El PP vasco quiere aprovechar la buena sintonía que se produjo en los encuentros del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, con el lehendakari Patxi López y el líder del PNV, Iñigo Urkullu, para insistir en la idea de un «liderazgo a tres bandas» que asiente el nuevo tiempo sin violencia en Euskadi. Antonio Basagoiti mantiene su propósito de lograr un gran consenso entre PNV, PSE y PP para «establecer las bases de lo que hay que hacer» en el País Vasco tras el cese de la violencia de ETA y la próxima semana acudirá a La Moncloa para engrasar con Rajoy la mejor forma de llevarlo a cabo. Esta reunión cerrará el ciclo de encuentros del presidente con líderes vascos en su toma de contacto con la nueva situación que se vive en Euskadi.
El Gobierno de Rajoy ha mostrado una imagen de firmeza y de respeto escrupuloso a la ley en todo lo relacionado con el final de ETA desde que llegó al poder, pero de los calculados silencios del presidente y de la impresión positiva que sacaron tanto López como Urkullu de sus respectivas reuniones cabe deducir que esa firmeza no es sinónimo de cerrazón. Antonio Basagoiti aseguró ayer a este periódico que Rajoy, que no compareció públicamente tras ninguno de los dos encuentros, «también se ha quedado con una muy buena impresión de todo lo que se trató en ellos y de la voluntad de acuerdo mostrada por López y Urkullu».
Así las cosas, el líder del PP vasco tratará de «aprovechar» ahora ese clima de entendimiento para profundizar con el jefe del Ejecutivo en la mejor fórmula de articular un consenso «a tres bandas» que ponga punto y final al ciclo de violencia en Euskadi. Rajoy tiene la intención de delegar en el PP vasco el trabajo para forjar esa unidad de acción en lo referido a la cuestión vasca y por ello recibirá a Basagoiti en La Moncloa como lo ha hecho con los otros dos líderes vascos, a pesar de pertenecer a su misma formación. La reunión será la próxima semana, aunque el día aún no se ha concretado.
Basagoiti trasladará al presidente del Gobierno que Euskadi vive «un momento de esperanza» que puede ser definitivo si las formaciones políticas «son capaces de establecer unas bases comunes, como son la defensa de la democracia, el respeto a la memoria de las víctimas y la construcción de un relato veraz de lo que ha ocurrido en las últimas décadas». El líder del PP vasco cree que el acuerdo con el PSE y el PNV en esos parámetros es posible y deseable: si cuando ETA aún atentaba estos tres partidos siempre compartieron unas «bases mínimas democráticas», no ve por qué ahora debería ser diferente.
La principal diferencia con el momento actual radicaría en que la izquierda abertzale, que durante años ha justificado la existencia de ETA o al menos no se ha posicionado en su contra, ha cambiado en el último año su actitud hacia la violencia, mostrándose en contra «de todas sus expresiones». Este viraje ha provocado que tanto el PNV como el PSE estén tratando de normalizar la relación política con una izquierda abertzale cuya marca electoral (Sortu) todavía está ilegalizada, por lo que son reticentes a alcanzar grandes acuerdos que dejen fuera a esta sensibilidad, que además ha obtenido un gran respaldo electoral dentro de las coaliciones Bildu y Amaiur. El PP, mientras, considera que la izquierda abertzale aún «tiene que dar pasos» para poder relacionarse con ella con normalidad.
¿Y la izquierda abertzale?
Preguntado sobre si el PP vasco se plantearía incluir a la izquierda abertzale en ese consenso en un futuro próximo -como el propio Urkullu le propuso a Rajoy en su reunión del lunes-, Basagoiti aseguró que «ése es un tema que iremos viendo en Euskadi en los próximos meses, pero para ello sería imprescindible que la izquierda abertzale reconociese la pluralidad de la sociedad vasca y aceptase las reglas del juego, como la asunción del actual marco político». El dirigente popular expresó su deseo de que «empiecen a ir por ese camino en vez de limitarse a repetir sus reclamaciones clásicas, como el tema de los presos, y de esa forma seguro que el entendimiento estaría más cercano».
Basagoiti quiere evitar que las reivindicaciones históricas de la izquierda abertzale marquen la agenda política vasca en los próximos meses, para lo que propone repartir el liderazgo de la nueva etapa entre PNV, PSE y PP, tres sensibilidades que conformarían una amplia mayoría dentro del espectro político vasco. También pretende que cuestiones como la defensa de los valores democráticos o la memoria de las víctimas estén en un primer plano por delante de la cuestión de los presos de ETA.