ETA cometió a comienzos de 2010 un atraco en Francia, que no había transcendido hasta la fecha, dos meses antes de matar a las afueras de París al brigadier-jefe Jean-Serge Nérin, último asesinato de su historial criminal. El ignorado robo a mano armado fue perpetrado en un pequeño comercio del que un comando se llevó una troqueladora y gran cantidad de placas de matrícula. En el lugar de los hechos fue identificado el ADN de Ibon Goieaskoetxea 'Emil', considerado el entonces jefe del aparato militar.
Según documentos judiciales consultados por este periódico, el asalto se produjo el 28 de enero de 2010 en Mirebeau (departamento de Vienne), una localidad de 2.250 habitantes situada a 30 kilómetros al norte de Poitiers. Dos encapuchados irrumpieron en la zapatería 'Cordonnerie Dubois', enclavada en el barrio de los artesanos, intimidaron con sus armas al propietario y lo maniataron. Acto seguido se apoderaron de una troqueladora, de los moldes para componer matrículas y de varios lotes de placas en blanco.
Una parte del botín apareció cuatro meses después, el 26 de mayo, en un zulo de ETA descubierto en Lambesc (Delta del Ródano), a 50 kilómetros al norte de Marsella. El hallazgo del escondite en este turístico municipio provenzal de 743 habitantes tampoco había sido dado a conocer por las autoridades.
Los especialistas de la Policía Técnica y Científica aislaron la huella genética de Ibon Goieskaoetxea en una de las ligaduras utilizadas para atar a la víctima. 'Emil' fue detenido el 28 de febrero, justo un mes después del atraco, en la localidad normanda de Cahan (Orne) en compañía de Beñat Aginagalde y José Lorenzo Ayestarán.
También en los coches
El rastro de Goieskaoetxea también fue detectado en un par de coches empleados por el comando que se enfrentó a tiros a la patrulla mandada por Nérin, el 16 de marzo de aquel año en Villiers-en-Bière (Sena y Marne). Tres huellas fueron identificadas en un libro hallado en el Peugeot-307 abandonado por los agresores, que había sido robado el 16 de febrero en Lurcy-Levis (Allier). Otras cuatro aparecieron en dos carpetas con mapas de carreteras que se encontraron en un Renault Laguna, uno de los cinco automóviles que acababan de robar a mano armada en un garaje cercano.
Aquel atraco, frustrado por el tiroteo mortal, fue la antesala de la última operación de comando ejecutada por ETA antes del anuncio oficial del cese definitivo de la actividad armada. Ocurrió hace poco más de un año, el 20 de diciembre de 2010, en la localidad de Bourg de Péage (Drôme), a un centenar de kilómetros al sur de Lyón. Hacia las nueve de la noche de aquel día dos hombres y una mujer, encapuchados, con guantes y vestidos de negro, asaltaron la empresa Impuls-France, especializada en informática de vanguardia y distribuidora de productos de identificación automática.
Entre el material sustraído, valorado en 35.700 euros, había 23.000 soportes plásticos idóneos para la fabricación de otras tantos documentos dotados con modernos dispositivos de seguridad. Además de cartuchos, cintas y programas informáticas para formatear las falsificaciones, los ladrones se llevaron una veintena de impresoras de alta definición capaces de imitar credenciales, carnés y tarjetas bancarias.
Algunos de los modelos robados son utilizados por el departamento de Defensa de Estados Unidos para insertar hologramas de seguridad, por el Gobierno de Marruecos para confeccionar el carné profesional de su Policía y por las autoridades de Panamá para elaborar el documento nacional de identidad. Otros tipos de impresora sirven para fabricar permisos de conducir, tarjetas de crédito y sanitarias así como las cédulas identificativas de guardas jurados, transportistas de fondos o vigilantes de aeropuertos.
Fue el apetitoso botín para el crimen organizado, la mafia o el terrorismo del último atraco de ETA, el tercero cometido en Francia en 2010. Y no el segundo, como hasta ahora se creía, de aquel año.