Tercera generación de herreros en la calle San Vicente, Mariano se jubilará dentro de unos meses tras 53 años en un oficio tan antiguo como los dioses (recuerden a Vulcano, esposo de Venus, señor del fuego y los volcanes, creador de las armas de los dioses y los héroes): el de herrero, el de ferrón. Se jubila sin duelo, con la alegría de poder ser dueño de su tiempo y sabiendo que viajará, leerá y cocinará. Sabiendo que ha amado su oficio. Desde que entró en la herrería de su gente a los 12 años. Charlamos confortablement en la cervecería de al lado, Paulaner Bierhaus, el día que empezó a nevar sobre Donostia.
– ¿Hacemos un poco de historia sobre este lugar que aún conserva crisoles, moldes para el plomo fundido y el hueco de la chimenea de la fragua antigua?
– La fundó en 1908 un tío de mi tío, Andrés Irazoki, que llegó a concejal del Ayuntamiento de Donosti. Murió sin descendencia directa así que la heredó su sobrino, Rafael Alkorta. Yo nací en el 38 de Fermín Calbetón, junto al Bartolo, aunque ahora vivo en San Blas desde donde veo un trozo de mar aunque soy más de monte. Estudié en los colegios de El Ensanche y Los Ángeles. Entré en la herrería con 12 años pero seguí estudiando: delineación en la Academia Mercadal.
– Otro lugar de leyenda en esta ciudad, no lejos de la Garagar...
Sus comienzos en la herrería ¿fueron de aprendiz absoluto, para barrer virutas y pavesas?
– No te creas, enseguida empecé ya a tratar con el hierro, el yunque, la forja, la fragua. A mí este oficio me fascinó desde chico y pronto estaba reproduciendo la imagen que colgamos en la entrada de la herrería, esa representa nuestro trabajo.
– ¿Dos herreros con mandil de cuero golpeando el hierro sobre el yunque?
– Casi pero no es exactamente así. Fíjate bien, son dos figuras humanas pero una representa al herrero y otra al ayudante.
– ¿Se sabe por la diferencia de estatura?
– No, por la herramienta que maneja cada uno. El aprendiz usa la porra para sujetar la barra de hierro, para desbastarla. El maestro utiliza el martillo, con el que va realizandoel trabajo de modelado, de moldeado, de crear la forma que desea parala pieza. Y eso, precisamente eso, es lo que más me gustó y me gustará siempre de este oficio.
– ¿Ese acto de creación, de transformación de la materia?
– Totalmente. Me parecía y me parece fascinante el hecho de tomar una barra de hierro y gracias a la acción del fuego, el yunque, la forja y el martillo convertirlo en lo que el maestro desee.
– Ahora ya, signo de los tiempos, la mayoría de los trabajos de forja vienen manufacturados, producidos en serie.
– Sí pero también podría decirte que para nada. Es verdad que hoy en día el trabajo de muchos herreros no consiste en crear algo que no existía sino en montar piezas que llegan embaladas de fábrica y se sujetan a las balconadas con llantas. Es cierto también que incluso quien desea un trabajo de herrería lo pide sencillo, sin aquellas macollas magníficas de antes, pero aún hoy los herreros, que también hemos trabajado para grandes escultores del hierro que necesitaban de nosotros para dar cuerpo a su obra, guardamos en nuestra imaginación trabajos, ideas y secretos que nunca jamás podrán ser producidos en serie.
– A eso seguro que en el oficio se le llama ‘orgullo de ferrón’.
– Tal vez. Yo, desde luego, cuando un cliente me viene con alguna idea que parece dificilísima de plasmar en hierro le digo que si no es imposible, puede hacerse. Y la hago.
– Oficio tan viejo como la Tierra, ¿lo ha visto evolucionar en estos 53 años, más allá de que en un tiempo llegara haber aquí 6 operarios u olvidando la manufactura actual?
– En la maquinaría, por supuesto. La transformación ha sido total. Antes usábamos máquinas pesadísimas. Mira esa antigua soldadora, la primera. Puede pesar una tonelada. Mira esa otra, también ya roñosa, de hace décadas. Ya pesaba ocho veces menos. Mira la que llevo yo ahora, esa roja: es portátil y son sólo catorce kilos. Cuando empecé en la herrería había un único motor. Ahí tienes todavía la peana donde se asentaba. Por un sistema de poleas, cuerdas, cables y ejes repartía la electricidad a todos los aparatos que usábamos. Utilizábamos también un taladro manual que avanzaba por medio de una cadena. Sabes cómo son los taladros de hoy, con todos los calibres posibles. Y existen los generadores, a los que puedes enchufar cualquier herramienta.
– En este país ha existido una gran riqueza de forja...
– En este país, en esta ciudad y en esta Parte Vieja. ¡Si supieras qué herrajes, qué clavos más fabulosos encontrábamos y encuentro aún cuando voy a las casas a reforzar con hierro las nobles vigas de viejo roble!
– ¿Cerrará la herrería con tristeza?
– Ha sido parte de mi vida. Pero solo una parte. Quiero viajar con mi mujer. Quiero leer. Quiero cocinar. Soy bueno en salsas, sopas y asados pero tengo que practicar los postres. Y quiero ser dueño de mis días.