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Malvado funcionario

02.02.12 - 02:03 -
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Como no podía ser menos, de un tiempo a esta parte, los funcionarios son el punto de mira de las distintas administraciones estatales del mundo mundial, de cara a rebajar los diferentes déficit que han de sobrellevar. Todos recuerdan las noticias en la prensa y las imágenes que nos han ido llegando a las pantallas del televisor durante el último año. En nuestro país, el sector educativo público ha tenido un protagonismo especial, en concreto, en la Comunidad de Madrid, antes de las elecciones generales del 20-N, al igual que el estamento público, en general, en la Comunidad de Cataluña, durante la campaña de 2010, que llevó a CiU al poder y en la que su líder, Artur Mas, para reformar aquél ante la nueva situación de crisis que se avecinaba, se valió del lema conocido como 'triple A' (agilidad, adelgazamiento y austeridad). Con posterioridad, se han conocido las dificultades para que los funcionarios catalanes cobraran la extra de Navidad, dificultades encarriladas en el último momento de 2011 gracias al crédito firmado por el Govern con el Banc de Sabadell. También han sido evidentes los movimientos del Gobierno Vasco en esta materia y, si al principio, los teóricos recortes sobre el gasto de los 67.000 funcionarios eran significativos, una nueva reformulación podría atemperar los mismos, aunque no eliminarlos. Por último, como se sabe, el nuevo Gobierno central sigue para 2012 con su congelación salarial del personal público.
De la opinión de los sindicatos sobre este inicial seísmo en el terreno funcionarial, me ha llamado la atención la del CSI-F (Central Sindical Independiente y de Funcionarios), pues se le indicaba al nuevo Ejecutivo, ante las medidas de éste para recortar el déficit, que no equipare déficit público con la mera existencia de servicios y empleados públicos. ¿Y el gasto generado -se preguntaba- para sanear las cajas de ahorro, los aeropuertos y las televisiones autonómicas? ¿Qué hay de eso? Más bien, su propuesta -no exenta de riesgo- va por hacer un chequeo de las duplicidades en cuatro mil empresas públicas y sacar mejor el dinero de esa parte.
Por lo demás, las quejas no sólo provienen de los sindicatos. De hecho, un sentimiento de que siempre paga el mismo creo que es más que generalizado. Por muchos funcionarios y funcionarias que haya en todo el país (cerca de 2,7 millones), no es muy justo que sobre ellos recaiga el peso de la higiene económica que se necesita para empezar a salir adelante. Mucho más si se piensa que, en el plano de las responsabilidades, apenas o nada han tenido que ver en ello. Aunque, a decir verdad, la ética personal y profesional poco cuente en estos casos. Se trata de salvarnos del incendio con el seguro de los de siempre. Y este 'siempre' se podría decir que es, casi, eterno entre nosotros y de lo más enraizado en nuestra memoria colectiva. Durante demasiado tiempo se ha visto a este numeroso grupo como una casta privilegiada que, en especial, a tenor de su actitud y rendimiento en otros períodos históricos -penosas estructuras las articulaban- tenía fama de que no era muy digna de serlo. Se me viene a la cabeza el «vuelva usted mañana» del satírico Larra, en el siglo XIX. Pero, también, un relato de nuestro premio Nadal, José María Mendiola, quien, allá por 1974, urdió una trama oscura y existencial acerca de la monotonía oficinista, de la soledad y la incomunicación de su protagonista, Horacio Malo, con final trágico, titulada 'Maldito funcionario'. Qué quieren que les diga, en todo ello no deja de haber la manifestación de un cierto grado de deterioro moral, que da la sensación de que, en pleno siglo XXI, bajo una forma u otra, puede que vuelva a tomar cuerpo.
Lo cierto es que el personal funcionario se muestra como un ser colectivo cauto y precavido, desde que supo que disfrutaba de 'tantos privilegios' y que, por ello, suscitaba el odio y la inquina más absolutos en el resto de los mortales. Ante tantos reproches, su silencio es proverbial, si bien su complejo de culpa ha ido en aumento. Trata de mejorar, hace las cosas que se le encomiendan, conoce datos y detalles de que en las llamadas 'altas esferas' impera un cierto libertinaje, que, por otro lado, no es nada nuevo; sabe, por ejemplo, por un informe de CC OO, elaborado con datos de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y de memorias anuales, que «la remuneración de la cúpula directiva de los principales bancos y cajas aumentó casi el doble que los beneficios entre 2004 y 2010» -vaya usted a saber lo que pasa en otros puestos afines europeos o entre burócratas y tecnócratas del mismo ámbito geopolítico-; pues nada, a pesar de todo, imposible evitar ese complejo de culpa. Ésta, incluso, se acrecienta en una sociedad que, al decir de algunos, tiende a diluir responsabilidades, dado que nadie tiene la culpa de nada o, lo que es lo mismo, todos son responsables de todo. Un 'paraíso solidario' en el que algunos colectivos serán como sectas a las que habrá que seguir maldiciendo, esta vez, si cabe, con más énfasis.
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