calles aledañas a Gazteluondo han alzado la voz sobre la problemática de la peatonalización

05.02.12 - 02:50 -
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La peatonalización, que lenta pero inexorablemente se extiende por el centro urbano, suscita siempre la misma cuestión: y con el coche ¿qué hacemos?. Residir en el centro, poseer un automóvil y carecer de una plaza de garaje resulta cada vez más insostenible.
Los residentes en Gazteluondo y aledaños han sido los últimos en alzar la voz contra una peatonalización que despejará la calle de coches para bien y para mal.
Nadie cuestiona la idoneidad de conquistar espacios para el peatón. Pero no todos los residentes en una calle libre de coches se alegran de los 'beneficios' de esta medida. Zigor Axpe y Josu Sarabia, en representación de un grupo de 150 residentes en Gazteluondo y aledaños, recalcaban que «no vivimos en Donostia u otra localidad turística que reciba una gran afluencia de visitantes. Estamos en un pueblo industrial y fabril, donde la gente utiliza su automóvil particular por motivos laborales, y muchos trabajan a relevos». Además, las limitaciones del transporte público local «impiden que este servicio constituya una alternativa práctica al vehículo particular», añadían estos vecinos.
«¿Que hay quitar los coches?; de acuerdo. Pero la consecuencia de esta medida constituye un problema tremendo para mucha gente» aseveraban Sarabia y Axpe. La orografía de esta parte alta del casco histórico, con sus calles empinadas y estrechas, no invita al uso de la bicicleta, «aunque recurrimos a ella siempre que podemos». Y las características arquitectónicas de la zona descartan totalmente la opción de construir garajes subterráneos.
La treintena de plazas de estacionamiento en superficie que desaparecerán con la peatonalización de Gazteluondo suscitan la inevitable interrogante: ¿Dónde vamos a aparcar ahora?La pregunta va explícitamente dirigida al Ayuntamiento, al que los automovilistas de las áreas peatonalizadas se dirigen en demanda de una solución para sus problemas de aparcamiento.
Pero el consistorio no va a resolver los problemas particulares de estos automovilistas. Nada menos que 11.326 turismos empadronados en Arrasate pagan el correspondiente impuesto municipal. Una tasa de circulación que, como han advertido reiteradamente desde los servicios técnicos municipales, «no equivale a un 'impuesto de aparcamiento'». Lo que es seguro es que el consistorio no va a proporcionar aparcamiento gratuito para 11.326 automóviles. Bien porque no hay espacio físico para dar cabida a semejante parque móvil, o bien porque los recursos económicos municipales -bastante exiguos en los últimos años- tienen otras prioridades inversoras.
Biteri y Laubide
Los responsables municipales barajan sin embargo mejorar la oferta de aparcamiento subterráneo de pago. Para ello estudian la fórmula de reabrir el aparcamiento de Laubide. El objetivo es mantener abiertos los dos parkings de Biteri y Laubide paralelamente para ampliar el número de plazas disponibles.
Una vez activados estos dos aparcamientos, la contrapartida pasará por endurecer la disciplina en materia de tráfico y estacionamiento. Un estudio en curso concretará los plazos y las áreas para la implantación de la OTA en el centro urbano. Esta regulación de estacionamiento, que podría emular el modelo bergarés gratuito, traería aparejado un mayor rigor a la hora de emplear la grúa municipal para sancionar a los coches mal aparcados.
El debate en torno a la peatonalización y sus consecuencias, positivas o negativas, tiene también su repercusión en depreciación o revalorización de las zonas afectadas.
Los vecinos de Gazteluondo antes citados temen que sus viviendas «se devalúen» como consecuencia de la peatonalización. Las restricciones en el acceso de vehículos y la supresión de estacionamientos comportarán, a su juicio, una depreciación de sus viviendas, que resultarán menos atractivas a ojos de un hipotético comprador.
Desde los servicios técnicos municipales, la interpretación es diametralmente opuesta. «La calidad de vida mejora en las áreas peatonalizadas». La ausencia de tráfico proporcionaría por tanto un valor añadido a estas viviendas.
La peatonalización es una «tendencia generalizada en prácticamente todas las ciudades», enfatizaban desde el Ayuntamiento. Ahí está, señalaban, el ejemplo de la Gran Vía de Bilbao, cuyo denso tráfico ha dejado paso a una zona peatonal con terrazas.
También entre los residentes en las calles adyacentes a Gazteluondo, se han alzado voces a favor de la peatonalización de la zona.
Un vecino de Ferrerías daba la réplica a las denuncias de sus convecinos opuestos al cierre de Gazteluondo argumentando que «no es que falten aparcamientos en Arrasate; es que sobran coches».
Siendo él mismo propietario de un automóvil, este vecino aseguraba que lo que subyace bajo la demanda de «más aparcamiento» es la exigencia de «aparcamiento cerca de mi casa, e incluso debajo de mi casa». Este mondragonés quería así sacar a la palestra los malos hábitos de muchos automovilistas residentes en el centro que «pueden encontrar aparcamiento en Altamira, en las casas de Elma o en Zarugalde, a cinco minutos a pie del casco histórico. Lo que en Arrasate constituye una distancia 'insalvable', en cualquier ciudad resulta irrisoria».
En su alegato a favor de la peatonalización del casco histórico, este vecino de Ferrerías ponía el dedo en la llaga de la falta de consideración que muestran algunos automovilistas hacia las áreas peatonales. Durante el tiempo que los pivotes que cierran la calle Ferrerías han permanecido retirados, los vecinos «hemos padecido una situación vergonzosa: colas de coches en Ferrerías, la plazoleta del palacio Mendia y la Herriko plaza repletas de vehículos estacionados...».
Este arrasatearra confesaba que residir en el casco histórico «tiene sus limitaciones, como tener que traer las compras a casa a mano, ruidos o suciedades... pero también es un privilegio y un lujo vivir en entorno sin el tráfico continuo que soportan otras zonas».
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