Fernando Romay (A Coruña, 53 años) es una voz autorizada en todo lo relativo al mundo de la canasta. Junto a José Beirán, el histórico jugador del Real Madrid y de la selección visitó ayer Donostia y el Campus de la UPV para impartir una ponencia, enmarcada dentro del programa de matinés de Sporti organizadas por la Federación Guipuzcoana, sobre 'Educación en valores a través de baloncesto'. Destaca el éxito copero del Lagun Aro GBC y el papel de jugadores como Panko o Vidal, al que le ve con muchas opciones de jugar los Juegos Olímpicos.
- Para los que le hayan perdido la pista, ¿qué es de su vida?
- De lo que se pueda contar, ¿no? (risas). Estoy en la Federación Española, en la Fundación 2014, con temas de baloncesto de carácter social. Es lo que me ocupa la mayor parte del tiempo. El resto lo dedico a retransmitir los partidos que juega en casa el Murcia. El último que he hecho es el del Lagun Aro, que ganó allí y se clasificó brillantemente para la Copa. Ese partido tan tenso, porque de hecho acabaron y no sabían si les había valido lo que habían hecho. Además, se lo dijimos nosotros a Salgado y se llevó un alegrón. Fundamentalmente eso.
- ¿Existe el peligro de que en el deporte se esté apartando el foco de los valores y todo gire en torno a estrellas, resultados...?
- Para eso estamos nosotros. Un deporte sin competición sería un peñazo. Nadie entrena para no jugar. Si te fijas sólo en la competición, pierdes los valores, pero si nos fijamos sólo en los valores y no en la competición, entonces pareceríamos seminaristas en vez de deportistas. Hay que compaginar las dos cosas. Yo cuando compito voy a por todas, pero nunca pierdo esos valore. La competición no me impide ser persona, no me convierte sólo en competidor.
- ¿En qué le ha cambiado el baloncesto como persona?
- Hombre, yo empecé a jugar con catorce años. No concibo mi vida sin el baloncesto. Yo soy baloncesto, gracias a lo que me han enseñado jugadores como por ejemplo José Beirán, que está aquí conmigo. Siempre agradeceré a todos mis compañeros que me hayan enseñado a ser como soy. Incluso a esa filosofía del Real Madrid que a veces la competición hace que se pierda. Tenemos el ejemplo muy reciente y a lo mejor no en nuestro deporte. Y hasta ahí puedo leer, no me preguntes más (risas).
-Ese compañerismo, el mejorarse unos a otros, ¿es el valor más importante que transmiten en sus ponencias?
- No sólo el mejorarse unos a otros, sino el ser consciente de tu realidad. Los demás te hacen verte en tu sitio, darte cuenta de que hay muchas cosas por encima de ti . Un deportista es un individuo difícil.
- Continúe.
- Porque el deportista de alto nivel está normalmente rodeado de éxito. Ya el mero hecho de jugar en la ACB es un éxito importante, te pone las cosas muy fáciles, con lo cual te puedes pensar que todo en tu vida va a ser así de fácil. Es importante que haya alguien al lado que te diga 'eh, un momento, porque metas canasta en una papelera que han colgado ahí a tres metros de altura no dejas de ser un tío de 21 años. Te queda mucho que aprender'.
- El baloncesto guipuzcoano vive momentos ilusionantes. El GBC, con menos de once años de vida, se ha metido en la Copa.
- Da igual que tenga once años o 110. Hay una cosa que está clara. Cuando se hacen las cosas bien y con sentido, salen. Hay que tener la pizca de suerte para que salgan redondas, o por lo menos ovaladas, pero sí salen. Creo que aquí se están haciendo las cosas bien, creyendo en un proyecto, que se está perfilando para que vaya a mejor. Siempre dando pasitos adelante, no muy largos pero sí muy bien asentados. Están haciendo del club de baloncesto un referente dentro del deporte de la ciudad.
- Comentó el partido del Lagun Aro en Murcia. ¿Qué sensación le dio el equipo?
- Fue un partido raro y me dio sensación de veteranía. De saber lo que estaba haciendo, sin perder los papeles en ningún momento, teniendo fe. Y al final dio el resultado que dio.
- Aquí se está destacando mucho esa fe que transmite el equipo. Ha pasado de ir 2-8 a ganar siete partidos de ocho.
- Es que tienen fe. En sí mismos y en lo que hacen. Saben que haciendo las cosas como las están haciendo, el resultado va a llegar. Y no desesperan. Es una de las cosas a considerar, amén del acierto, de la capacidad de sacrificio. De que cuando a uno de los figurones que tienen no le están saliendo del todo las cosas, es capaz de ceder el protagonismo a otro y ponerse a bregar. A mí por ejemplo en Murcia me maravilló el papel de Sergi Vidal.
- ¿Por qué?
- Siendo un jugador fino, estilista, con buen tiro, en el momento en que Panko y Salgado cogen las riendas del equipo, a él no le importa apretar las piernas y ponerse a hacer de defensor, de trabajador para esos jugadores. Eso es muy de valorar, es un síntoma de veteranía y de ser un gran jugador de equipo.
- ¿Ve a Vidal en la selección?
- Le veo donde quiera llegar él. Sí, evidentemente le veo en la selección, por qué no. Pero creo que lo primero que tiene que hacer es estar bien aquí. Lo de la selección es como el IVA, un valor añadido que te puede llegar o no. Se le nota feliz este año jugando. Un síntoma de la felicidad es no tener ansia, saber que te va a llegar tu momento. Y él transmite eso.
- ¿Qué me dice de la temporada de Panko, a sus 34 años?
- Que la clase le sale por las orejas. Yo creo que estornuda y en vez de salirle el moquillo, le sale cuarto de kilo de clase. Es la leche (risas).
- ¿Qué opciones le da al Lagun Aro en la Copa?
- Dicen que en la Copa siempre hay una sorpresa, pero cada vez es más difícil que se dé, porque ya van todos los equipos muy alerta desde el primer momento. Pero oye, este equipo va a tener tan pocos partidos para gozar, que tiene que salir a gozar el de la Copa. Sin restar un ápice de esfuerzo, sin restar nada, dándolo todo pero a disfrutar. Y si sale con barba, San Antón, y si no, la Purísima Concepción.
- ¿Cómo le tratamos por Gipuzkoa?
- Genial, genial, estupendamente. La gente de la Federación, fantástica, la gente por la calle, maravillosa. El único problema es que hoy poca gente por la calle hemos visto, porque íbamos como embozados. A mí que me dijeron, Donostia paraíso tropical... ¡y una leche! (risas).