Modou sigue esperando, aunque esta vez lo hace sentado en una silla. Los carámbanos que cuelgan de los balcones del Paseo Mons dan fe del frío que han hecho esta noche. Ya es de día, en el hogar quedan inquilinos de algunas de las cuarenta habitaciones individuales disponibles y los nuevos huéspedes que esa misma mañana han encontrado plaza.
Los colchones del SPA permanecen apilados en una de las tres salas donde esta noche han dormido 35 personas. «Alegrías las justas, es un servicio espartano, como abrir el Metro cuando hace mucho frío. Solo se les ofrece calor», explica Tere Barrenetxea, directora de Servicios Sociales del Ayuntamiento de San Sebastián.
Dos vigilantes y dos trabajadoras sociales han atendido esta noche a los usuarios del centro. «Notamos un aumento de personas que nunca se habrían imaginado venir aquí pero tienen que hacerlo porque se han quedado en paro», afirma Marije, una de las trabajadores sociales del Hogar del Transeúnte. «Para los que vienen por primera vez es muy duro, pierden su autoestima», señala Barrenetxea.
La responsable del Ayuntamiento se revuelve cuando se le pregunta si los servicios sociales no están favoreciendo a delincuentes e inmigrantes ilegales. «En principio son personas, se merecen un respeto». Para responder a esa cuestión, afirma Barrenetxea, «todos tenemos que pensar en qué sociedad queremos vivir, si en una más igualitaria, con más oportunidades para todos, o en otra donde cada uno tengamos una casa estupenda pero rodeada por alambradas, como ocurre en algunos países». La directora municipal recuerda también el doble lenguaje de quienes «piden que no se gaste dinero pero si aparece una persona durmiendo en su portal llaman enseguida a los servicios públicos para que les arreglen el problema».
Ajeno a todo Modou aguarda. En unas horas comerá patatas guisadas con ternera, huevos con bechamel y natillas. Para cenar tiene puré de puerro y zanahoria, perca con salsa vizcaína y manzana asada. Y después dormirá en el Hogar del Transeúnte como miembro de pleno derecho. Modou está feliz. «Gracias, San Sebastián. Podré buscar trabajo», dice con una sonrisa repleta de optimismo. Aunque solo sea para tres noches.