Un buen fuego es mucho más agradable y estético que un radiador, de eso no cabe duda. Sin embargo, las ventajas estéticas no han sido suficientes para evitar el declive de los métodos de calefacción más tradicionales, arrinconados en las últimas décadas por alternativas más modernas y más limpias que, eso tampoco se puede poner en cuestión, dan menos trabajo.
Chimeneas, estufas y, en general, equipos que producen calor quemando productos derivados de la madera, siguen ocupando un lugar prácticamente testimonial en el ranking de los sistemas de calefacción. No obstante, teniendo en cuenta el precio que están alcanzando combustibles como el gasóleo o el propano, muy utilizados para alimentar el sistema de calefacción más habitual (una caldera con sus correspondiente red de radiadores), las nuevas y evolucionadísimas versiones de los clásicos que garantizaban el 'calor de hogar' van ganando posiciones y adeptos.
Los van ganando sobre todo entre quienes se encuentran fuera de cobertura en lo que respecta al suministro de gas natural. Esa es, precisamente, la fuente de energía que más se acerca en términos de precio a la biomasa y, según datos del Ente Vasco de la Energía, una de las más utilizadas en el sector residencial en Euskadi. Comparte primacía con la energía eléctrica; el gas natural supone el 39,2% del consumo, y la energía eléctrica el 40%. Lejos quedan el petróleo y sus derivados (17%) y a enorme distancias las renovables (3,9%).
Una factura considerable
Donde menos densa es la red de suministro de gas natural es en el medio rural, entorno en el que, por otra parte, mayor es el número de casas con la tipología más adecuada para instalar chimeneas. Una buena combinación para que, en tiempos de crisis que obligan a exprimir la rentabilidad de cada euro, el descubrimiento que hace cientos de miles de años se convirtió en uno de los principales pilares de la civilización vuelve a estar en boga.
Por el contrario, la instalación de una chimenea o una estufa que requiera una salida de humos al tejado es misión harto complicada en muchos inmuebles de pisos. Sus propietarios, no obstante, tienen cada vez más alternativas, incluyendo aparatos eléctricos o de gas que simulan el fuego con mucho cierto.
Tiene mucho que ver con el auge de la chimeneta y similares, que confirman los expertos consultados, el hecho de que los fuegos bajos tradicionales no tengan nada que ver con las alternativas que se ofrecen a quienes, por conciencia ecológica o por razones económicas, regresan al fuego. Porque, sobre todo si se compara con algunos combustibles fósiles, la decisión tiene repercusiones medioambientales, pero son especialmente apreciables las económicas.
Y no son para nada anecdóticas teniendo que cuenta que, según el EVE, el 50% de la energía que se consume en una vivienda tipo de la zona costera de Euskadi se destina a la calefacción, cubriendo la mitad restante todos los demás consumos (iluminación, electrodomésticos, calentamiento del agua...). En zonas más frías del interior el consumo destinado a caldear la casa puede alcanzar el 60% de la factura energética doméstica.
Si a ese dato le añadimos otro que indica que el precio del kWh (kilovatio-hora) es en el caso de la biomas de madera casi cuatro veces más barato que el del gasóleo, tres veces más económico que el propano y cuesta la mitad que el gas natural (en todos los casos, incluyendo el coste de la instalación y en condiciones similares) es fácil entender que cada vez sean más quienes, especialmente en días de frío riguroso como los que estamos atravesando, optan por los distintos sistemas de calefacción que usan como combustible la madera, convirtiéndolos en su única fuente de calor o utilizándolos como complemento de otros.
«Cada vez se enciende más»
Cuarenta años vendiendo e instalando chimenetas convierten a José Ignacio, de la empresa donostiarra Kebidek, en un buen testigo de cómo han evolucionado las cosas. Asegura que «de un tiempo a esta parte la cosa ha cambiado mucho, tanto en chimenetas como en estufas. Hasta hace unos años, la gente utilizaba las chimenetas como elemento decorativo, acaso para días puntuales. Ahora, como todos los productos han subido considerablemente, la gente empieza a pensárselo y cada vez se enciende más la chimenea».
Su exposición, situada en el barrio donostiarra de Rekalde, es -al igual que las de las restantes firmas que realizan este tipo de instalaciones-, la mejor prueba de que su siguiente afirmación es cierta: «Las chimeneas han cambiado mucho en pocos años. Antes presentaban problemas de tiraje, de seguridad, eran sucias... Luego llego la chimenea de cassette, que ha sido la salvación de la chimenea abierta: da mucha seguridad, no hay riesgo de que salte una chispa, el consumo es mucho menor y el rendimiento mucho mayor. Ya no se venden chimeneas abiertas, el 100% son cassettes insertables».
También han cambiado mucho las estufas «más pequeñas, más baratas» que, al igual que las chimeneas o las instalaciones que llegan a alimentar completos sistemas de calefacción, llevan años ganando en rendimiento y en limpieza y trayendo clientes a un sector al que, parece, no le afecta mucho la crisis.
Pero, sin la leña adecuada y el conocimiento necesario, la mejor chimenea puede convertirse en un foco de problemas. De madera y de leña sabe mucho Puri, de la empresa Arimar de Urrestilla, que este año cumple cuatro décadas dedicada a la fabricación de piezas de madera para ensamblaje y bricolaje. En los últimos años, realizando importantes inversiones y respondiendo a las dificultades mediante la diversificación de sus actividades, produce briquetas y leña para chimeneas, estufas, cocinas o barbacoas. Exportan parte de su producción, y producen utilizando una única madera: haya de bosques que adquieren «en Navarra e Iparralde, en la zona de Irati» y gestionan de manera integral, con todos los certificados necesarios para avalar su gestión sostenible.
Madera «100% natural, limpia, con muy buenas propiedades» y, cuestión clave, libre de humedad tras haber recibido «el último remate» en sus secaderos. «Cuanto más seca está, más calienta», afirma, añadiendo que «no hay que confundir el fuego con el calor». Son matices importantes que los habituales tienen muy en cuenta y que los neófitos a menudo ignoran. Porque el fuego, como todo, además de sus ventajas y sus inconvenientes también tiene sus trucos. Puri confirma que la demanda de leña está en ascenso -«estos días está viniendo cantidad de gente»-, aunque lamenta que «todo el trabajo que da, ni se valora ni se paga».