Consenso. Es la palabra más pronunciada ayer por Iñigo Urkullu tras su almuerzo con el presidente del Gobierno. Consenso para gestionar el final definitivo de la violencia, para salir reforzados de la crisis económica y para conducir a Euskadi hacia un nuevo estatus jurídico-político. Son los tres asuntos que centraron el primer encuentro oficial entre el dirigente nacionalista y Mariano Rajoy como presidente del Gobierno, y que sirvió, sobre todo, para afianzar la confianza y la disposición a colaborar de ambos. La primera materia en la que acordaron seguir trabajando de forma «discreta» es en la pacificación. Urkullu se ofreció al líder del Ejecutivo para impulsar un gran acuerdo político, tanto en Euskadi como a nivel estatal, que «facilite» al líder del PP la toma de decisiones en este asunto.
El ofrecimiento del PNV responde a una evidencia que, en su opinión, puede condicionar a Rajoy a la hora de dar pasos adelante por ejemplo en materia de política penitenciaria, donde algunos colectivos de víctimas o algunos medios de comunicación ejercen «presión» al presidente. Urkullu cree que es el propio Rajoy quien debe y puede «desactivar» dichas corrientes de opinión si decide, como así le reclamó ayer el dirigente nacionalista y el pasado viernes el lehendakari Patxi López, acordar medidas referidas al acercamiento de presos o a la progresión de grado para reclusos de ETA que hayan cumplido las tres cuartas partes de la condena. Todo dentro de la legislación actual, como defienden los tres partidos.
Urkullu, en una comparecencia pública después de las dos horas y cuarto de reunión en La Moncloa, explicó, sin entrar en detalles, las líneas maestras por las que transcurrió la conversación y aseguró que Rajoy se mostró «receptivo» a sus planteamientos sobre el afianzamiento de la paz y el avance hacia la normalización. El líder jeltzale no quiso concretar más la respuesta concreta que le trasladó al presidente sobre su hoja de ruta, o calendario, en este asunto, pero, según confirmó este periódico, Urkullu sí acordó «un espacio de trabajo discreto» que permita aprovechar la oportunidad histórica para «cerrar» definitivamente «la página negra del terrorismo» y abrir «la blanca de la concordia». «Tengo la esperanza de que Rajoy sepa gestionar sus propios tiempos», confió el líder nacionalista, quien abandonó la reunión con el convencimiento, como intuía, de que el PP no obstaculizará el desarrollo de este nuevo tiempo sin ETA.
El PNV, además, tiene claro, y así se lo trasladó a su interlocutor, que Rajoy puede contar con el mayor aval político posible para poner el broche final a la violencia. Urkullu ve factible alcanzar un gran consenso en Euskadi, con la participación de la izquierda abertzale, que sirva de soporte a otro acuerdo a nivel nacional entre la mayoría de partidos del Congreso, y que conjuntamente ofrezcan su respaldo a la política con «altura de miras» que está dispuesto a realizar Rajoy. «El presidente contaría con mucho más apoyo que el que el tuvo Zapatero, por la falta de respaldo precisamente del PP», constataron fuentes conocedoras del encuentro.
Urkullu explicó que su disposición a colaborar con el Gobierno del PP es la misma que ofreció al presidente del Ejecutivo anterior, e indicó que pese a que Rajoy no se ha pronunciado públicamente sobre la pacificación, ayer sí le expresó su «compromiso y dedicación» para acometer con «cautela» giros en la política penitenciaria actual.
Tregua y cese definitivo
La aceptación ayer por parte del ministro del Interior de posibles beneficios a los presos que se desmarquen de la violencia y pidan perdón a las víctimas fue el primer síntoma de esa leve apertura en la política de los populares. Pero, según constató Urkullu en su comparecencia, otro estadio del que no hablaron en su charla sería la apertura de un diálogo directo con ETA. A este respecto, el líder jeltzale indicó que le parecería «normal» que existiera ese contacto y, de hecho, planteó «por qué no se puede hablar con ETA en tiempo de cese definitivo de la acción armada cuando fue posible hablar en tiempos de tregua», como en 1996.
Urkullu se dirigió, por otra parte, a la organización armada y a la izquierda abertzale para reclamar su parte de responsabilidad en la gestión de este nuevo tiempo. Así, pidió a ambos que «hagan pedagogía» entre el colectivo de presos y la militancia para que sean conscientes de que la legislación actual solo permite tratamientos individualizados a los reclusos y no amnistías, como han solicitado ambos.
El almuerzo, del que no trascendió el menú, sirvió también al líder jeltzale para hablar de economía y para explicar al presidente su propuesta para alcanzar la nación vasca. Urkullu planteó también como premisa de este último objetivo el consenso, un acuerdo de «todas las sensibilidades políticas», cuando la izquierda abertzale regrese al Parlamento Vasco, para avanzar hacia un nuevo estatus político para Euskadi.
El líder jeltzale marcó 2015 como el horizonte que el PNV se ha marcado para intentar ese acuerdo que, de lograrse, se llevaría al Congreso para su debate y ratificación desde el respeto «a la mayoría de la Cámara vasca». Sobre este asunto, Urkullu reclamó al jefe del Ejecutivo una interpretación «flexible» de la Constitución y de la disposición adicional Primera que alude a los derechos históricos para hacer viable lo que «decidan los vascos» sobre su futuro, tal y como defienden los nacionalistas en la estrategia política que acaban de aprobar para el próximo cuatrienio. Mientras tanto, el jeltzale instó a cerrar completamente las transferencias del Estatuto de Gernika que quedan pendientes, como intentó con el PSOE. Pero aunque la relación en este caso también es cordial y tiene visos de caminar por la vía del entendimiento, las prioridades y necesidades de apoyo del nuevo Gobierno son distintas, y no parece que Rajoy esté ahora pensando en conceder más autogobierno al País Vasco.