En la carrera por la Casa Blanca no hay piedad. ¿Está preparado EE UU para un presidente mormón? ¿Sería Newt Gingrich un presidente promiscuo por haberse casado tres veces? ¿O Ron Paul demasiado viejo a sus 76 años? La última de esas preguntas crueles le ha tocado a Rick Santorum, ¿padre o presidente? ¿Es mentalmente fuerte para soportar el estrés de la presidencia y el de una hija de tres años que vive acechada por la muerte?
El jueves, durante el último debate de Florida, quienes le conocían observaron un deje de impaciencia impropio de su carácter, como el exabrupto con que atajó el duelo verbal entre los dos favoritos. «Estos dos caballeros nos están distrayendo de los temas importantes con sus mezquindades personales», estalló. «¿Podemos dejar a un lado que Newt (Gingrich) fue miembro del Congreso y utilizó lo que había aprendido para dar consejo a varias empresas, que no es lo peor del mundo, y que Mitt Romney es un tipo rico porque ha trabajado duro y va a seguir haciéndolo? Y vosotros, ¡dejad eso a un lado y centraos en los temas, tíos!», les amonestó.
Ese día Santorum tenía en su vida cosas más importantes que las discusiones entre Gingrich y Romney. A la audiencia republicana que busca un hombre cabreado para plantar cara a Barack Obama en noviembre le gustó el arrebato. Los analistas concluyeron que fue uno de sus mejores debates y a muchos se les pasó que su esposa no estaba presente. «Está haciendo lo que mejor hace, ser madre», la disculpó. Poco después reveló que ayer no estaría en Florida esperando los resultados de una de las primarias más decisivas de la temporada. Ni siquiera hizo campaña el fin de semana. Plantó todo y cogió un avión de vuelta a casa para pasar la noche en el hospital junto a Isabella Maria, la pequeña con síndrome de Edwards. Una pulmonía doble la había puesto al borde de la muerte.
A los cinco días de nacer, los médicos informaron al matrimonio Santorum que la octava de sus hijos viviría horas o días. Hoy tiene más de tres años. Solo el 10% de los niños pasan del primero y suelen ser aquellos casos en los que padres acaudalados con buenos seguros médicos se niegan a dejarlos marchar y los someten a todas las intervenciones posibles que prolonguen su vida. Los Santorum incluso se llevaron a casa el cadáver de otro de sus hijos que murió a las pocas horas de nacer. Lo bautizaron como Gabriel y se lo presentaron a sus hermanos antes de enterrarlo.
Sin intención de retirarse
El candidato más conservador de la campaña suele reservarse la historia de Bella para los mítines de domingos en las iglesias evangélicas, donde se ha convertido en el favorito por su extrema defensa de la vida. Nadie duda de que su slogan de 'Fe, familia y libertad' responde a sus principios personales y falta ver cómo reaccionaría esa audiencia si decide abandonar la campaña y remitir sus votantes a Newt Gingrich, como busca este.
El exsenador de Pensilvania insiste en que no tiene ninguna intención de retirarse. Las encuestas de Florida le situaban ayer tercero en un Estado donde no se reparten delegados, sino que el ganador se lo lleva todo. Tal vez por eso decidió el lunes saltarse esa etapa que daba por perdida y volver al trabajo en Estados como Missouri, Colorado y Nevada, donde se seguirá dirimiendo la contienda bajo prismas religiosos más estrechos. «Le estaría fallando a Bella como padre si no estuviera ahí fuera defendiendo el derecho a la vida de otros niños como ella», explicó.
El defecto genético en el cromosoma 18 que da nombre a la enfermedad de su hija es fácilmente detectable durante el embarazo, cuando la mitad de quienes lo descubren eligen terminar el proceso. Santorum está dispuesto a rentabilizar la tortuosa vida de su pequeña como prueba irrefutable de su postura antiabortista, que en las pasadas elecciones generales influyó en el voto del 30% de los estadounidenses.