Joseba Goikoetxea tenía 16 años de edad cuando el 22 de noviembre de 1993 salió ileso de un atentado de ETA contra su padre, sargento mayor de la Ertzaintza, cuando viajaban en coche por el centro de Bilbao. Cuatro días después su progenitor falleció por las heridas sufridas por el tiroteo a su turismo.
Dieciocho años después, ha seguido sus pasos y acaba de salir de la Academia de Arkaute como miembro de la última promoción. Ayer fue un día muy especial para él, al ser uno de los protagonistas del acto de apagado del pebetero que fue colocado por el entonces consejero de Interior, Juan María Atutxa, a raíz de la muerte de su padre.
En declaraciones a este periódico, y sin poder contener la emoción que le embargaba, Joseba Goikoetxea afirmó que «ha sido un homenaje muy sentido y muy significativo para todos». «Sobre todo para los ertzainas asesinados y los agentes de la primera promoción», agregó. No quiso olvidar, además, que su padre fue «uno de los agentes que inauguraron Arkaute», algo de lo que, admitió, «me siento muy orgulloso».
Joseba Goikoetxea resaltó que «se ha querido transmitir que se ha apagado esa llama de recordatorio, pero no olvidamos a las víctimas». En contra de algunas voces, tanto desde los sindicatos de la Ertzaintza como de algunas asociaciones de víctimas que consideraban prematuro que se apagara el pebetero, el nuevo ertzaina no dudó en afirmar que «es algo de lo que nos tenemos que enorgullecer todos. Lo único que esperamos es que nunca más se tenga que encender», aseveró.
De cara a su futuro en el cuerpo, indicó que «intentaré seguir los pasos de mi padre en la Policía autónoma. Para mí es un orgullo cómo trabajó él para la Er-tzaintza, aunque soy consciente de que puso el escalafón muy alto para llegar a lo que fue él», concluyó.
Atutxa, satisfecho
El exconsejero Atutxa también centró el interés en el simbólico acto del pebetero. «El acto de hoy supone para mi refrescar memoria. Recuerdos de ocho años en los que tuve el gran honor de estar al frente de Interior y la Ertzaintza», afirmó a este diario. Añadió que todos ellos «resultan imborrables y han quedado grabados a fuego en mi mente. Rememorar todo aquello me ha resultado muy emotivo», recalcó.
Subrayó que «se nos han hecho enormemente largos estos 18 años desde que encendimos la llama. Por fin se ha producido el fin de la violencia organizada contra este pueblo, con el anuncio de ETA del 20 de octubre, y parece que es ya irreversible». Consideró «un acierto» la decisión del consejero Ares de apagar el pebetero y señaló que es «una gran satisfacción personal haber participado».