Juanita Ardanza Errasti recibió un sencillo homenaje por parte de los hosteleros de Zarautz durante el Sagardo Eguna de hace unas fechas, en reconocimiento a su trayectoria al frente de los fogones, siempre trabajando en la cocina: en el Marina Txiki primero, luego en el Izaro y ahora, a sus 77 años, sigue ayudando en el Basarri, siempre colaborando con la familia.
-Nacida en Elorrio, ¿cómo llega a Zarautz?
-Así es, soy natural de Elorrio; me casé con 22 años y vine a Zestoa. Mi marido, Manuel Ariznabarreta, era de Placencia y tras cinco años en Zestoa, vinimos a Zarautz, con mis hijos Guillermo y Blanqui. A las 48 años me quedé viuda; tenía una amiga que alquilaba bares y en septiembre de 1983 empezamos en el Marina Txiki; luego, con la experiencia adquirida, cogimos el Izaro y finalmente hace ya unos cuantos años el Basarri.
-Por cierto, es prima del exlehendakari José Antonio Ardanza.
-Estás en lo cierto. Nuestros padres eran hermanos. Mi padre el mayor y José Antonio, de otro de los hermanos.
-Juanita, la hemos conocido toda la vida en la cocina.
-Es lo que sé hacer, hay que echar una mano a la familia.
-¿Qué tipo de cocina presenta a los comensales?
-Siempre cocina casera, es lo que aprendí y he tratado de ofrecer a los clientes que hemos tenido y seguimos atendiendo en nuestra casa.
-Sus pintxos también eran bien apetecibles.
-Sí, la gente ha apreciado mucho mis pintxos, aunque muchas veces te llevas desilusión. Preparas algo nuevo, un pintxo bonito y no sale, y dejas de hacer alguno y es lo que piden. En un establecimiento hostelero, nunca sabes.
-¿Qué recuerda de los tiempos del Marina Txiki?
-En aquellos años recuerdo la lucha con los 'porreros'; me pasaba el día abriendo las ventanas por el humo; ahora se me ríen. Pero tengo recuerdos muy bonitos. De trabajar mucho, pero a gusto.
-Y ¿todavía sigue en activo?
-Vengo todas las mañanas al bar; es lo que he hecho toda la vida, pero ahora de una forma relajada. Acudo al bar, desayuno, leo el periódico, si hace falta hago algún recado y estoy un poco al tanto en la cocina, pero no como antes. Estar activa es lo que te mantiene. Por la tarde, nos juntamos las amigas y vamos al Ba-tzoki a jugar a cartas. En algo hay que entretenerse.
-Los tiempos también han cambiado.
-Antes se alternaba mucho más. Ahora los fines de semana se trabaja bonitamente, pero entre semana ha bajado mucho.
-Y ¿qué me dice del pequeño homenaje que le rindieron los hosteleros de Zurekin?
-Bueno, la nieta me insistió que tenía que acudir y fui al homenaje. Casi les hizo más ilusión a mis amigas, pero bueno, siempre es agradable que se acuerden de una.