E sta es la imagen: frío en la calle, nieve, el calor del hogar en un salón, quizás una chimenea, un momento tranquilo, quizás un libro, una copa en la mano, y esa copa sólo puede ser de brandy. No te imaginas otra cosa mejor. El frío, el salón, la chimenea o el libro pueden ser de atrezzo, pero la copa de brandy siempre queda. No hay una bebida que mejor represente la tranquilidad, incluso la reflexión que una copa de brandy en la mano.
El brandy es una bebida solemne, contundente, es una bebida que se debe recuperar como diferente y única, porque es capaz de dar muchos matices y muchos momentos diferentes.
La cata que se hizo en el Museo del Whisky fue memorable porque disfrutamos con cada copa, con los matices y los aromas que es capaz de dar el brandy, todos ellos Solera Gran Reserva, es decir con muchos años de envejecimiento y también porque nos hizo sentirnos como caballeros.
Un buen representante fue el brandy Fernando de Castilla. Sólo con el aroma te das cuenta de que te vas a encontrar con un brandy untuoso y delicado. Hay aromas sutiles de frutos secos, mucho caramelo y un toque de vainilla. Es muy complejo y en boca es suave y sedoso. Lo que más impacta es su largura que te permite saborearlo con tiempo.
El brandy 1866 es un clásico que te puedes encontrar con regularidad. Su diferencia es que procede de Málaga (los demás son todos jerezanos) y eso también se nota en la cata. Tiene un color ambar elegante, el aroma es muy claro, toques de madera, pero es en boca donde más se nota la diferencia. Su entrada es muy suave y hay más fruta, más toques dulces, compota de higos y algo de especias.
Alma de Magno, de color brillante, tiene un aroma claro de vainilla con algo de frutos secos, hay muchos tostados y en boca enseguida aparecen uvas pasas. Se suele recomendar tomar la copa incluso con hielo y, en este caso, el hielo hizo que se abriera de una manera sorprendente, el final de boca parecía un PX de tanta uva pasa que tenía.
Lepanto es otro clásico con un color muy brillante. La nariz es muy sincera, vainilla y toques de coco y algo de frutos secos que recuerdan al vino de jerez. Entra con mucha delicadeza, con mucho y enseguida aparecen los matices que declaraba porque hay almendras, algo de fruta muy madura y un final largo jugando con el caramelo.
Carlos I fue uno de los más curiosos. De color ambar intenso que llegando a caoba. En nariz se expresa muy complejo con mucha vainilla y caramelo todo muy bien compensado con los tostados de la madera, pero es la boca donde destaca. Entra de manera delicada, muy suave con mucha uva pasa y algo de almendras, pero por la manera en que se comporta alguien dijo salinidad. Un toque por el que te apetece seguir bebiendo.
Conde de Osborne es un brandy de color caoba intenso. Una madera claramente integrada. Este es otro de los casos en los que se utilizan maderas de PX para envejecer el bandy y se nota en nariz con algo de vainilla y tostados de cacao. La entrada en boca es agradable y sutil, enseguida aparecen el caramelo y un final de uvas pasas y de higos.
Esta cata podría resumirse en un solo momento: se preparaban las copas de cata, se abrió la primera botella y se sirvió, en ese momento hubo una sola palabra que invadió la sala: AROMA. No hay una bebida que dé tanto aroma como un brandy y eso es lo que invita a tomarte una copa tranquilo, a la reflexión y a la tertulia pausada.