En la música -concretamente en la ópera- como en otras muchas situaciones de la vida del ser humano, hay momentos que quedaron grabados en modo perenne en nuestra memoria, y tal así ocurrió aquel 3 de septiembre de 1978, cuando esta misma ópera, en el viejo e incómodo Coliseo Albia bilbaíno, tuvo un elenco de gloria con las voces de Gulín, Pavarotti, Zancanaro, Giaiotti y Furlanetto. Viejas añoranzas, hermosas en sí mismas, que han vuelto 34 años después al escuchar y ver el mismo título en el moderno y suntuoso Euskalduna. Aún guardo las entradas, como reliquia viva.
Pido disculpas por la petulancia de traer aquí tal recuerdo privado, y adentrémonos en valorar a esta 'Luisa Miller' como parte del entramado del 'Tutto Verdi' de la Abao, en este año de negras perspectivas para la cultura y los bolsillos.
De bueno y equilibrado puede reputarse el elenco de voces que en esta ocasión ha representado esta ópera verdiana. La italiana Cedolins hizo una Luisa poderosa en el canto y en el estilo de su tesitura, a la que adornó con estupendos momentos, gracias a su depurada técnica en su canto a media voz, excelentemente proyectado, y con rica emisión de filados. Sorprendió la calidad sonora del tenor Sartori con un timbre lírico spinto muy atractivo, cuajado de un colorido sólido y de una dicción muy cuidada, siendo delicioso su canto en legato en la famosa aria 'Quando le sere al placido'. Ha ganado muchos enteros la voz del barítono Rodríguez, con un excelente cuajo verdiano en la zona central, que ha de procurar mantener en la aguda para que no se le desequilibre la tensión de los armónicos y no caiga en un apenas perceptible -aún- vibrato.
Interesante la voz de la mezzo Lanza aunque su cometido no diera para más lucimiento. A Zanellato se le echa en falta una mayor rotundidad en su tesitura de bajo, por contra que a Bou, que hizo un magnífico y muy serio Wurn.
La Sinfónica de Szeged asegura un tono medio más que aceptable, enriquecido por la buena concertación de la batuta de Frizza, pese a que en determinados momentos tapó a los cantantes, cual fue el caso de la citada aria del tenor. El coro estuvo mucho mejor en escena que en los internos, donde anduvo perdido en los tiempos. La producción escénica resultó modesta y muy mediocres las luces.