El alcalde de Eibar, Miguel de los Toyos, ha asegurado sentirse «defraudado» por la actitud de la Diputación Foral de Gipuzkoa de mantenerse firme en su decisión de obligar a los Ayuntamientos del territorio a reintegrar este mismo año las desviaciones producidas en el Fondo Foral de Financiación Municipal (Fofim) entre lo presupuestado y lo liquidado en 2011, y ha acusado al organismo foral de «falta de flexibilidad y de sensibilidad» hacia las instituciones locales.
Los alcaldes guipuzcoanos se reunieron ayer con el diputado general, Martín Garitano (Bildu) para abordar las posibles fórmulas de devolución de parte del Fofim de 2011. La alternativa propuesta por Garitano fue que la mitad de esa deuda municipal la devuelva cada Ayuntamiento este mismo mes (el 25 de febrero) y la otra mitad en tres plazos (mayo, agosto y noviembre), pero también de este año.
A Eibar le corresponde reintegrar a la Diputación la cantidad de 1.954.000 euros como consecuencia de los ajustes del Fondo Foral de 2001. La Asociación de Municipios Vascos, Eudel, proponía que los Ayuntamientos reintegrasen la mitad este mismo ejercicio 2012 (en cuatro plazos) y la otra mitad entre los años 2014 y 2015. Esa alternativa también ha sido rechazada por la Diputación.
Negociar créditos
La única posibilidad que los responsables forales de Bildu ofrecieron a los alcaldes guipuzcoanos fue que la propia Diputación podría negociar créditos para que los Ayuntamientos pudieran aplazar la devolución de la deuda (la correspondiente a mayo, agosto y noviembre de este año) pero que las cargas financieras de dichos créditos recaerán en los Ayuntamientos. «Esa no es la solución, pues nos resulta todavía más gravoso para los Ayuntamientos, ya que acabaríamos pagando los intereses», aseguró Miguel de los Toyos al término de la reunión celebrada en Donostia.
El alcalde de Eibar se lamentó de la «falta de sensibilidad» del gobierno foral de Bildu, «más aún en un grupo que alardea de municipalista».
«La verdad es que esperábamos algo más de esta reunión, confiábamos en que hubiera un mínimo de receptividad, un mayor esfuerzo por su parte, y que entendieran que la carga financiera era más asumible para la Diputación que para los Ayuntamientos».