Egipto vive hoy el segundo de los tres días de luto oficial tras la sangrienta jornada del estadio de Port Said, una de las ciudades más audaces en la movilización contra el régimen de Mubarak en 2011. La inoperancia de las fuerzas de seguridad fue mayúscula, tanto que arroja dudas sobre la capacidad y la voluntad del poder actual -el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas y el gobierno provisional dirigido por Kamal el Ganzuri- de pilotar la compleja transición hacia la democracia. Los Hermanos Musulmanes consideran que lo ocurrido en Port Said revela el fracaso de los militares en garantizar la seguridad pero, nada hace pensar que lleguen a sumarse al coro de los que tratan de arrancar del mariscal Tantawi, cabeza del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, la aceleración del proceso que transmisión del poder político a instituciones civiles. Los Hermanos Musulmanes son una fuerza reformista, no revolucionaria. Y hoy, ocupan la mayoría de los escaños de la Asamblea Popular cuyo cometido principal es la elección del comité redactor de la nueva constitución.
La asamblea constituyente incluye a políticos laicos, liberales, socialdemócratas, miembros de partidos surgidos al albur de la revolución y otros de larga tradición como el Wafd y, ocupando dos tercios de los escaños, están los representantes islamistas, con Justicia y Libertad, vinculado a los HHMM a la cabeza, y el salafista An-Nur como segunda fuerza. La incógnita es si la presencia de los salafistas va o no a radicalizar a los HH MM.
La irrupción parlamentaria del salafismo en el parlamento -124 de 508 escaños- preocupa a los egipcios, musulmanes y cristianos, que apuestan por opciones políticas liberales y laicas.
El uso creciente del 'niqab' durante los últimos años -la capa negra que cubre completamente el cuerpo de la mujer- evidenciaba la existencia de una corriente religiosa radical. Ese y otros usos muy conservadores son un efecto de la emigración de miles de egipcios a los países del Golfo Arábigo. Esos emigrantes regresaban con cierto bagaje religioso-ideológico, especialmente los que habían vivido en Arabia Saudí donde está en vigor la corriente islámica wahabi.
El salafismo, la corriente del islamismo político basada en interpretaciones fundamentalistas del Islam, defensora de la aplicación de los preceptos islámicos en todos los órdenes de la vida, así como de la instauración de un estado islámico, ha emergido con fuerza en ciudades como Alejandría donde ha obtenido un importante apoyo electoral. Está organizado en torno a tres partidos: An-Nur (La luz), Al-Fadila (La virtud ) y Al-Asl ( Lo autentico ) y sus seguidores se hallan entre las masas pobres, poco escolarizadas y acostumbradas a seguir órdenes, como miembros de la sociedad más tradicional y patriarcal de Egipto. Entre los dirigentes salafistas se encuentran miembros de organizaciones terroristas que actuaron principalmente en los años ochenta.
Los HH MM, a diferencia de como, equivocadamente, se los ve en Occidente -si comparásemos la escena del islamismo político en Egipto con la del abertzalismo en el País Vasco, los HHMM podrían equipararse al PNV- son una corriente conservadora, moderada y pragmática dentro del islamismo político del que son pioneros. Su andadura histórica ha sido miscelánea: flirteo con el poder, violencia, resistencia ideológica en las prisiones, oposición parlamentaria, etc. Con la monarquía egipcia actuando de administradora del poder de la Corona Británica, el fundador Hassan el-Banna creo una rama paramilitar, el 'Aparato Especial' cuyas células actuaron contra los británicos y contra intereses judíos. La Hermandad sería disuelta por primera vez en 1948 acusada del asesinato del primer ministro Mahmoud al-Nuqrashi. Hassan el-Banna condenó el magnicidio y poco después fue asesinado él mismo. En los años setenta, con Anuar el-Sadat en la presidencia, el islamismo político se radicalizó al surgir grupos terroristas como la Yama Islamiya y la Yihad Islámica que acabaron con la vida de Sadat poco después de que éste firmara el Tratado de Paz de Camp David con Israel.
Mientras tanto, los HH MM se ocupaban en la islamización con el patrocinio de mezquitas, y en la ayuda social manteniendo dispensarios de salud y escuelas. Durante los treinta años de poder de Hosni Mubarak continuaron con esa labor y, pese a continuas razzias policiales y judiciales, se alzaron como primer grupo de la oposición al tiempo que copaban puestos de dirección en los principales sindicatos profesionales.
El debate sobre la hoja de ruta del proceso de transición se va a intensificar en las próximas semanas y meses. En la calle se van a multiplicar las peticiones de retirada del mariscal Tantawi pero el eco de las voces bajo la cúpula del parlamento egipcio va ser de otro tenor. Una de las primeras de decisiones de sus señorías ha sido la aprobación una comisión de investigación de los dolorosos hechos de Port Said. Pero tienen que acometer una tarea de alcance histórico: la elección del comité de juristas que redactará la constitución y las deliberaciones para acordar los principios fundamentales en los que se basará dicha carta magna. Ahí veremos el verdadero rostro político de los HHMM tras un siglo convulso que, lejos de desgastarlos, los ha conformado como alternativa de poder de la nueva etapa histórica.