Los coches cama, tan cinematográficos ellos, siempre fueron sinónimo de distinción con romántico traqueteo como sonido de fondo, de lujo condensado en unos pocos metros cuadrados.
Por San Sebastián han pasado coches cama desde 1880, cuando fue creada la División Hispano Portuguesa de la Compañía Internacional de Coches-Cama y los instaló en dos vagones del expreso Madrid-Hendaya. El sueño de los coches cama (la mayoría de los donostiarras a lo más que llegábamos era al vagón con literas) nos acompañaría de generación en generación.
Por eso no nos extraña encontrar mucho tiempo después, el 4 de febrero de 1972, un amplio reportaje en EL DIARIO VASCO sobre, según indicaba su titular, la 'Presentación de dos nuevos coches cama en la estación del Norte'. Más que dos coches eran el 'ultimo grito' en espacios para dormir sobre las vías.
«Ayer a la una de la tarde se hallaban en uno de los andenes de la Estación del Norte de San Sebastián dos vagones de Wagons Lits que suponen el último grito en cuanto a diseño, comodidad y acomodo en esta forma de viajes. Para presentarlos se hallaba el subdirector de la Compañía Internacional de Coches-Cama de España, don Luis Alberto Petit Herrera, donostiarra, que está llevando a cabo esta demostración por las principales ciudades españolas».
Si tienen curiosidad, sepan que el modelo YF presentado hoy hace cuatro décadas ofrecía «mejoras sustanciales que en cuanto a confort pueden estimarse en un nuevo sistema de estribos antideslizantes, supresión de asientos en los pasillos, diseño modernizado para las luces de la cama, con orientación hacia abajo de tal forma que el ocupante que esté situado en el compartimento alto no reciba molestias, iluminación del espejo situado encima del lavabo con luz superior e inferior, cambio de grifería del lavabo, cerraduras en las puertas con un montaje más racional y sencillo, teléfonos de circuito interior para poder hablar con familiares o amigos situados en otros compartimentos, así como con el jefe de tren y otro sinfín de adelantos técnicos». No, lamentablemente no se garantizaba la presencia de Eva María Saint ni de Cary Grant en el vagón.
Soñaremos con ellos mientras tratamos de imaginar la estructura de unos vagones que nuestro periódico describía así: «Se da la particularidad de que estos compartimentos pueden ser singles o dobles de acuerdo con el deseo de los viajeros y de dos en dos se comunican por una puerta instalada de tal forma que permite la conversación de dos o más personas como si estuvieran en un salón».
«Según nos decía el señor Petit se ha tratado por todos los medios de lograr la evitación de movimientos extraños, aunque admitía que en ello el estado de las vías es algo consustancial con el movimiento propio de los vagones». Un movimiento que siempre ha sido uno de los encantos del tren y de los coches cama, donde acaso cantar lo de «Al compás del chacachá / del chacachá del tren / ¡qué gusto da viajar / cuando se va en Exprés...!».