Frío, mucho frío. Tras la nevada del miércoles, ayer Gipuzkoa tiritaba. El temporal siberiano dejó mínimas de hasta menos siete grados en Berastegi a primera hora de la mañana. Nadie reparaba en el manto de nieve, sino en la gruesa capa de hielo que cubría buena parte de las calles. Los vecinos más madrugadores, provistos de unas buenas botas y protegidos de las bajas temperaturas con gorros, bufandas y guantes, intentaban llegar a su destino. Casi no podían hablar y su nariz enrojecida era buena prueba del frío que hacía. Ayer fue más duro que nunca subir la cuesta de Gaztainondo, en Berastegi, para acceder hasta la plaza del pueblo donde esperaba el autobús de Tolosaldea. Pilar fue una de las madrugadoras que sufrió subiendo la cuesta, no muy empinada, pero que le hizo sudar. A pesar de la sal vertida la víspera, el hielo se había instalado en el firme y convertía la carretera en una pista de patinaje.
Mikel Garmendia y Xabier Garziarena se habían encargado de verter la sal por todo Berastegi. «El miércoles esparcimos unas cinco toneladas y hoy cinco o seis más. He escuchado que en ciudades como Gasteiz han esparcido en un día hasta siete toneladas y lo mencionaban como un dato extraordinario...».
Aritz Mujika, alcalde de Berastegi, confirmó el dato y destacó que «lo paga el Ayuntamiento». Evidentemente, el gasto para un consistorio como el de Berastegi es más costoso y proporcionalmente la cantidad vertida es mayor. «En total hay un recorrido de unos 5,5 kilómetros por todo el pueblo, pero si tuviésemos que contar por kilómetros realizados y tras varias vueltas al finalizar el día hacemos unos 30», mencionaban Xabier y Mikel. Su labor es fundamental en Berastegi porque «tenemos que abrir primero los accesos del pueblo y luego poco a poco los caminos que conducen a los caseríos. Siempre se sigue un criterio de importancia o se da prioridad a los caseríos con explotación ganadera o a aquellos a los que tiene que acceder el camión de la recogida de leche», precisan.
Berastegi, además, cuenta a escasos tres kilómetros y medio con el barrio de Eldua, donde ayer, los dos berastegiarras recibieron una llamada para limpiar la carretera al barrio rural. «Un vecino de Eldua tiene que acudir a la diálisis a Tolosa y la ambulancia que le traslada hasta el centro sanitario llegará dentro de un rato. Tenemos que ir a limpiar el camino hasta su casa para que llegue el vehículo sanitario».
En Elduain, Aritz y Unai disfrutaban lanzándose en sus trineos por una pequeña cuesta junto al ayuntamiento. Aseguraban que no habían podido coger el autobús para ir a la escuela, pero no se quedaron en casa. Tras vestirse sus prendas para la nieve, disfrutaron con sus trineos durante toda la mañana.
Ordeñadoras congeladas
Los dos chavales vivían ajenos a la preocupación de Idoia Zeberio y su marido Inazio Leitza. A media mañana regresaron de su explotación de vacas lecheras. «Algunos de los abrevaderos de los animales están ya congelados. Tenemos todas las cabezas de ganado estabuladas, pero siempre que hiela, estamos igual. Las que quedan en la zona exterior se congelan». Algo que no impedía tener al ganado bien atendido. Pero la preocupación de la pareja era otra. «Si se cumplen los pronósticos y hace tanto frío como está anunciado, lo peor llegará para nosotros cuando se congele la máquina ordeñadora. Suele suceder de vez en cuando, porque en los tubos siempre queda algo de líquido que se congela e impide que pase la leche. Ese sí que será un gran problema». Con el termómetro bajo cero, ordeñar a mano unas cuantas decenas de vacas preocupa a cualquiera, más que una gran nevada.
Mari, de Albiztur, era otra de las veteranas baserritarras que aseguró que «no me gusta nada la nieve, ni tampoco el hielo». Esta vecina trabajó ayer duro para limpiar la placa que se había formado a la entrada de su caserío. «Ayer echamos un poco de sal para abrir un caminillo hasta la vivienda de al lado, donde tenemos unos pollos, gallinas y conejos. Tenemos que darles de comer, pero ya ves, hay mucho hielo y está muy peligroso» repetía. Además, «han dicho que va a hacer muy malo. Ya había escuchado en la radio que febrero iba a ser un mal mes. Hemos tenido un invierno demasiado bueno, pero según dijeron hasta el 10 de febrero la cosa va a ir así, mucho frío y nieve».
La albiztuarra reconocía que «estamos acostumbrados. Antes siempre hacía tanto frío como ahora. Recuerdo cómo íbamos a la huerta a por nabos para el ganado y se nos congelaban las manos. Llevábamos agua caliente, hirviendo, en un balde y las metíamos allí cuando no aguantábamos el frío. Aquello sí que era duro» comentó.
«Ahora, sólo me encargo de dar de comer a las gallinas, de preparar las alubias. Tengo poco trabajo», sonreía. Y añadía, «de todas maneras, no sirve de nada limpiar ahora porque este sol deshiela pero dentro de un rato, otra vez estará todo congelado y si va a nevar, no se va a poder pasar por aquí».
A escasos metros, los alumnos de la escuela municipal de Albiztur salieron al patio. Disfrutaban lanzándose bolas de nieve. Carmen, una de las profesoras del centro, comentaba «que hoy faltan dos alumnos, porque viven en un caserío y no han podido venir». El resto esperaba a que nevara aún más para poder jugar con sus trineos durante todo este fin de semana.