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«La mirada sistémica incluye al alumno con sus padres y su historia»

ALTO UROLA

«La mirada sistémica incluye al alumno con sus padres y su historia»

Antonia del Castillo Licenciada en Biología y profesora de ESO. Llevará a cabo el taller 'Creatividad en el aula' el sábado a las 10.00 horas en la casa de cultura de Legazpi

26.01.12 - 04:00 -
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Bajo el título «Creatividad en el aula», este sábado por la mañana se llevará a cabo un taller en la Casa de Cultura de Legazpi donde los asistentes podrán buscar la interrelación entre familia y escuela, explorando la creatividad para crear puentes entre ambos. El módulo, dentro del programa de Apoyo a Maestros de Oripavi, lo desarrollará la sevillana Antonia del Castillo, Licenciada en Biología, profesora de Secundaria, con un Master en Pedagogía Sistémica por el Institut Gestalt y el CUDEC de México, entre otros.
-Después de tantos años de docencia, ¿cómo ha afectado a su trabajo la Pedagogía Sistémica?
-La Pedagogía Sistémica me ha dado alas a mi creatividad, ha sido como pisar el acelerador para permitirme crear mis clases cada día con mis alumnos y sorprenderme a la par que puedo sorprenderles a ellos. Estar abierta al fenómeno de cómo están cada día, qué traen y permitirme cambiar el diseño de la clase inspirada por ellos.Y lo más importante: abrir definitivamente mi corazón a los padres de mis alumnos, sin juicio, sin reservas, considerando que son lo más importante en la vida de los chicos. A los padres les pido permiso interiormente y ayuda para enseñar a sus hijos.
-¿Aprecian los chicos la mirada sistémica?
-Por supuesto que sí. La mirada sistémica es una mirada que no juzga y que incluye al alumno con sus padres, su familia, su origen y su historia familiar. Los alumnos agradecen este profundo respeto, aunque no digas nada, ellos perciben cuando un maestro los tiene en cuenta de esta manera. Así, el maestro le abre una puerta al alumno para tomar a sus padres.
-¿Puede dar un ejemplo práctico?
En una ocasión, un alumno se lamentaba en clase de que su padre no le valoraba su esfuerzo porque al haber suspendido dos materias en la primera evaluación, le había dado un ultimátum; si no las superaba lo quitaría de estudiar. Me paré un momento y rechazé un primer impulso de juzgar a ese padre y considerar esa postura demasiado exigente. Internamente me alié con el padre, pues me di cuenta de que él quería lo mejor para su hijo y se lo expresaba a su manera, queriendo provocar en su hijo una reacción, la de demostrarle a su padre que él si iba a poder recuperar y que quería estudiar por encima de todo (este padre no había tenido oportunidad de estudiar y desde los 13 años estaba trabajando). Se lo expresé así a mi alumno, él se emocionó y me lo agradeció y yo sentí que había hecho causa común con el padre por el bien del alumno.
-¿Cómo el maestro puede reforzarse en ser creativo e innovador en la escuela?
-La creatividad es flexibilidad y es lo opuesto a la rigidez. A veces, nos exigimos encontrar y dar soluciones a toda la variedad de situaciones que se nos presentan en el aula diariamente y si no las resolvemos todas, nos cuestionamos a nosotros mismos y esto no nos hace sentir bien, así, se convierte en una cadena que va a menos, menos satisfacción y menos soluciones que vamos a encontrar. Yo cambio la frase «qué debería o tendría que hacer» por «qué puedo yo ofrecerles» y simplemente cambia mi estado de ánimo y aparecen soluciones, que la mayoría de las veces son sencillas, humildes y eso si, de gran efectividad. La creatividad, también nace de ocupar mi lugar como maestra en la vida de mis alumnos y esto significa que, no me siento mejor que los padres de mis alumnos y por lo tanto no me creo que voy a hacerlo mejor que ellos. Así, me coloco en una posición de humildad, de servicio, ofreciendo lo que sí está en mi mano, sintiéndome más libre para actuar, poner los límites que ellos necesitan y sin la carga de sostener a los alumnos; confío en que ya lo hacen sus padres y yo colaboro con ellos. Es este cambio de actitud interna el que permite que afloren ideas que convierten una hora de clase en un espacio gratificante y creativo.
-¿Puede contarnos alguna de sus experiencias en la aplicación de la mirada sistémica en el aula o en la escuela?
-Yo soy profesora de Biología y la célula es un contenido en los distintos niveles de secundaria y uno de mis preferidos. La célula es un sistema vivo que, como tal, tiene sus reglas, igualmente nuestro organismo formado por 50 billones de ellas, funciona con las mismas reglas, las cuales, como si de un fractal se tratara, son equivalentes a las leyes que rigen los sistemas humanos y a cómo nos relacionamos con los demás. Pues bien, estas reglas o leyes tienen su equivalencia con los órdenes del amor propuestos por Bert Hellinger y en los que se basa la pedagogía sistémica.Entonces, mi didáctica va encaminada a que los alumnos consideren a la célula como una maestra de vida, que nos muestra por ejemplo que la cooperación es la única manera que la naturaleza ha encontrado para que las especies y los individuos sobrevivan. De esta manera, la estructura o el funcionamiento de una célula o un conjunto de células tendrá otro sentido y significado que la mera descripción y memorización de la misma, pues le habrá enseñado algo valioso para su vida.
-Y, ¿en una clase de tutoría?
Podría contaros como en una sesión de tutoría, unas alumnas se quejaron de la profesora de Lengua diciéndome que no les resultaba nada simpática y sobre todo «que era muy sosa». Fue escuchar esta palabra lo que permitió mirar más allá del simple hecho. Les respondí: claro, ¡cómo no va a ser sosa, si se le ha ido la sal de su vida! Se quedaron sorprendidos y conmovidos, se hizo un silencio que todavía hoy recuerdo y me conmueve. A esta profesora se le había muerto hacía cinco meses su único hijo de 7 años después de una larga enfermedad. Se acababa de incorporar. Les comenté lo que significaba esta pérdida para una madre y el gran esfuerzo que la profesora estaba realizando por seguir adelante, enfrentándose día a día con sus alumnos, dándose cuenta que su hijo nunca llegaría a esa edad. Que se dieran cuenta que, en cierta forma eran privilegiados de poder ayudar a su profesora y que esto era un aprendizaje para su vida, pues les exigía valor para estar al lado del dolor de una persona. Esto permitió que varios alumnos pudieran expresar sus sentimientos por la pérdida de sus seres queridos, como un hermano, un padre. Al cabo de unos días, las alumnas me dieron las gracias y comentaron que la profesora había cambiado o mejor dicho, ellas ya la veían como un ser humano.
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Antonia del Castillo. Bióloga y profesora de secundaria. :: A.C.

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