Calles cortadas, vehículos policiales con los indicativos luminosos encendidos, vecinos que no podían salir de sus casas... Usurbil vivió ayer momentos de gran tensión, después de que un individuo se atrincherara con dos rehenes en una sucursal bancaria que pretendió atracar. Permaneció hora y media en la oficina hasta que finalmente se entregó a la Ertzaintza. Se trata de un hombre de 35 años, con antecedentes por problemas de adicción a las drogas y conocido en la localidad, donde residió con su ex mujer.
Los hechos tuvieron lugar en torno a las diez de la mañana, cuando el atracador accedió a la oficina que Caja Rural de Navarra tiene en la calle Zubiaurrenea de la localidad. Ya dentro, el autor, con la cabeza cubierta con un pasamontañas, amenazó con una pistola simulada a la empleada así como a una clienta que en aquellos momentos realizaba una gestión.
En los instantes posteriores, bien porque desde la sucursal se activase la alarma de atraco o porque algún vecino se percató de lo que sucedía, el hecho fue puesto en conocimiento de la Policía.
Patrullas de la Ertzaintza con sus distintivos luminosos activados, así como unidades camufladas, se personaron en el lugar y acordonaron el perímetro. Los agentes cerraron la calle donde se ubica la entidad así como otras adyacentes. Las personas que en aquellos momentos se encontraban en la vía pública, totalmente ajenas a lo que sucedía, fueron instadas a abandonar el lugar.
También se dieron indicaciones a los vecinos de las viviendas cercanas para que no salieran al exterior. La misma instrucción se transmitió a quienes en aquel momento realizaban compras en tiendas cercanas o permanecían en los bares. Los medios de comunicación fueron obligados a permanecer alejados porque, en palabras de un responsable policial, «están ustedes en la línea de tiro».
Quema de billetes
Rodeado por la Policía y sin posibilidad alguna de huir, el atracador se hizo fuerte gracias a las dos personas que mantenía retenidas, a las que intimidó con la pistola. En los instantes posteriores, agentes de la Ertzaintza con preparación específica entablaron comunicación con el atracador, a quien trataron de convencer para que depusiera su actitud.
Al lugar acudió también la e esposa del individuo, que reside en la localidad, y que asimismo le instó a que se entregara. Al parecer, también se personó un tío del atracador que trató de terciar, si bien no se le permitió contactar con él.
Según indicó el director de la entidad, que en el momento del suceso se encontraba fuera de la oficina con una visita, tanto su compañera como la clienta aprovecharon un descuido del atracador para refugiarse en el servicio, del que no volvieron a salir hasta que el episodio violento finalizó. Las mujeres pudieron comunicarse a través de un móvil con las personas que se hallaban en el exterior, a las que hicieron saber que se encontraban en buen estado y a salvo del atracador. Durante el tiempo en el que el detenido se hizo fuerte dentro de la entidad, quemó, al parecer, algunos billetes y arrojó también al suelo varias sillas.
Finalmente, pasadas las once y media, el atracador, tras ser convencido por el 'negociador' de la Ertzaintza, accedió a entregarse. Fue introducido en un vehículo policial y trasladado a la comisaría, donde se instruirá el correspondiente atestado antes de ser remitido a la autoridad judicial.
La empleada retenida, ante el grado de nerviosismo que presentaba, fue atendida por el personal de una ambulancia de Osakidetza y posteriormente fue evacuada. «La pobre lo ha pasado francamente mal. Estaba muy nerviosa. Hemos intentado tranquilizarla. Nos ha pedido si le podíamos facilitar un café con leche y se lo ha tomado mientras estaba en la ambulancia. Gracias a Dios no ha sucedido nada. Hay que olvidar esto cuanto antes», señaló el director de la oficina.
El autor del atraco es un hombre de unos 35 años, con antecedentes por delitos relacionados con la tenencia de sustancias estupefacientes. El detenido, de nombre Alberto, es una persona conocida en la localidad, donde residió después de que contrajera matrimonio con una mujer de Usurbil. «Vivió en la misma calle en la que está el banco. Tenía problemas de toxicomanía y, según me ha comentado un familiar, en los últimos años ha pasado más tiempo en Martutene que en su casa», relató una vecina.
«Como una película»
El atraco concitó en las inmediaciones del lugar a vecinos de Usurbil. Varias decenas fueron testigos del apresurado ir y venir de los agentes. «Esto parecía más una serie de televisión, con tantas patrullas y ertzainas de un lado para otro. De todas formas, lo más importante es que no ha pasado nada grave, no ha habido heridos», señaló. Al lugar se desplazó también la alcaldesa de Usurbil, Mertxe Aizpurua, a quien el suceso le había sorprendido mientras se encontraba en una reunión en la Diputación.
El lugar donde se produjo ayer el suceso se encuentra a escasos cien metros de donde en 1998 dos atracadores acabaron con la vida del joyero Pedro María Arregui Aguirre. Aquel crimen tuvo lugar el 12 de marzo cuando los dos acusados, armados con una escopeta de cañones recortados y una pistola, se dirigieron a la joyería y conminaron al dueño para que les entregara el dinero.
En el interior del local se produjo un forcejeo con uno de los atracadores, quien llegó a efectuar un disparo con la escopeta. En el curso del atraco los dos delincuentes y Pedro María Arregui salieron al exterior del establecimiento, donde dispararon contra el joyero. Los autores de este crimen fueron condenados en 1999 a poco más de trece años de cárcel cada uno.